¿Quieres innovar? Copia

Ideas disruptivas, fuentes conocidas

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“El artista mediocre copia, el genio roba” Esta cita se atribuye a Picasso pero parece no ser de él, sino estar basada en esta otra de Oscar Wilde: “El talentoso toma prestado, pero el genio roba”. Y esta última tampoco parece ser de su autoría, sino que proviene de una sabiduría popular aún más antigua: “El sabio crea, el genio copia y el mediocre imita”. Es decir, las propias citas que hablan del acto de copiar parecen estar copiadas unas de otras…

Dejando a un lado las citas históricas, si hablamos de copiar, la primera empresa mundial de redes sociales —Facebook—, con 1600 millones de usuarios y una de las cinco primeras compañías en capitalización bursátil en el S&P 500, puede ser un buen ejemplo. Su botón emblema de Like fue tomado de FriendFeed, empresa creada en 2007 que adquirió posteriormente en 2009.

Cuando las aplicaciones de mensajería one-to-one empezaron a despegar, Facebook lanzó Messenger. Su último asalto ha sido Snapchat Stories, que muestra fotos con una caducidad de 24 horas. En este caso, Facebook no hizo ningún esfuerzo para ocultar su trabajo. Básicamente, copió el concepto de Snapchat, utilizando incluso el mismo nombre en la presentación de su Instagram Stories a principios de 2016.

Y como respuesta a la explosión de YouTube y el éxito de las aplicaciones de streaming Periscope, Snapchat e Instagram, Facebook lanzó su plataforma Live, que actualmente registra ocho millones de reproducciones al día.

¿Inmoral o brillante? Una y otra vez, Facebook ha absorbido características de sus competidores y las ha hecho más grandes, mejores y accesibles a un público más amplio. Lejos de ser un crimen, este acto de copiar, cuando se hace correctamente, representa una poderosa, y muy a menudo malentendida, estrategia empresarial.

Lejos de ser un crimen, copiar representa una poderosa estrategia empresarial

El genio de Steve Jobs

Si aún crees que el iPad fue un invento del genial Steve Jobs, te invito a que busques en YouTube el video Tablet newspaper 1994, en el que la empresa Knight Ridder describe su prototipo de tablet. Esta empresa no lo fabricó porque que las pantallas consumían demasiada energía, la batería apenas duraba y los dispositivos eran demasiado pesados.

Steve Jobs consiguió identificar ese embrión como una idea muy atractiva en términos de usabilidad y sencillez, y plasmarlo en un producto funcional. Revolucionó el mercado de la tecnología 15 años más tarde a través del iPhone y posteriormente a través del iPad. Un dispositivo que fue definido por Jobs como “coger Internet con las manos”.

Internet en sí mismo puede considerarse como el resultado del desarrollo y la innovación distribuida. Más allá de lo que encierra el open source, la tecnología ha ido evolucionando de forma tan rápida debido precisamente a la cultura de la imitación que irrumpió de forma evidente en esta industria.

Imitación, innovación

¿Por qué la imitación es tan poderosa para la innovación? Considerémoslo desde la perspectiva de la empresa que copia. En primer lugar, la copia reduce radicalmente los costos de desarrollo y tiene la garantía de que el producto se ajusta a una demanda del mercado. Siguiendo con el ejemplo de Facebook, sabe que Instagram Stories es un producto viable porque Snapchat ya ha hecho el esfuerzo de demostrar que existe una demanda. Por decirlo de otra manera: la imitación es más sencilla, barata y efectiva.

Pero los beneficios no terminan ahí. Los imitadores siempre ponen su impronta, desde lo más sofisticado hasta lo más simple. Volviendo al concepto de Stories, Snapchat tiene alrededor de 100 millones de usuarios diarios, la mayoría de ellos adolescentes. Instagram, por el contrario, cuenta con 300 millones de usuarios diarios y con un público más heterogéneo en edad.

Facebook también ha democratizado la tecnología de Stories, haciéndola más intuitiva y fácil de usar que la incómoda interfaz de Snapchat. Y puede aprovechar de forma instantánea una red de personas con las que compartir. De manera rotunda, Facebook ya ha hecho que Stories sea mejor y más útil para más personas: innovación.

Los usuarios finales son los beneficiarios naturales de la imitación. El resultado es casi siempre más funcionalidad y, en general, más valor a un precio más bajo. Tener un monopolio beneficia a la afortunada compañía que lo posee, pero, para el resto de nosotros, el acceso distribuido aporta mucho más valor.

No es la idea, es la ejecución de la idea lo que realmente importa

¿Qué hay del imitado?

El papel de la compañía que hizo todo el trabajo puede ser duro. Llegar a una idea original y llevarla al mercado… solo para que se la arrebaten. Meses o años de trabajo para obtener una ventaja competitiva que, de repente, parecen resultar en balde.

Pero el hecho de ser copiado puede aportar ventajas superiores a los daños que genera, especialmente en sectores incipientes, donde la tecnología es nueva y todavía no hay una masa crítica. Este hecho puede ser crucial para adquirir una relevancia tecnológica. Los imitadores pueden ayudar a crear conciencia sobre el producto o servicio y favorecer a la industria.

Hace apenas unos meses, por ejemplo, Snapchat Stories era una característica de nicho en una red de nichos. Ahora, el mundo sabe que existe y que Snapchat es uno de los principales actores. “Una marea creciente eleva todos los barcos”, podríamos decir.

Hay otro beneficio para el imitado: la urgencia. El hecho inevitable de que tus mejores ideas pronto serán copiadas propicia que no te duermas en los laureles. En lugar de observar de forma complaciente tu posición predominante en el mercado, uno se ve obligado a mejorar continuamente. Apremiado por sus imitadores, un buen negocio tiene el potencial de convertirse en excelente, para innovar así más lejos y más rápidamente que nunca.

El estilo

Hay, por supuesto, límites e inconvenientes a la imitación. Llevada a extremos, la copia despiadada puede desincentivar la creatividad. ¿Por qué invertir dinero y energía en algo nuevo que un competidor va a robar de forma casi inmediata? Las empresas que se enganchan a esta práctica de la “cómoda” imitación pueden acabar matando su propia capacidad de generar nuevas ideas.

Al final, la única protección real es lo único que no se puede copiar: el estilo, el alma que se aplica a la creatividad. En este sentido, no es la idea, es la ejecución de la idea lo que realmente importa.

Por ejemplo, todos hemos visto decenas de anuncios publicitarios sobre valores universales como fraternidad, concordia, compañerismo… Sin embargo, podemos distinguir cuál de esos anuncios es de una conocida marca de refrescos azucarados.

Siguiendo esta línea, el genio es como un niño que realiza una manualidad en el colegio pegando bolitas en una cartulina para formar la frase “Mamá, te quiero”. Al niño le importa poco si sus compañeros han escrito también “Mamá, te quiero” en otras cartulinas. El niño hace una pieza única para una madre única. En esas bolitas está el alma del niño; la madre lo sabe… y así lo percibe.