Diego FernándezA estas alturas no hace falta destacar el papel que desarrolla la innovación en cualquier empresa. No es solo el área que debe ayudar a innovar a una compañía, es la que dinamiza muchas otras funciones, tales como las relacionadas con la cultura, la tecnología o incluso los modelos de negocio. 

No obstante, muchas empresas tienen que hacer frente a multitud de barreras que influyen negativamente en la innovación e impiden que esta florezca; una de ellas, especialmente importante, es la resistencia cultural. Como dijo en su día Peter Drucker: “La cultura se come a la estrategia para desayunar”.

Salvar este escollo exige accionar diversas palancas, de las cuales el arte de vender la innovación dentro de la compañía resulta clave. Es esencial contar con un liderazgo que crea en estas iniciativas y las promueva y apoye activamente. Para ello es preciso cimentar esta área en una adecuada estrategia de gestión de stakeholders internos, que serán los que ayuden a que las cosas pasen.  

La cultura de la innovación

Si bien la cultura influye significativamente en la capacidad de una empresa para innovar, no es algo que se pueda imponer, más bien se debe construir de la mano de las personas que forman parte de la compañía.

Y no es fácil: se ha de crear un delicado equilibrio top-down y bottom-up que hay que edificar desde los dos lados, orientando e implicando a la alta dirección y generando iniciativas desde abajo que generen cultura en la base. Además, no podemos olvidar a los mandos intermedios, que, al final, serán quienes hagan que las cosas ocurran.  

Es esencial demostrar el impacto directo de la innovación en el rendimiento y la rentabilidad del negocio

El área de innovación debe liderar e impulsar la cultura innovadora de la compañía. En este punto es esencial distinguir entre innovación cultural —cambios superficiales— y cultura innovadora, que es la que se genera cuando la innovación se integra en el ADN de la compañía. Sin duda, las empresas deben esforzarse por cultivar la segunda, donde la innovación no solo se acepta sino que es la norma.  

Por otra parte, la cultura de innovación está inevitablemente ligada a las áreas que se encargan de la cultura empresarial (llámense, RRHH, Cultura, Personas…) y que han de impactar en los modelos de liderazgo y de trabajo de toda la compañía.

No obstante, el área de innovación tiene un rol complementario a dichas áreas, ya que puede vincular enfoques más específicos, centrando su atención en cultivar habilidades relacionadas con la agilidad o el mindset emprendedor; al mismo tiempo, puede dar soporte en la generación de formatos específicos para ayudar a los equipos a practicar la innovación, tales como programas de intrapreneurship, changemakers y otros.  

Propuesta de valor  

Muchas veces son las propias áreas de innovación las que no tienen clara su propuesta de valor. Ello se debe a que, si bien el impulso que las creo fue el de generar innovaciones, con frecuencia estas se reducen a las puramente tecnológicas. La innovación debe ir más allá y estar al servicio del negocio, con iniciativas alineadas con los objetivos estratégicos de la empresa y diseñadas para resolver problemas reales.  

Para lograrlo es necesario que respondan a cuestiones relacionadas con el valor tangible que se generará desde esta área o con qué servicios se ponen a disposición de la empresa para ayudarla a alcanzar sus objetivos. Así es como se convierte en una parte integral de la organización, en lugar de en algo paralelo, aislado… o que pueda ser visto como una moda.   

El área de innovación debe liderar e impulsar la cultura innovadora de la compañía

Es esencial demostrar su impacto directo en el rendimiento y la rentabilidad del negocio. Esto implica principalmente dos cosas: por un lado, establecer métricas claras que midan la efectividad de las iniciativas innovadoras; por otro, comunicar estos resultados en un lenguaje de negocio adaptado a los stakeholders clave. 

Por último, la innovación no debe ser solo responsabilidad del área de innovación: es una cuestión que concierne a toda la compañía y se ha de sistematizar para que no dependa de esfuerzos aislados o de individuos específicos. Solo así nacerá esa cultura innovadora que poco a poco irá permeando toda la organización.