La banca española entra en una nueva fase en la que el verdadero diferencial ya no está en los canales digitales, sino en la modernización del core. Convertirlo en una plataforma flexible de orquestación permite innovar rápido, conectarse a nuevos ecosistemas, cumplir con la regulación y monetizar mejor la infraestructura existente.

El sector financiero español vive una nueva fase de transformación que va mucho más allá de la digitalización de canales o la mejora de la experiencia de cliente. Durante años, la banca ha avanzado con éxito en estos ámbitos, consolidando una posición de liderazgo en Europa en términos de innovación y adopción tecnológica. Sin embargo, el verdadero reto actual no está en la superficie, sino en el corazón del sistema: el core.

Ahí es donde se juega el futuro de la competitividad. Porque ya no basta con ser eficiente o digital. Hoy, las entidades necesitan ser capaces de innovar con rapidez, conectarse a nuevos ecosistemas, cumplir con un entorno regulatorio cada vez más exigente y, al mismo tiempo, generar nuevas fuentes de ingresos sobre infraestructuras que no fueron diseñadas para este nuevo contexto.

En este escenario, el core deja de ser únicamente un sistema de registro para convertirse en un activo estratégico. Y es precisamente en esa transición donde entra en juego DXC CoreIgnite.

Liberar el potencial del core sin sustituirlo

Una de las grandes tensiones históricas de la banca ha sido el equilibrio entre estabilidad e innovación. Los sistemas core son, por definición, infraestructuras críticas sobre las que se soporta toda la operativa de la entidad. Su fiabilidad es incuestionable, pero también lo es su complejidad para evolucionar con la velocidad que exige el mercado actual.

La banca necesita arquitecturas capaces de adaptarse a nuevos modelos sin multiplicar la complejidad tecnológica

DXC CoreIgnite nace con una propuesta clara, permitir modernizar el core sin necesidad de reemplazarlo. Se trata de una plataforma de orquestación cloud native diseñada para conectar sistemas existentes con nuevos ecosistemas fintech, redes de pago, activos digitales y capacidades de embedded finance, entendidas como la integración de servicios financieros dentro de experiencias no financieras, aportando agilidad sin comprometer la estabilidad.

Este enfoque resulta especialmente relevante en el mercado español, donde las entidades han realizado inversiones significativas en sistemas robustos y altamente fiables. La posibilidad de evolucionar esos entornos de forma incremental, sin grandes programas de sustitución, abre una vía mucho más eficiente para acelerar la innovación. 

El contexto exige nuevas respuestas

La necesidad de este tipo de soluciones no es teórica, sino plenamente tangible. El sector financiero europeo se enfrenta a una combinación de presión regulatoria, cambios tecnológicos y nuevas dinámicas competitivas.

Por un lado, la entrada en vigor de DORA refuerza los requisitos en materia de resiliencia operativa digital, obligando a las entidades a elevar sus estándares en gestión de riesgos tecnológicos y proveedores críticos. Por otro, los pagos inmediatos se están consolidando como un estándar, con transferencias disponibles en segundos, en cualquier momento y desde cualquier canal.

A ello se suma el crecimiento del embedded finance, que permite integrar productos financieros en experiencias digitales de terceros y se perfila como una de las grandes oportunidades de crecimiento del sector en Europa en los próximos años.

En este contexto, la banca necesita contar con arquitecturas más flexibles, capaces de adaptarse rápidamente a nuevos modelos sin multiplicar la complejidad tecnológica.

De la integración a la orquestación

El gran cambio que introduce CoreIgnite no es solo tecnológico, sino conceptual. Durante años, la innovación financiera se ha construido a base de integraciones. Cada nuevo servicio implicaba una nueva conexión, un nuevo proveedor y un esfuerzo extra de desarrollo. Este modelo ha demostrado sus límites: genera deuda técnica, ralentiza el lanzamiento de productos y dificulta la escalabilidad.

CoreIgnite propone un enfoque distinto basado en la orquestación. La plataforma actúa como una capa superior que conecta, gestiona y coordina diferentes capacidades desde un único punto, permitiendo a las entidades integrar nuevos servicios de forma más rápida y eficiente. Esto se traduce en una capacidad real para lanzar soluciones en semanas en lugar de meses, activar nuevos modelos de negocio y reducir significativamente la complejidad operativa.

Al mismo tiempo, esta evolución responde a otro de los grandes retos de la transformación financiera: avanzar en innovación sin perder el control. Porque no se trata solo de hacer más, sino de hacerlo mejor, dentro de un marco sólido. En este sentido, el modelo de CoreIgnite busca equilibrar la velocidad de los modelos fintech con el rigor del entorno bancario.

Así, la incorporación de nuevas capacidades no solo se acelera, sino que se produce dentro de un entorno gobernado, alineado con los requisitos regulatorios y preparado para garantizar seguridad y resiliencia. Un equilibrio especialmente crítico en Europa y en España, donde la confianza sigue siendo uno de los principales activos del sistema financiero.

Monetizar el potencial de la infraestructura

Más allá de la eficiencia, el gran valor que aporta esta aproximación se encuentra en la monetización. La banca dispone de activos de enorme valor, cuentas, depósitos, pagos, datos transaccionales, que en muchos casos no están plenamente explotados.

CoreIgnite permite activar ese potencial, facilitando modelos como embedded finance, servicios de financiación integrados, orquestación de pagos o conexión con ecosistemas digitales; todo ello sin necesidad de reconstruir la arquitectura desde cero.

El modelo de CoreIgnite busca equilibrar la velocidad de los modelos fintech con el rigor del entorno bancario

Esto se traduce en la capacidad de lanzar nuevos productos y propuestas de valor con mayor rapidez, integrar partners de forma ágil y responder a la evolución del mercado sin fricciones. Al mismo tiempo, permite aprovechar los activos existentes, extendiendo su vida útil y maximizando el retorno de la inversión mientras se habilitan capacidades que antes requerían transformaciones complejas y de alto riesgo.

El resultado es un cambio profundo en la forma de entender el core. Pasa de ser una infraestructura operativa para convertirse en una plataforma de crecimiento.

Una oportunidad para la banca española

España cuenta con una banca avanzada, digital y con ambición de seguir liderando la transformación en Europa. Sin embargo, el nuevo ciclo competitivo requiere algo más que una evolución incremental, exige repensar el papel del core en el modelo de negocio. DXC CoreIgnite ofrece una vía clara para abordar este desafío, apoyándose en la amplia experiencia de DXC en el sector financiero español en procesos de modernización, transformación y gestión de entornos core críticos.

En resumen, CoreIgnite permite acelerar la transformación sin interrupciones, reducir la complejidad, integrarse en nuevos ecosistemas y, sobre todo, convertir la infraestructura existente en un motor de innovación.

La diferencia ya no está en incorporar más tecnología, sino en cómo el core permite activarla para generar impacto real en el negocio con la velocidad, la resiliencia y la eficiencia que exige el contexto actual, reforzando al mismo tiempo la experiencia de cliente y el cumplimiento regulatorio.

En este escenario, el core deja de percibirse como una limitación y pasa a convertirse en una oportunidad tangible de crecimiento sostenible.

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