Antonio Crespo

Hacía meses que no me enfrentaba al abismo de un papel en blanco: ordenar ideas, estructurar razonamientos, definir mensajes… algo elemental, incluso esencial desde nuestra naturaleza humana, como uno de los rasgos más distintivos frente al resto de las especies.

Una sensación de vértigo me invade, pero decido conscientemente aventurarme sin ayuda al juego de las palabras y al baile de las ideas, con la convicción de que es un viaje que debemos recuperar.

Analógico de nacimiento, hace ya años que penduleé a lo digital, tratando de fijar mis propios límites para evitar ser fagocitado por el leviatán tecnológico. Aun así, comparto una debilidad muy propia de nuestro tiempo: la nomofobia, esa inquietud que aparece cuando el teléfono móvil deja de estar a nuestro alcance, y la constante tentación de las redes sociales.

Productividad o inmediatez

Frente a la promiscuidad de la nueva inteligencia que nos invade, donde cada día surgen nuevas alternativas y herramientas, he querido optar esta vez por la escritura y por el papel. Renuncio en esta mañana de domingo a la productividad y a la inmediatez.

La imprenta no mató la escritura, de la misma manera que la fotografía no fue verdugo de la pintura

Esta es toda una excepción para mis hábitos adquiridos en estos últimos meses, quizás ayudada por el calor sofocante del verano y por demostrarme a mí mismo que de los viajes siempre se puede regresar. Nos gusta hablar de nuestra capacidad para adaptarnos al entorno, pero pocas veces valoramos la importancia de controlar nuestros hábitos para no perder de vista nuestra condición.

En el contexto empresarial es irrefutable la productividad que ya nos está aportando la nueva inteligencia. Productividad que no debemos confundir con la inmediatez, uno de los males, en mi opinión, de la sociedad y del mundo empresarial de nuestro tiempo. Esa inmediatez impide muchas veces el debate profundo y libre de sesgos, y en las empresas acaba priorizando el beneficio a corto plazo frente al propósito.

El juego de suma cero

La inteligencia artificial multiplicará nuestra capacidad para acceder a la información, pero también la posibilidad de recibir únicamente aquella que otros decidan mostrarnos.

Es probable que, con el tiempo, las empresas propietarias de estos modelos incorporen fórmulas de monetización basadas en la publicidad o en la promoción personalizada de contenidos. Si ese escenario llega a materializarse, el riesgo de reforzar nuestros propios sesgos, vivir en cámaras de eco cada vez más sofisticadas y ver condicionadas nuestras decisiones será aún mayor.

A nivel personal, me pregunto si la inteligencia natural y la artificial son un juego de suma cero. En otras palabras, si el desarrollo de la inteligencia artificial, o la forma en la que acabemos integrándola en nuestra vida cotidiana, terminará reduciendo nuestras capacidades intelectuales.

Como buen optimista, me remito a la historia buscando analogías que me ayuden a desempañar la bola de cristal. Y lo cierto es que la imprenta no mató la escritura, de la misma manera que la fotografía no fue verdugo de la pintura. Por eso sonrío, pensando que sin duda volverá a recuperar su protagonismo todo aquello que esté escrito “de puño y letra”.

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Antonio Crespo
Miembro del Comité Editorial de Digital Biz Magazine. Responsable de la sección Homo Digitalis.