En el marco del 40 aniversario del encuentro de AMETIC en Santander, Diego Solier, ponente principal de la propuesta de Ley CADA en el Parlamento Europeo, analiza el reto crítico de la infraestructura y la soberanía digital europea. Una ponencia clave sobre cómo acelerar la inversión, evitar la sobrerregulación y posicionar a España como el gran centro de datos del continente.

El Encuentro de la Economía Digital y las Telecomunicaciones de AMETIC, celebrado recientemente en Santander, ha alcanzado un hito histórico en su 40 aniversario. Durante cuatro décadas, este foro ha sido el termómetro de la evolución tecnológica en España, reuniendo a líderes sectoriales para debatir el rumbo digital del país.

En esta edición se plantearon muchos debates, alguno de ellos tan pragmático como el futuro de la infraestructura física que sostiene la revolución de la inteligencia artificial. En este escenario de reflexión estratégica, la ponencia de Diego Solier, parlamentario europeo y Lead Rapporteur de la Ley CADA (Cloud and Edge Development Act), aportó la visión de un legislador con un profundo bagaje técnico en el sector privado.

Diego Solier analiza las claves de la soberanía digital y el despliegue acelerado de infraestructuras frente al riesgo de aislamiento

Solier combina la experiencia legislativa con más de veinte años como director de tecnología: «Hasta hace dos años estaba en el otro lado, en el entorno privado. Tengo más de 20 años de experiencia trabajando en mundo tecnológico como director de tecnología y ahora mismo llevo dos años en el Parlamento Europeo».

Esta perspectiva dual le permite abordar la regulación de forma pragmática. Tras ser ponente secundario en el Digital Omnibus y en el Cybersecurity Act (CSado), asume ahora la ponencia principal de la Ley CADA, un texto transversal destinado a redefinir la infraestructura digital continental.

El desafío material de la soberanía tecnológica

La irrupción de la IA generativa ha acelerado la política industrial global, obligando a Europa a reconocer sus carencias estructurales. La gran cuestión que hay ahora mismo sobre la mesa está relacionada con la dimensión física de esta revolución: «¿Dónde, en qué infraestructura va a correr esa inteligencia artificial?”.

El eurodiputado alertó de que el continente está en una posición vulnerable. La soberanía digital europea corre el riesgo de ser una declaración vacía sin una base material sólida. Para que la IA sea viable, se requiere un despliegue masivo de centros de datos, conectividad y energía.

«Necesitamos ese cómputo, esa energía, esa infraestructura…», enfatizó Solier, situando el campo de batalla en los cimientos físicos del ecosistema y urgiendo a Europa a actuar para recuperar el terreno perdido.

La Ley CADA

Es en este punto donde cobra sentido la Ley CADA (Cloud and Edge Development Act), presentada el pasado 3 de junio por la Comisión Europea. Esta propuesta de reglamento busca reforzar el ecosistema europeo de cloud e IA con medidas sobre capacidad de centros de datos, despliegue de infraestructuras y soberanía tecnológica.

Solier describió esta propuesta no como un obstáculo burocrático, sino como la piedra angular que permitirá erigir una soberanía industrial hoy inexistente: «CADA es la normativa que la Comisión Europea que debe generar en Europa y en España una industria del data center que ahora mismo no tenemos». La soberanía digital no se compra; debe construirse territorialmente.

Desglosó los cuatro pilares de la Ley CADA, diseñados para corregir deficiencias del mercado europeo y atraer inversión. El primer pilar es la financiación tecnológica, clave ante la fuga de capitales hacia geografías más competitivas: «Hay que financiar… es importante atraer ese capital que ahora mismo se mueve hacia Estados Unidos o hacia Reino Unido». Europa debe generar certidumbre y simplificar regulaciones.

La Ley CADA plantea la convivencia entre un mercado abierto y entornos controlados para usos críticos

El segundo es el despliegue acelerado de la inversión, un aspecto en el que el tiempo es crítico. Le sigue la la clasificación soberana de los servicios, para evitar que la obsesión por la seguridad paralice la innovación y potenciar la demanda pública estratégica.

El dilema del mercado abierto

La Ley CADA plantea la convivencia entre un mercado abierto y entornos controlados para usos críticos. Solier abogó por un enfoque dual que evite el proteccionismo ciego y fomente la competitividad. Por un lado, un mercado abierto basado en libre competencia, interoperabilidad y elección para alojar datos. Por otro, para procesos estratégicos, se deben generar «entornos con salvaguardas reforzadas, controles de datos especiales, jurisdicción y una resiliencia operativa más específica».

La arbitrariedad basada en el origen geográfico destruye la certidumbre y frena la inversión

Este equilibrio exige una clasificación rigurosa en cuatro niveles para determinar qué servicios van a cada entorno. El eurodiputado alertó contra los errores del Cybersecurity Act (CSado) respecto a la catalogación de proveedores de alto riesgo. Solier insistió en que estas designaciones deben basarse en criterios técnicos objetivos y no políticos. Ese riesgo no puede estar basado en la nacionalidad, sino en hechos, en realidad, en estudios, en evaluaciones. La arbitrariedad basada en el origen geográfico destruye la certidumbre y frena la inversión.

Soberanía frente a aislamiento

La geopolítica de CADA se cimenta en un principio: soberanía no equivale a aislamiento. Solier subrayó que la soberanía digital consiste en mantener la autonomía estratégica en los momentos decisivos, no en levantar barreras que marginen a Europa de la innovación global. El desarrollo tecnológico europeo no puede realizarse de espaldas a los líderes globales del sector que sostienen la infraestructura actual.

La estrategia propuesta se divide en dos vías paralelas: «Generar una industria europea dándoles certeza y seguridad, y, por otro lado, trabajar con los key players que ahora mismo nos han llevado hasta este momento, que son los que nos tienen que ayudar a generar ese ecosistema».

Excluir a estos actores de la ecuación regulatoria abocaría a Europa al retraso: «Si nos aislamos y echamos fuera de la ecuación a estos players importantes del mercado, vamos a conseguir aislarnos y no evolucionar como lo va a hacer el resto del mundo». CADA debe ser un engranaje integrador de la industria.

España ante su gran oportunidad

Para España, la Ley CADA representa una oportunidad histórica, ilustrada por Solier mediante una metáfora culinaria: «España tiene los ingredientes para cocinar la mejor receta, el mejor plato y tener una estrella Michelin». El país cuenta con ventajas extraordinarias que configuran el menú perfecto de la soberanía digital: conectividad de fibra óptica líder en Europa, ubicación geopolítica estratégica como hub continental y un talento profesional técnico altamente valorado. Asimismo, los recursos energéticos renovables ofrecen una ventaja inmejorable, aunque urge agilizar las conexiones a la red eléctrica para no frenar proyectos de centros de datos.

España cuenta con ventajas extraordinarias que configuran el menú perfecto de la soberanía digital

Este gran premio tecnológico, que podría traducirse en albergar las gigafactorias que se están planteando construir en la Unión Europea, exige una gestión coordinada con el sector privado.

La clave para obtener esta «estrella Michelin» tecnológica radica en proteger la calidad de los ingredientes evitando la sobrerregulación: «Lo único que tenemos que hacer es no quemar el producto para que el resultado sea excelente… no empezar a regular cosas con reales decretos que no sabemos aún cómo van a acabar». Solier abogó por construir una comunidad que escuche activamente a la industria, asegurando que CADA actúe como un engranaje que multiplique el desarrollo digital.

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