César ElviraLiderazgo inspirador o, por contra, oscuro. No, no vamos a hablar de una nueva entrega de Star Wars. Por más que conozcamos las cualidades que, en teoría, debe tener un buen líder, cuando te mueves en el mundo real, las cosas no son ni tan simples ni tan amables; de hecho, hay hasta tres veces más psicópatas en roles ejecutivos y de alta dirección que en el resto de los entornos sociales.

Si han visto la serie House of Cards, interpretada magistralmente por Kevin Spacey, sabrán de qué les hablo: un muy ambicioso político.

Es un fenómeno bien estudiado por la ciencia, tanto que el psicólogo Robert Hare se hizo famoso por la frase “No todos los psicópatas están en prisión, algunos están en los consejos de administración”. Otro, Nathan Brooks, psicólogo forense especialista en ciencias cognitivas de la Universidad australiana de Bond, elaboró en 2016 un estudio sobre una muestra de unos trescientos ejecutivos que arrojaba un resultado inquietante: el 21% de los analizados presentaban preocupantes rasgos psicopáticos, similares a los que pueden detectarse en criminales encarcelados.

“No todos los psicópatas están en prisión, algunos están en los consejos de administración.” Robert Hare

Por otra parte, Hervey Cleckley, médico estadounidense pionero de la investigación sobre psicopatía, propuso dieciséis criterios diagnósticos en su libro The Mask of Sanity, que sirvió de base para el célebre Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM) posterior. Introdujo además el concepto de demencia semántica, consistente en disociar palabra y acción. O sea, falta de autenticidad.

Algunos de los rasgos psicopáticos enunciados por Cleckley son:

  • Alta inteligencia, carisma, locuacidad y encanto personal.
  • Ausencia de nerviosismo y manifestaciones psiconeuróticas. Casi nada les afecta pues carecen de remordimientos o de vergüenza.
  • Poca formalidad e inestabilidad. Falsedad en sus palabras, poca sinceridad, dicen una cosa y la contraria sin rubor. Son oportunistas sin culpa.
  • No responden de sus propias acciones, ni moral ni legalmente.
  • Uso del lenguaje ambiguo como arma. Son manipuladores sin pudor.
  • Egocentrismo patológico. Carecen de memoria.
  • Ausencia de empatía. Son insensibles e indiferentes a los sentimientos y dolor ajenos. Presentan una conducta antisocial no motivada.
  • Pobres relaciones afectivas. Incapacidad de amar. Solo se aman a sí mismos.

El líder psicopático puede ser coherente en sus valores (mejor dicho, en su carencia de ellos), tener propósitos definidos y un foco claro, usar un discurso simple y directo, y contar con muchos seguidores. Pero en lo que falla, para ser auténtico y creíble, es en la coherencia entre lo que siente, piensa, dice y hace, en la asertividad usada no como arma agresiva y vacía, sino para expresarse sin hostilidad, en la empatía hacia los demás y en tener seguidores libres y autónomos, no adeptos, como diría el experto en cultura de innovación Fran Chuan.

Auténtico liderazgo

Un buen líder es quien protege y motiva a su equipo, quien promueve y conoce a sus colaboradores, les facilita las cosas y delega en ellos. Sí, eso está muy bien, y es cierto sin duda, pero ¿y cuando no es así?, ¿qué sucede cuando quien llega a una posición de mando es poco empático, egoísta y manipulador, mezquino y mentiroso? ¿Ya no es un líder? 

La historia y la actualidad cotidiana nos dicen que sí, que estos también son líderes. Desde el simple trepa, egoísta y carente de valores, pasando por el carismático y encantador gurú demagogo hasta llegar al tirano dictador —donde moral, ética y empatía brillan por su ausencia— hay infinidad de grados. Un liderazgo inspirador fomenta la cultura de la innovación y la participación dentro del respeto. Por contra, un liderazgo oscuro habitualmente cimenta su poder en el miedo y la arbitrariedad. 

Un liderazgo inspirador fomenta la cultura de la innovación y la participación dentro del respeto

Y aunque a corto plazo se presente como ganador, a la larga debilita a la organización, ya que envilece a sus equipos obligándolos a esforzarse día a día por ir más allá en sus tropelías, por agradarle, pues de lo contrario los siguientes que quedarán fuera del círculo del poder serán ellos.

Desde “el que se mueve no sale en la foto” al “quien disiente es vapuleado socialmente o físicamente eliminado” hay un mundo. Y en ese universo complejo de las organizaciones, no estar en esa foto puede sin duda apearte de la carrera profesional.

