En un mundo cada vez más interconectado, el flujo masivo de datos entre la nube pública, las redes periféricas y los dispositivos IoT ha llevado a una creciente dependencia de los servicios en la nube. Sin embargo, esta interrelación plantea desafíos significativos relacionados con el control y la soberanía de los datos.

Kevin CochraneLa gestión de los datos constituye un elemento cada vez más crucial, tanto para las empresas como para los usuarios. En paralelo a esta importancia, aumenta la preocupación por el ritmo de crecimiento de los servicios basados en nubes públicas. Por ejemplo, según un informe de Couchbase, el sector empresarial planea destinar el 31% de su gasto en TI a la nube pública de aquí a 2026.

En este complejísimo escenario, protagonizado por los hiperescalares y también por los proveedores de nube regionales, la cuestión de la soberanía de los datos —en un contexto de cambio regulatorio constante— ocupa un lugar central. Es lógico: si los modelos cloud ganan peso a ritmo vertiginoso, es importante que nos cuestionemos dónde están almacenados nuestros datos y en qué condiciones, así como, por supuesto, quién y cómo los utiliza.

Planteadas todas estas incógnitas, podemos pasar a dimensionar la escasa información que hay al respecto, así como la sensibilidad que rodea a este tema. ¿Estamos realmente preparados para confiar nuestros datos más sensibles a proveedores públicos que podrían estar sujetos a leyes y regulaciones de otros países?

De hecho, según un informa de Accenture, el 50% de los CXO (chief experience officer) europeos identifican la soberanía de los datos como uno de los principales problemas al seleccionar proveedores de servicios en la nube. Además, más de un tercio de los participantes busca trasladar del 25% al 75% de los datos, cargas de trabajo o activos a una nube soberana.

Soberanía, protección y ubicación

En un mundo en el que las regulaciones de privacidad de datos están en constante evolución y las brechas de seguridad son una preocupación omnipresente, las organizaciones deben cuidar proactivamente los datos de sus usuarios y clientes. En esa tarea, la localización de los datos —es decir, la práctica de almacenarlos en ubicaciones geográficas específicas— desempeña un papel protagónico. El motivo de ello resulta evidente: controlar dónde se almacenan y procesan los datos permite cumplir con las regulaciones locales y garantizar la seguridad y privacidad de manera más efectiva.

Para lograrlo, hay que plantearse utilizar soluciones que garanticen el almacenamiento local de los datos, su uso exclusivo para los fines previstos y que no salgan sin autorización de las fronteras nacionales o parámetros del país.

En la localización de datos resulta clave la capacidad para mantener el control
y la soberanía sin sacrificar la escalabilidad ni el alcance global

Garantizar que los datos estén bajo control significa que tanto las organizaciones como los individuos a los que dichos datos pertenecen tengan la capacidad de decidir cómo se utilizan, quién puede acceder a ellos y con qué fines. Esto es esencial para proteger la privacidad y la confidencialidad de la información sensible, así como para cumplir con las regulaciones de protección de datos y privacidad.

Al proteger los datos podemos evitar riesgos como la interceptación no autorizada, el acceso ilegal por parte de terceros y la falta de control sobre el procesamiento de datos en países con regulaciones laxas o incompatibles con las normativas locales. De hecho, la soberanía de los datos asegura que la información esté sujeta a las leyes y regulaciones del país donde residen los usuarios.

Esto es particularmente importante si tenemos en cuenta las diferencias que existen en las normativas de protección de datos entre distintas jurisdicciones. Al garantizar que los datos se almacenen y procesen dentro de las fronteras nacionales, se facilita el cumplimiento normativo y se reduce el riesgo de conflictos legales relacionados con la privacidad y la seguridad.

Esto también permite que gobiernos, empresas e instituciones tengan acceso a la infraestructura esencial de la nube nativa y puedan garantizar, por ejemplo, que sus datos de entrenamiento de inteligencia artificial se rigen por las regulaciones locales.

Escalabilidad de negocios

Un aspecto clave de la localización de datos es la capacidad de mantener el control y la soberanía sobre los datos sin sacrificar la escalabilidad ni el alcance global. Aquí es donde entra en juego la tecnología de la nube y la variedad de opciones que ofrece en función de las necesidades de negocio.

Con el auge de la IA, es cada vez más importante contar con soluciones en la nube capaces de ofrecer un entorno aislado, que se pueda emplear para el despliegue y entrenamiento de modelos de IA y que garantice seguridad, cumplimiento normativo y mantenimiento de alto rendimiento durante picos de carga.

Las regulaciones de privacidad de datos están en constante evolución y las brechas de seguridad son una preocupación omnipresente

Otra posibilidad para conseguir este mismo fin es recurrir a soluciones específicas como, por ejemplo, las CDN (content delivery networks) o redes de distribución de contenidos. Aunque estas dos tecnologías funcionan con principios similares, difieren en sus métodos de entrega de datos. Mientras que la computación en nube se centra en el procesamiento y almacenamiento de datos en servidores centralizados, las CDN optimizan la entrega de contenidos almacenando los datos en servidores situados geográficamente más cerca del usuario final.

Al aprovechar la escalabilidad y fiabilidad de la computación en nube, las CDN de nueva generación pueden acercar los contenidos, lo que permite minimizar la latencia y optimizar la experiencia del usuario en distintas ubicaciones geográficas.

Además, estas CDN mantienen estrictas medidas de seguridad y normas de soberanía de datos. El objetivo es no solo salvaguardar la información sensible de accesos no autorizados, sino también garantizar el cumplimiento de los requisitos normativos. Esto ayuda a mantener la confianza del usuario, protege los datos y mitiga la responsabilidad legal en distintos países.

A la vista de este escenario, es evidente que, a medida que las empresas avancen en sus procesos de transformación digital, se irá acelerando también la convergencia entre la computación en la nube y las CDN.

Como casi todo en esta vida, no hay que ver a la soberanía de los datos como un obstáculo, sino como una oportunidad que permita a las empresas encontrar soluciones innovadoras, flexibles y capaces de ofrecer un equilibrio adecuado entre la protección de los datos y el potencial de escalar un negocio.

Hallar este equilibrio es, sin duda, un desafío complejo, por lo que abordarlo de manera estratégica es esencial para el éxito empresarial en un mundo cada vez más interconectado y frágil en lo que a la privacidad se refiere