Adolfo Ramírez

Hablemos de lo intangible. La tecnología ha transformado nuestra vida, nuestras relaciones y la forma de conectarnos con el mundo. Sin embargo, en medio de tanta conexión digital emerge una necesidad cada día más acuciante: la de reconectar con lo auténtico.

Hoy, más que nunca, las personas buscan empresas coherentes, líderes transparentes y marcas que no solo digan, sino que hagan. En un paradigma donde lo digital lo invade todo, lo humano cobra una relevancia renovada. Y es precisamente en este contexto donde la autenticidad se consolida como una ventaja competitiva sostenible.

Es necesario reflexionar de forma profunda y práctica sobre cómo integrar valores, propósito y tecnología para construir organizaciones más honestas, sólidas y cercanas. No se trata de elegir entre lo digital y lo humano, sino de encontrar el equilibrio que permita crecer sin perder el alma.

Autenticidad intangible

Internet, es incuestionable, ha causado un impacto positivo de gran magnitud, pero también ha generado ruido, sobreinformación y desconfianza. En respuesta, la autenticidad se convierte en cláusula esencial del nuevo contrato entre empresas y personas: un pacto que exige coherencia, escucha real, compromiso y transparencia.

Este enfoque invita a revisar no solo cómo trabajamos, sino también por qué y para qué lo hacemos. Porque la verdadera transformación digital es tanto tecnológica como cultural y ha de poner a las personas en el centro y actuar desde la verdad.

En plena era digital, la autenticidad se convierte en el activo más escaso y valioso para las organizaciones

En la actualidad, la capacidad de diferenciarse —y, en buena medida, la de triunfar— de las organizaciones reside más en lo intangible, como los valores, la innovación, la cultura organizacional, la calidad… que en los tangibles, que se dan por sentados. Aquello que nos distingue, lo que nos otorga credibilidad, aceptación y preferencia es lo que realmente nos proporcionará un valor a largo plazo; y eso es precisamente lo intangible.

Según el informe La economía intangible, de la Fundación COTEC, la inversión en activos intangibles en España sigue en niveles muy inferiores con respecto a los países de su entorno.

En el citado estudio se observa que España, además de invertir menos en el conjunto de los intangibles (6% de su PIB frente al 14% de Estados Unidos o Francia), lo hace de manera distinta respecto de otros países: más en publicidad y estudios de mercado; menos en I+D, formación de los trabajadores o estructura organizativa.

Sin embargo, tal y como afirma la Fundación, los activos intangibles son característicos de la economía del conocimiento e invertir en ellos aumenta la productividad y la calidad de vida.

El valor de lo intangible por Adolfo RamirezMedir lo intangible

El desafío sigue siendo medir estos indicadores. Cada vez se revela más necesaria la presentación conjunta de los indicadores financieros con otros no financieros o propios de la intangibilidad, que vendrían a representar el presente y futuro de la empresa.

En tiempos de inteligencia artificial, algoritmos predictivos y automatización, lo auténtico es lo que realmente conecta. Y esa conexión —más humana, más honesta y profunda— es la que genera confianza, fidelidad y valor duradero.

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