Liderazgo impredecible

Retomando la metáfora de Star Wars, al hablar de líder oscuro no nos referimos a Darth Vader, aunque este transite por el lado oscuro de la Fuerza. Obviamente, Vader no es un líder inspirador: es exigente, brutal y eficaz, pero también predecible.

Por el contrario, un líder oscuro, el psicópata, se caracteriza por ser impredecible y tener uno o más rasgos de los antes mencionados, como el ser arbitrario, además de prepotente, soberbio, despótico, clasista, narcisista, manipulador, mentiroso, insensible, inflexible y osado hasta la temeridad. Menosprecia a todo el mundo, carece de miedos pero los provoca en los demás y hace que nadie se atreva a hablar, pues solo él lo hace, inyectando rivalidad y competencia entre sus colaboradores. Crea sus propias reglas y solo juega con ellas.

Pero de todos estos vicios, el más terrible es la arbitrariedad: es impredecible, no es posible saber a qué atenerse con él. Eso lo hace muy peligroso. Además, un líder oscuro no dudará en sacrificar a todos los de su entorno, a quienes le han servido, antes de caer él. Y si cae, se los llevará por delante como ofrenda necesaria a su ego.

El mundo laboral es exigente y parece terreno abonado para que las personas sin afectos y con emociones más templadas, o sin ellas, prosperen más. Esa combinación de rasgos, por otra parte, está bien vista en algunos puestos en los que se deben tomar fríamente las decisiones que una empresa o proyecto complejos requieren. Pero todo tiene un límite. ¿Y cuál es ese límite? ¿Quién lo fija? Debería ser la propia organización, su cultura y valores.

¿Cómo actuar en casos así?

Ser igual o peor que el psicópata sería una solución, pero no una opción válida. Primero hay que conocer a la persona; ardua tarea, porque, como he señalado, bajo una noble fachada se esconde el ser impredecible; después, llevarlo todo atado para que no pueda encontrar fisuras ni puntos vulnerables en tu trabajo. Hablar con él en privado, sin sus seguidores, mostrando firmeza, es crucial, pues ganarte su respeto es muy difícil, pero ha de intentarse. 

En la pirámide organizacional, los líderes amorales y faltos de ética miran con servilismo y condescendencia hacia arriba

Otra solución es buscar apoyos que te cubran y defiendan de igual a igual. Disponer de asesoramiento legal y reflejarlo todo por escrito puede ayudar. Aunque hay veces que quien debe protegerte se inhibe o se pone de parte del contrario. Nada fácil en la compleja partida de ajedrez empresarial, donde una pieza sin apoyos sólidos puede ser apartada del tablero sin miramientos.

En la pirámide organizacional, los líderes amorales y faltos de ética miran con servilismo y condescendencia hacia arriba, y con crueldad y despotismo hacia abajo. Están más preocupados de guardar su posición y defender su zona de influencia que de ayudar al equipo. Se aprovechan de él y de la organización a la que dicen pertenecer y servir.

Si usted se ve confrontado con un perfil psicopático, las herramientas que mejor le pueden ayudar son el carisma, la posición social, su red de contactos y un buen paquete accionarial o el respaldo financiero, propio o familiar. Si carece de todo esto, una buena base técnica, experiencia profesional y firmeza son esenciales. Así, un sénior puede afrontarlo mejor que un joven con poco bagaje. 

Psicópatas dentro de las organizacionesSi no podemos o sabemos alejarnos de un individuo manipulador y carente de ética, hay que dejar claros los límites, fijar las reglas de juego, aunque el líder oscuro tenga otras y las cambie. También, promover el respeto y el diálogo franco, siempre que se pueda, y ser concreto y mostrar seguridad, pues los psicópatas huelen la debilidad y el miedo.

Fácil, lo que se dice fácil, no es, y cuanto más arriba en la organización y más poder acumulen, más complejo será, pues se sienten intocables e impunes, y muchos, por temor o conveniencia, los respaldan. Lo mejor es alejarse de ellos todo lo posible, pues acaban arrasándolo todo a su paso.

Por último, si quiere saber si usted mismo presenta rasgos psicopáticos, puede someterse al test desarrollado por el psicólogo canadiense Robert Hare, y en tan solo veinte preguntas evaluarse. No es una herramienta diagnóstica, pero da pistas. Ya me dirá. ¡O mejor no!