En un informe titulado Hacia una nueva normalidad 2021-2030, la publicación The Economist resume en veinte puntos las claves dadas por cincuenta expertos para el año 2021. Varias de esas claves giran en torno a un nuevo renacimiento del ser humano, que toma mayor conciencia en temas de salud y gira hacia una vida más natural, saludable y ética.

Pensando en ética empresarial, recordé esta historia que comparto con ustedes. En uno de mis últimos viajes por Ecuador conocí a un emprendedor que no solo quería hacer el mejor chocolate del mundo, sino el mejor chocolate para el mundo y para todo el mundo. No se trataba de lanzar algo exclusivo y elitista, sino todo lo contrario: ofrecer un producto de máxima calidad al alcance de muchos. Su nombre, Santiago Peralta.

A base de trabajo, hablando el mismo lenguaje que los agricultores y acercándose a los campesinos, hoy en día tiene la confianza de más de 4000 familias, pequeños productores repartidos por Ecuador y Perú, y ha demostrado que juntos pueden cultivar cacao y elaborar el mejor chocolate del mundo, para muchos.

Asumió ese liderazgo y dio voz a los pequeños agricultores. Sentó las bases para convertir al país en productor, iniciando una corriente que muchos otros han seguido después. Pongámonos en contexto. Hasta hace quince años, Ecuador era un mero exportador de la materia prima y solo el 2,5% de la producción mundial es cacao fino, de la máxima calidad, del cual Ecuador atesora el 70%. Santiago quería acabar con ese divorcio entre productor y consumidor. Tenía claro que debía humanizar el cultivo, la producción y su comercialización. Que la ética en las relaciones humanas, procesos y salarios fuesen los justos, no los que dicta el mercado, sería la base de su proyecto.

La ética va mucho más allá de la RSC, debemos incorporarla como un valor intrínseco a las organizaciones

El chocolate con marca PACARI (‘naturaleza’ en quechua) se elabora a partir de ese cacao fino, y atesora desde hace pocos años multitud de galardones. El primero, en 2011, fue un premio a la exportación, pero los que le han dado visibilidad y reconocimiento son los obtenidos en Londres y Nueva York al mejor producto. De hecho, su chocolate en barra ha resultado ganador de 208 premios (International Chocolate Awards) en pugna con gigantes mundiales. ¡David contra Goliats!

Permítanme reflejar en tres anécdotas, que me contaba el propio Santiago, parte de su valor diferencial.

Algunos pequeños agricultores de cacao nunca habían probado una barra de chocolate. ¡No lo creía cuando me lo contaba! De hecho, es un orgullo de pertenencia para el agricultor de la Amazonía no solo acceder al producto final de su trabajo, sino conocerlo, celebrarlo y que lo valoren en mercados tan lejanos como Londres.

Algunos pequeños agricultores de cacao nunca habían probado una barra de chocolate

En Tokio, los consumidores hacían cola para que Santiago les firmara unas barras de su chocolate. El agricultor volvía a ver su trabajo reconocido y valorado.

Por último, durante la actual pandemia se han realizado unas 7000 catas online de chocolate en varios países, porque, ahora más que nunca, cuidarse y mejorar nuestros hábitos de consumo saludable y responsable es un valor buscado.

Según figura en la publicación Ethical Consumer (n.º 188, enero-febrero 2021), la marca PACARI —con 18,5 puntos sobre 20 en ética empresarial— es la primera de una lista de 47 compañías, en la que se valoran una veintena de aspectos relacionados con el medio ambiente, cultivos, animales, personas, políticas y sostenibilidad.

Como lección aprendida, debemos incorporar la ética como valor intrínseco a las organizaciones. Debe estar imbuida en todos los procesos y relaciones de nuestros negocios. No es una moda. Debe ser el valor determinante en empleados, proveedores y clientes.

La ética va mucho más allá de la responsabilidad social corporativa. Afortunadamente, cada día somos más los consumidores que buscamos a las empresas que se lo creen, lo trasmiten y lo aplican de verdad.