Según IDC, para el año 2022, las cuatro “megaplataformas” de la nube albergarán el 80% de los despliegues en entornos de infraestructura como servicio y plataforma como servicio (IaaS/PaaS). Para el 2024, el 90% de las grandes organizaciones tratarán de evitar el vendor lock-in, por el uso de las capacidades nativas de estos grandes hyperscalers, adoptando tecnologías y herramientas de nube híbrida y multicloud.

A finales de 2014 Gartner y MckInsey introdujeron el concepto Bimodal IT, mediante el que se describe un escenario de dos velocidades en el ámbito de la TI de las organizaciones con el que dar respuesta a los nuevos modelos digitales. Por un lado, se encontraban los sistemas legacy (con modelos waterfall) y las tecnologías mainframe (robustez y la fiabilidad) que se encargan del core de negocio.

La segunda velocidad, o el modo 2, está más ligada con el uso metodologías ágiles y con los modelos en la nube, en el que prima la innovación, el time-to-market y la posibilidad de pivotar en ciclos cortos y flexibles para adaptarse a los constantes cambios que se demandan desde Negocio.

La arquitectura híbrida es una realidad en las empresas digitales, y una tendencia para el resto de las organizaciones

Este es un modelo que busca ayudar a las organizaciones más tradicionales, aquellas que no han nacido en la nube, a competir con las empresas nativas digitales. Pero para ello es importante ir avanzando hacia estos modelos híbridos o en la nube, y conectar ese modo 2 con el resto de los sistemas, garantizando tanto la calidad de la información como la estandarización de todos los procesos, buscando siempre la eficiencia en costes, la calidad y el cumplimiento normativo.

Arquitectura híbrida

Se trata de pasar a un modelo híbrido aprovechando el potencial que propone el multicloud sin perder de vista cómo integrarlo en nuestro ecosistema actual. Ese es el objetivo: ser capaces de sacar partido de todos estos modelos de innovación (en cuanto a flexibilidad, agilidad, contenerización o las nuevas funcionalidades del escenario digital) al tiempo que se mantiene la eficiencia y la estandarización que caracterizan a los sistemas más tradicionales.

Para ello, resulta una buena práctica la posibilidad de disponer de un portfolio e infraestructura híbridos, siempre que sea posible ofrecerlo de una forma digital. Este portfolio ha de incluir infraestructura y plataforma como servicio (IaaS y PaaS). Esto permitirá optimizar los costes, mejorar la eficiencia y, sobre todo, disminuir los tiempos de puesta en producción, es decir, desde que se plantea el producto hasta que se pone en marcha.

Este modelo requiere contar con una adecuada gestión de la seguridad habilitada en todos los entornos, ya sean púbicos o privados

Esta arquitectura híbrida es una realidad en las denominadas empresas digitales, y es también una tendencia creciente para el resto de las organizaciones. Para ponerla en marcha es importante tomar varios puntos en consideración:

  • Centrarse en el dato. Contar con una plataforma que permita gestionar y tratar el dato de una manera consistente e integrada a lo largo de toda la organización, independientemente de si se encuentra en on-premise, en una nube pública o privada; que sea posible activarlo como, donde y cuando sea necesario.
  • Gestión integrada y seguridad. Todo debe estar garantizado y asegurado, lo que requiere contar con una adecuada gestión de la seguridad —habilitada en todos los entornos, ya sean púbicos o privados— que facilite un control y una visibilidad completos y eficientes, y conforme a la normativa y estándares de seguridad.
  • Identidad común. Se trata de hacer consistente la experiencia de usuario y proteger los activos de la organización. De hecho, cada vez más se demandan un sistema de single sign-on para que el acceso a los documentos, los objetos y las aplicaciones sea flexible, pero, al mismo tiempo, permita el necesario control y el cumplimiento de la normativa en cualquiera de los ambientes.
  • Integración y flujo continuo. Es importante contar con un espacio común para el ámbito de desarrollo y el de puesta en producción de aplicaciones, facilitando que pueda hacerse de manera ágil y continua en cualquiera de los entornos (público o privado). Por ejemplo, Netflix lleva diariamente a producción cerca de mil funcionalidades nuevas. No existe un “paso a producción”, sino que es algo que se hace de manera continua a través de un ciclo completo de puesta en producción que incluye los test, pruebas, etc.

Metodología

Para que este escenario de arquitectura sea una realidad hay que plantear la base desde la que se inicia ese viaje, ver dónde están las organizaciones (en un modelo híbrido o multicloud) y cómo orquestar e integrar ese viaje. Para ello, habrá que marcar una estrategia y unos objetivos, junto a una serie de criterios que es necesario considerar: tipo de carga a la que debe ir cada aplicación y qué arquitectura se requiere para ello, si es adecuado desde un punto de vista financiero, los riesgos que puede suponer a nivel operativo, los aspectos que hay que tener en cuenta en cuanto a seguridad o las posibles dificultades derivadas de la implementación.

El modelo FaaS (Function as a Service) permite centrarse en el código y no tanto en la infraestructura

En función de este análisis, y habiendo analizado las distintas aplicaciones, se pueden plantear diferentes estrategias.

  • El primer escenario sería quedarse tal cual, si se descubre que los costes se disparan o que no hay un retorno claro que justifique ese paso a la nube.
  • Otra alternativa sería una migración de tipo lift & shift, haciendo un rehosting de las aplicaciones existentes, sin cambios, hacia un modelo IaaS. En este paso, todavía no es necesario realizar cambios en las aplicaciones o las bases de datos. Sería solo un paso de carga.
  • El siguiente nivel requeriría modernizar las aplicaciones apoyándose en un modelo PaaS. Aquí sí es necesario optimizar también las bases de datos y las arquitecturas para aprovechar todas las posibilidades que ofrecen los microservicios y la contenerización de aplicaciones. Esto, lógicamente, permite alcanzar mayores niveles de escalabilidad o resiliencia, pero también supone realizar cambios importantes desde el punto de vista de la arquitectura de la aplicación.

En este caso, el modelo FaaS (Function as a Service) permite centrarse en el código y no tanto en la infraestructura, pagando solo aquello que se está utilizando de verdad y solo el tiempo requerido. Esto implica repensar el código y la arquitectura de una manera distinta.

Por último, hablamos de sustituir alguna de las aplicaciones existentes por otras que ya están en el mercado, y que permiten contar con determinadas funcionalidades en muy poco tiempo. Para optar por un modelo SaaS es importante tener en cuenta las funcionalidades frente al coste, pero también incluir el valor que aporta la velocidad de implantación.

Actualmente, más del 60% de las empresas ya trabajan en un entorno IaaS multicloud, aunque el nivel de integración todavía no es el adecuado. En este sentido, el uso de diversas tecnologías facilita el punto de partida para este modelo distribuido: cloud management platform (CMP) para crear una capa de abstracción y una gestión y acceso común a los recursos; infrastructure as a code (IaaC) para utilizar los recursos de la nube como parte de la aplicación; o abstracciones cloud native a través de Kubernetes, que facilita una plataforma que abstrae los componentes al desarrollador.