¡Menudo lío! Podría escribir esta exclamación y acabar el artículo. Pero sería más friqui que la propia situación que vivimos, que es un simulador de futuro. De un futuro, algunos añadirían, incierto, aunque siempre que leo este adjetivo unido a porvenir me invade la rabia lingüística, porque todo lo futuro es.

Pero me salto a la torera mis normas para decir que sí, que nos encontramos ante la incertidumbre, que no hay visionario de la moda que nos pueda dar una predicción de lo que se avecina, siquiera aproximada, porque todo cambia y hoy lo hace a la velocidad del rayo.

Hay algo, sin embargo, que sí sabemos, y es que existen dos conceptos con los que vamos a tropezar si tanteamos el terreno de la moda: tecnología y sostenibilidad. Además de en términos macro, van a calar hasta el tuétano del micro, porque están presentes, y van a estarlo más aún, en todos los territorios fashion, en toda su cadena de valor, que es larguísima.

Tecnología fashion

Si nos referimos a la tecnología tenemos que comenzar diciendo que su intervención es imprescindible para materializar ese concepto hoy en boca de todos: sostenibilidad.

Estamos en este caso ante una idea que cambia sin parar; de hecho, emplear el término sostenibilidad me parece inadecuado, por manido y obsoleto. Prefiero hablar de criterios ESG (medioambientales, sociales y de gobierno corporativo, por sus siglas en inglés). Lo esencial que la tecnología resulta en todos estos aspectos, especialmente en los medioambientales, se manifiesta de varias formas:

En las plataformas desarrolladas para el reciclaje de prendas. En este ámbito es básica para conseguir un desperdicio cero a través de, por ejemplo, la digitalización de los patrones, lo que implica un mejor aprovechamiento del tejido; pero también gracias a programas de patronaje que podríamos llamar dinámicos, porque reproducen el movimiento del cuerpo y con los que no se genera un vaivén de prototipos.

Hay dos conceptos con los que vamos a tropezar si tanteamos el terreno de la moda: tecnología y sostenibilidad

En los procesos de producción que logran un menor consumo energético, es decir, que trabajan con energías renovables o bien con procedimientos que permiten ahorrar agua y bien reducen la dependencia de la química, de los derivados del petróleo.

En el desarrollo de técnicas alternativas a todos los niveles, por ejemplo en las relacionadas con la base de los tejidos, agrícola y ganadera, desde luego; pero también en las de creación de los propios tejidos, que requieren del desarrollo tecnológico y de la investigación para su concepción, realización y usos.

En el ecodiseño, porque, si hablamos de moda, su concepción es lo primero; en las plataformas de venta de segunda mano; en la innovación de la distribución; en la digitalización de las marcas; en la venta online

El cambio está servido

Todo ello va dirigido a un nuevo ecosistema en el que dos ideas dominan el panorama: cambio de mentalidad y descarbonización. La primera es central en esta evolución permanente. Nada mejorará a no ser que nos empeñemos. Nada. El cambio de hábitos de consumo, de formas de producir y distribuir, de gobernarse y, en suma, de estar en el mundo, solo puede nacer de un cambio individual.

Esta transformación no es responsabilidad de otros: lo es de todos. Y la descarbonización también, porque 2050 y el Net Zero están a la vuelta de la esquina. Por eso es fundamental examinar punto por punto la cadena de valor de la moda y analizar su contribución a la necesaria transición energética. Por eso lo es pensar en pasar de la economía lineal —de extraer, usar y tirar— a la economía circular, de reducir, reciclar y reutilizar.

Es fundamental examinar punto por punto la cadena de valor de la moda y analizar su contribución a la transición energética

En otro orden de cosas, y pasando ya a los valores ESG, en esta nueva película los protagonistas son, tienen que ser, necesariamente, las personas. Se acabó eso de decir que hay que poner la persona en el centro. Hay que pasar a la acción y ponerla, de verdad. Y, por si se nos olvida, nos lo van a recordar las pertenecientes a la generación Z, que no entienden más que de esto, de la relevancia de lo personal, de lo intransferible de la realización personal.

El futuro de la moda

Todo ello está revolucionando —y va a hacerlo más en el futuro, si cabe— el devenir de la economía y, por tanto, también el de la moda. Cada vez son más las personas preocupadas ya no solo por la composición de la ropa que compran, y que apelan a un consumo responsable, sino también las que al adquirir una prenda tienen en cuenta las condiciones en las que esta se ha creado. De ahí, por ejemplo, que el hashtag #whomademyclothes crezca exponencialmente hasta tener más de un millón de seguidores.

Es un hecho que las empresas que no inviertan en tecnología, que no sigan los preceptos que marca esta nueva sostenibilidad holística, que no miren a su alrededor para cuidar a quienes crean las prendas, que no investiguen o, simplemente, que no busquen en territorios que ligan con el legado (como es, por ejemplo, en España, la artesanía); esas empresas, digo, difícilmente sobrevivirán.

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Fashion (R)EvolutionFashion (R)Evolution, publicado por LID Editorial, es un apasionante viaje a través de la moda desde su pasado más reciente hasta el presente, con una visión hacia el futuro próximo, donde destaca como fuerza positiva para el cambio social y medioambiental.
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