Clara Bazán

La inteligencia artificial (IA) está llamada a transformar la sociedad. Tan es así que no falta quien la considera el desarrollo tecnológico por excelencia del siglo XXI, con una repercusión que ya es tangible y que lo será más en el futuro.

Su valor económico ha sido sobradamente analizado, pero esta tecnología desempeña, además, un papel importante en la innovación social, pues acelera procesos y aumenta la eficiencia de las soluciones creadas para mejorar la calidad de vida de las personas y, con ello, superar los retos sociales.

Los emprendedores sociales y la sociedad en general están cada vez más concienciados de la necesidad de impactar de manera positiva en el entorno, una voluntad que se suma al poder transformador de la IA y a la llegada de nuevo talento que ayuda a extraer el máximo partido de las soluciones que tenemos a nuestro alcance. En los Premios de Innovación Social somos testigos, edición tras edición, de todos estos cambios.

Pongamos ejemplos: en el sector sanitario se está empezando a utilizar la IA para reducir la carga administrativa de los facultativos, o para diseñar mejores experiencias para los pacientes. Pero si una capacidad destaca por encima de todas es la detección temprana de enfermedades, como demuestra el proyecto maltés BrainTrip, que identifica los primeros signos de demencia con una precisión del 93%. La IA de BrainTrip escanea, mide y procesa los datos de la actividad cerebral para identificar cualquier enfermedad derivada del deterioro cognitivo general.

Otro caso es el de Arkangel AI, que se sirve de esta tecnología para mejorar la capacidad de diagnóstico temprano y la adherencia al tratamiento, así como para optimizar procesos. Esta plataforma colombiana no solamente alcanza una precisión del 95% en su análisis, con la consiguiente reducción de la mortalidad, también ofrece los resultados diez veces más rápido.

De la mano de la IA llega asimismo la llamada nueva movilidad, que supondrá una revolución social y económica —una oportunidad de nueve mil millones de dólares para 2025, según Accenture Research—. Las soluciones que se están desarrollando en este campo emplean IA para hacer posible la conducción autónoma o para optimizar rutas o la seguridad vial.

Así, el proyecto español Evix Firm ha desarrollado un airbag cervical integrado en el casco de los ciclistas. Gracias a algoritmos diseñados para detectar movimientos anticipatorios, reduce el riesgo de lesiones en caso de accidente. Onboard Mobility, de Brasil, es otro ejemplo: una plataforma que utiliza aplicaciones, chatbots e IA para gestionar la información del transporte público. 

Séniores e innovación social

La población sénior —es decir, la comprendida entre los cincuenta y cinco y los setenta y cinco años— necesita soluciones concretas para continuar siendo parte activa de la sociedad, un empeño al que la IA tiene mucho que aportar.

En esta área encontramos proyectos como el también brasileño Cuidador de Confiança, que ofrece recursos formativos destinados a familiares o cuidadores y se apoya en IA para anticipar el diagnóstico de enfermedades y simplificar la atención médica. Por su parte, la startup chilena Mistatas ha desarrollado AMAIA para evitar accidentes domésticos; a ellas se suma TechBalance, un servicio de fisioterapia digital que ayuda a prevenir lesiones.

La IA sirve asimismo para favorecer la empleabilidad de los profesionales que se encuentran en esta franja de edad. Ese es el objetivo de la startup alemana Senior Connect, que la aplica para analizar currículums, intereses o habilidades de los candidatos mayores de sesenta años. Su enfoque holístico ayuda a los demandantes de empleo sénior a reintegrarse en el mercado laboral y aborda otros problemas asociados, como la soledad no deseada.

Como vemos, las soluciones de inteligencia artificial diseñadas para contribuir al progreso social son un beneficio innegable para la sociedad y un elemento transformador para mejorar la vida de las personas, de ahí la importancia de galardones como los Premios Innovación Social de Fundación MAPFRE, entre los que se encuentran los proyectos citados, pues constituyen el reconocimiento a una innovación concebida por y para las personas, que satisface demandas y necesidades y genera un impacto positivo en los individuos y su entorno.