El panorama tecnológico global atraviesa una etapa de transformación sin precedentes. Según el Gartner IT Spending Forecast 2026, el gasto mundial en TI alcanzará los 6,08 billones de dólares en 2026, un crecimiento del 9,8% respecto a 2025, impulsado en gran medida por la adopción generalizada de inteligencia artificial generativa y la modernización de infraestructuras.
En Norteamérica y Europa, las prioridades giran en torno a plataformas de IA agéntica, computación confidencial, soberanía digital y ciberseguridad preventiva, conceptos que Gartner posiciona en su lista de las 10 tendencias estratégicas para 2026.
En LATAM el enfoque predominante no está en la IA generativa, sino en un desafío más elemental y urgente
En Latinoamérica, sin embargo, la conversación tiene matices distintos. Si bien la región registra una de las tasas de crecimiento más altas en inversión de transformación digital —con un CAGR del 18,2% según el IDC Worldwide Digital Transformation Spending Guide— el enfoque predominante no está en las fronteras de la IA generativa, sino en un desafío más elemental y urgente: la modernización de sistemas críticos heredados (legacy) y la construcción de agilidad organizacional para operar en mercados cada vez más volátiles.
Las predicciones de IDC FutureScape 2026 para la región latinoamericana confirman esta realidad: se estima que para 2027 las principales 5000 empresas de la región destinarán más del 25% de su gasto central de TI a iniciativas de IA, pero que la falta de inversión en formación de talento impedirá al 75% de las empresas obtener el valor completo de sus inversiones en nube, datos y automatización. Es decir, el reto no es solo tecnológico, sino profundamente humano y organizacional.
LATAM: hacer más con menos
Latinoamérica no compite con las mismas reglas que las economías de otras regiones. Existen tres factores estructurales que definen su camino particular hacia la digitalización.
En primer lugar, la escasez de talento técnico especializado representa una limitación crítica. La demanda de profesionales en ciberseguridad, arquitectura cloud y ciencia de datos supera con creces la oferta disponible en países como México, Colombia, Brasil o Argentina.
IDC prevé que la falta de habilidades críticas y la insuficiente inversión en formación impedirán a la gran mayoría de las empresas capitalizar plenamente sus inversiones tecnológicas. No se trata solo de contratar desarrolladores, sino de construir equipos capaces de integrar tecnología con visión de negocio.
En segundo lugar, la necesidad de «hacer más con menos» es una constante. Los presupuestos de TI en la región representan una fracción de los que manejan las empresas del Fortune 500, lo que obliga a priorizar inversiones que generen retorno inmediato. Esto explica por qué las plataformas de baja codificación (Low-Code) han encontrado un terreno particularmente fértil en la región.
Según proyecciones de Gartner, para 2026 el 75% de las nuevas aplicaciones empresariales se desarrollarán con tecnologías Low-Code, y el mercado global de estas plataformas alcanzará los 44.500 millones de dólares (Gartner Low-Code Forecast). En LATAM, donde la velocidad de entrega y la optimización de costos son imperativos, esta tendencia es aún más relevante.
En tercer lugar, la urgencia de digitalizar sectores clave como Gobierno, Salud y Finanzas añade una dimensión social a la transformación. No se trata únicamente de eficiencia operativa: digitalizar estos sectores significa cerrar brechas de acceso a servicios esenciales para millones de ciudadanos. Un trámite gubernamental que deja de requerir presencia física, un historial médico electrónico que permite atención oportuna, un servicio financiero digital que llega a poblaciones sin presencia de oficinas bancarias: esos son los impactos tangibles que la transformación digital puede generar en la región.
Aliados con contexto local
Un error recurrente en los procesos de transformación digital en Latinoamérica ha sido importar modelos diseñados para otras realidades sin considerar la complejidad técnica y cultural de la región. Las empresas latinoamericanas necesitan aliados tecnológicos que comprendan tanto las particularidades regulatorias de cada país como la idiosincrasia de las organizaciones locales, donde la resistencia al cambio y la deuda técnica acumulada durante décadas suelen ser obstáculos tan grandes como las limitaciones presupuestarias.
