En el mundo del venture capital la regla general es invertir en diez empresas con futuro, de las cuales, con suerte, dos prosperarán. Masayoshi Son parece no respetar esa convención y triplica el porcentaje desde que tenía diecinueve años. Y de eso hace casi cincuenta…
Lo que convierte a los ordenadores en extraordinariamente útiles no es el hardware, sino el software. Esto, que en nuestros días resulta evidente, no siempre lo ha sido, y quienes primero lo comprendieron acabaron triunfando. Es lo que sucedió con Gates, Jobs y otros que vieron que el verdadero negocio estaba en resolver los problemas de los clientes mediante software.
A este grupo de visionarios pertenece Masayoshi Son, un coreano naturalizado japonés que vislumbró el potencial del software en los años ochenta, cuando este se producía en “factorías” que no eran sino pequeñas empresas con un puñado de empleados. Son cambió esa dinámica y, con SoftBank, consiguió crear un imperio a base de decisiones arriesgadas, valor y una personalidad arrolladora.
Inversor y emprendedor
A Son el espíritu emprendedor le venía de casta: su padre criaba cerdos y gallinas en un terreno propiedad de los ferrocarriles japoneses; más tarde se dedicó al negocio de la venta de sake. Tuvo mucho éxito y elevó el nivel social de la familia.
El joven Son, inquieto como su progenitor, muy pronto buscó otros caminos. Consiguió entrevistarse con el fundador de McDonald’s Japón, Den Fujita, quien le aconsejó que estudiara inglés e informática en los EEUU. Con solo dieciséis años se instaló en California y, mientras estudiaba Económicas e Informática en Berkeley, creó un traductor electrónico que vendió a Sharp por 1,7 millones de dólares. Un beneficio similar consiguió importando máquinas de videojuegos desde Japón. En ese sector siguió tras acabar la carrera de Económicas; fundó una empresa de videojuegos llamada Unison World, que vendió por dos millones de dólares. Como puede verse, el espíritu inversor es parte de su naturaleza.
SoftBank
Pero no nos adelantemos y regresemos al momento en que finaliza sus estudios. Con el título en la mano y la certeza de querer crear su propio negocio, volvió a Japón. Le faltaba, sin embargo, un detalle: decidir en qué iba a consistir ese negocio. Se pasó un año y medio evaluando posibilidades y finalmente optó por el desarrollo de software. Así nació SoftBank.
En una época en que apenas había PC, y mucho menos software, Masayoshi vio el potencial y decidió apostar por él. Gracias a su personalidad y a una fe absoluta en el futuro del sector, en un año pasó de 10.000 dólares mensuales en ventas a 2,3 millones. Además, convenció a los mayores distribuidores de electrónica y hardware de Japón de la importancia del software. Tan persuadidos quedaron que en tan solo diez años pasó de tener doscientos distribuidores a más de 15.000. Hoy, SoftBank cuenta con más de 65.000 empleados y una capitalización de casi cien mil millones de dólares.
“La mejor oportunidad para el retorno de inversión es la revolución de la información”
— Masayoshi Son
La visión de futuro de Son se manifestó de nuevo a mediados de los 90, cuando invirtió en Yahoo! y en Apple justo antes de que despegaran y se convirtieran en los gigantes que son ahora. Poco después, en el año 2000, invirtió veinte millones de dólares en Alibaba, que han crecido hasta convertirse en el 27% de las acciones de la compañía, valoradas en 132.000 millones.
Stargate
Stargate ha sido el título de una película, una serie de televisión e incluso un oscuro proyecto psíquico de la CIA. Hoy lo escuchamos de nuevo, esta vez dando nombre a una iniciativa del recién constituido gobierno norteamericano, que, liderado por Donald Trump, busca retener el liderazgo en inteligencia artificial, campo al que los chinos le han echado un ojo desde hace tiempo.
Una especie de consorcio formado por OpenAI, Oracle, SoftBank y MGX ha anunciado recientemente que va a invertir 500.000 millones de dólares en el desarrollo de IA en los próximos cinco años. Por el momento, según declaraciones propias, ya disponen de 100.000 millones con los que comenzar. Elon Musk, sin embargo, dentro de su enfrentamiento permanente con Sam Altman, publicó en X que esa cifra no es verdad y que solo tienen 10.000 millones. Altman se rio del tuit y asegura que el dinero está disponible.
A juzgar por la capacidad financiera de SoftBank y MGX (inversores tecnológicos de los Emiratos Árabes) todo parece posible, pero habrá que ver qué nos deparan los próximos meses. Sea como fuere, el Gobierno de los EEUU le ha visto las orejas al lobo (chino) y está acelerando para no perder el tren de la tecnología más importante de la década (y probablemente del siglo). De modo que Stargate se puede convertir en el mayor legado de Masayoshi Son.
































