Ignacio BabéFlexibilidad para para evitar los sesgos culturales o de otro tipo. La pasada década fue la de la transformación digital, que ha agitado y espabilado a las organizaciones para mejorar su eficiencia y sacarlas de la gestión tradicional del siglo xx. A muchas de ellas las ha llevado, incluso, a reconsiderar su modelo de negocio. Ahora es la inteligencia artificial (IA) la que ha tomado el relevo.

Según una encuesta que hemos realizado recientemente entre los socios del Club Excelencia en Gestión, prácticamente el 100% de las organizaciones están interesadas en la IA y más del 35% ya la están utilizando en su día a día. Si solo tenemos en cuenta a las de mayor tamaño, el porcentaje asciende al 50%; y si miramos hacia las pymes, la proporción desciende hasta el 14%.

Se trata de algo lógico si tenemos en cuenta que, cuanto más grande es una empresa, más recursos suele tener; si bien esa disparidad de recursos no debe servir de excusa para procrastinar. Adaptarse a las novedades en tiempo real, o casi real, ha de estar entre los objetivos de cualquier pyme que aspire a algo más que a sobrevivir. Es el renovarse o morir de toda la vida, pero en versión acelerada, y quienes no lo asuman van a estar en una clara desventaja, ya sean organizaciones o personas.

Una idea la anterior muy presente en la metodología de gestión, holística e integrada, con la que trabajamos desde el Club Excelencia en Gestión: el modelo EFQM. De hecho, la IA —sus herramientas y aplicaciones— se ha convertido en una condición necesaria, aunque no suficiente, para reforzar un sistema de gestión integrado.

Para entender cómo y dónde puede ayudar la IA en las rutinas de gestión, recientemente organizamos un interesante webinar. Los ponentes del encuentro dieron varias recomendaciones, empezando por tener claro por qué y cómo queremos integrar la IA, así como determinar la inversión que se va a asignar a este fin, que será mayor si se decide diseñar un algoritmo propio y menor si recurrimos a soluciones más genéricas, como ChatGPT, Copilot-Bing, Bard o DallE3. Los productos o servicios (los qué) son importantes, pero solo después de haber elegido el por qué y el cómo.

La IA se ha convertido en una condición necesaria, aunque no suficiente, para reforzar un sistema de gestión integrado

Al integrar la IA en nuestro sistema de gestión debemos considerar que las personas son las beneficiarias, no las víctimas. Se trata de reforzar sus poderes, formarlas y entrenarlas para practicar con la herramienta. Además, hay que trabajar con datos buenos y confiables, para que la IA pueda aprender de ellos y resulte útil de verdad. Es vital contar con información ordenada y estructurada, y, por supuesto, cumpliendo siempre con las regulaciones pertinentes.

El trabajo que la IA va a realizar servirá para hacer más eficaz y eficiente nuestra operación, pero también para implantar sistemas de medición, previsiones, predicciones… Facilitará información fiable que servirá para tomar decisiones, conocer mejor al cliente, cambiar estrategias o impulsar la sostenibilidad. Pero solo si los datos están bien depurados previamente.

Evitar el sesgo

Los expertos alertan de la necesidad de vigilar frecuentemente la actividad del algoritmo para detectar fallos, evitando modelos con sesgo, ya sean culturales o de otro tipo. La máquina debe ser flexible en su aprendizaje, capaz de reentrenarse —siempre que sea necesario— en función de los errores y los aciertos cometidos durante su funcionamiento.

El trabajo de la IA facilitará información fiable que servirá para tomar decisiones, conocer mejor al cliente, cambiar estrategias e impulsar la sostenibilidad

No debemos olvidar el caso del motor de reclutamiento de Amazon, que desechaba los currículums de mujeres especializadas en campos técnicos. El motivo: según los datos históricos de la empresa, este tipo de puestos siempre habían sido desempeñados por hombres. Este caso se convirtió en un referente para el resto de los desarrolladores como modelo de un error que no debe volverse a cometer.

Es más, los creadores y responsables del algoritmo deben transmitir de forma clara y transparente cómo gestiona este los datos el sistema que han diseñado y cómo toma las decisiones. Además, la organización debe someterlo a procesos de auditoría para supervisar su funcionamiento y asegurarse de que la herramienta va a ser útil y eficaz en un porcentaje muy elevado.

Empiece cuanto antes a contestar las preguntas clave para incorporar la IA en su negocio e irá construyendo una ventaja competitiva que puede llegar a ser exponencial.