Las plataformas de baja codificación (Low-Code) han encontrado un terreno particularmente fértil en la región
Afortunadamente, la región ha desarrollado un ecosistema robusto de empresas de servicios tecnológicos con alcance global. Algunos ejemplos son:
- Globant que ha demostrado que desde Latinoamérica se puede liderar innovación a escala mundial, particularmente en experiencia digital e inteligencia artificial.
- NEORIS, con raíces en Monterrey, combina consultoría estratégica con implementación tecnológica para grandes corporaciones del sector industrial y financiero.
- SONDA, desde Chile, se ha consolidado como un referente en servicios de TI para el sector público y privado en toda la región andina y el Cono Sur.
- Stefanini, con su origen brasileño, aporta escala y capilaridad en mercados donde la cobertura geográfica es esencial.
- Otro ejemplo es VASS que, aunque de origen español, ofrece un amplio expertise en LATAM en transformación digital para sectores regulados como telecomunicaciones y banca.
Enfoque low-code
Dentro de este ecosistema, GeneXus Consulting ocupa un espacio singular. Nacida en Uruguay y hoy parte del grupo Globant, esta firma combina más de tres décadas de experiencia en desarrollo de soluciones empresariales con un enfoque metodológico basado en plataformas de low-code.
Esta apuesta por el low-code permite democratizar el desarrollo de aplicaciones, algo especialmente interesante en un contexto de escasez de talento como el actual. Estas plataformas de baja codificación habilitan a equipos con perfiles diversos a participar activamente en la construcción de soluciones, reduciendo la dependencia de desarrolladores altamente especializados y acelerando los tiempos de entrega.
De hecho, diversos analistas afirman que cerca del 80% de los usuarios de este tipo de herramientas provendrán de áreas fuera de TI, lo que refleja un cambio fundamental en quién construye software dentro de las organizaciones.
2026: el año de la aceleración pragmática
Si hay una palabra que define el momento actual de la transformación digital en Latinoamérica, es pragmatismo. Después de años en que la transformación digital fue, para muchas organizaciones, un concepto aspiracional repleto de promesas genéricas, 2026 marca un punto de inflexión hacia la acción concreta y medible.
La modernización de sistemas constituye el servicio de mayor demanda en la región
El contexto global lo exige. Las predicciones de IDC FutureScape 2026 señalan que el 70% de los CEO orientarán el retorno de inversión en IA hacia el crecimiento, y que para 2030 el 45% de las organizaciones orquestarán agentes de IA a escala. Pero la región no puede esperar a estar «lista» para sumarse a esa ola: necesita modernizar sus cimientos tecnológicos ahora, con las herramientas y el talento disponibles hoy.
De hecho, la modernización de sistemas constituye quizás el servicio de mayor demanda en la región. Miles de empresas latinoamericanas operan sobre sistemas desarrollados hace 15 o 20 años —cuando no más— en tecnologías que hoy presentan limitaciones serias: dificultad para integrarse con servicios en la nube, imposibilidad de exponer API modernas, dependencia de infraestructuras obsoletas y costos de mantenimiento crecientes.
Latinoamérica no necesita replicar el camino de otras regiones, sino trazar el suyo propio
La convergencia de varios factores hace de este año una ventana de oportunidad singular. El mercado global de TI supera por primera vez los 6000 millones de dólares, las plataformas low-code alcanzan una madurez que las convierte en opciones viables para sistemas de misión crítica, los modelos de IA generativa comienzan a integrarse en herramientas de desarrollo de forma nativa, y las empresas de la región cuentan con un ecosistema de aliados tecnológicos que combinan capacidad técnica con comprensión profunda del contexto local.
Latinoamérica no necesita replicar el camino de otras regiones. Necesita trazar el suyo propio: uno donde la modernización de lo heredado y la adopción inteligente de nuevas tecnologías no sean procesos secuenciales, sino paralelos. Donde la transformación digital deje de ser un proyecto de TI y se convierta en una estrategia de negocio. Y donde la inversión en personas —en talento, en capacitación, en gestión del cambio— sea tan prioritaria como la inversión en plataformas.
El 2026 no debe ser el año de la gran promesa tecnológica, sino el año de la ejecución.

































