Viaje al corazón del SAI

Asegurar la disponibilidad de los sistemas

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El SAI o sistema de alimentación ininterrumpida es un elemento imprescindible para asegurar la calidad de la energía y la continuidad del suministro eléctrico en cualquier negocio. Este elemento, que nace como un sistema de protección, hoy es utilizado en todo tipo de organizaciones o incluso en contexto particulares (gaming).

Un SAI evita daños en el hardware, derivados de caídas o subidas de tensión, y garantiza la disponibilidad evitando la corrupción o pérdida total de datos en caso fallo en el suministro eléctrico llegando incluso a iniciar un apagado ordenado y seguro de los sistemas antes de llegar al final de su autonomía.

Aunque cada vez somos más conscientes de la importancia de estas soluciones, con frecuencia olvidamos que todo producto requiere de un mantenimiento preventivo. En el caso del SAI, el cuidado más importante es el del corazón: su batería, que es la parte más vulnerable. De hecho, los fallos de batería son una de las principales causas de pérdida de carga.

Una buena gestión de los SAI deberá poner el mantenimiento preventivo entre sus prioridades

Esta situación puede desencadenarse por razones variadas que van desde temperaturas elevadas o muy fluctuantes hasta un voltaje incorrecto de la carga flotante, la pérdida de electrolitos debida a una desecación, daños en la carcasa, enlaces o conexiones flojos entre elementos o el mero envejecimiento, la falta de mantenimiento y el cuidado incorrecto de producto.

Además, la vida de una batería, como la de un corazón, es limitada y cuanto mejor gestionemos su cuidado, más larga y provechosa será. La duración estándar de las VRLA (baterías de plomo herméticas que no necesitan mantenimiento) es de tres a cinco años, aunque existen modelos que pueden superar los diez años; las de ion de litio pueden llegar a los quince años y las de celdas húmedas pueden alcanzar los veinte años.

El mejor cuidado de las baterías es aquel que tenga en cuenta los cuatro elementos principales: ubicación, ciclos de carga y descarga, mantenimiento preventivo y composición química.

Por un lado, hay que tener en cuenta las condiciones am­bientales del lugar en el que se sitúa el SAI, en concreto, la temperatura. En las baterías VRLA no debe superar los 25°C. Igualmente, hay que tener en cuenta los ciclos de carga y descarga. Durante un corte de suministro eléctrico el SAI funciona con la batería, de for­ma que cada ciclo completo de descarga y posterior carga reduce su capacidad relativa en un pequeño porcentaje.

Además, una buena gestión de los SAI deberá poner el mantenimiento preventivo entre sus prioridades, para identificar de forma periódica baterías en mal estado antes de que puedan afectar al resto de la rama. Además, habrá que programar los reemplazos sin parar la producción ni perder autonomía. Por último, hay que tener en cuenta que se trata de dispositivos electroquímicos, cuya capacidad de almacenar y entregar energía va mermando de forma lenta pero progresiva. A pesar de cumplir todos los requisitos que aseguren su buen funcionamiento, es recomendable cambiarlas cuando se alcanza el fin de su vida útil.

Un dato llamativo: más del 25% de las visitas por mantenimiento preventivo acaban en un servicio de seguimiento para realizar acciones correctivas o actualizaciones del sistema de baterías, y ofrecer a las empresas la oportunidad de subsanar problemas potenciales antes de que adquieran mayor gravedad.