Me ha llamado la atención la noticia de que en las escuelas de Suecia dan marcha atrás en el uso de pantallas y dispositivos digitales, para volver a los libros en papel. ¿Qué ha sucedido para dar este paso? ¿Por qué se retoma un soporte que se inició de forma masiva con la imprenta a mediados del siglo XV?

Siempre me ha interesado cómo se ha guardado, asentado y trasmitido el conocimiento con el paso del tiempo. El ser humano no pudo avanzar hasta que tuvo un sistema, la escritura, para almacenar información de forma sistemática y ordenada, ya fuese contabilidad o poesía, ciencia o arte.

Superada la trasmisión oral, que era poco efectiva, desde el comienzo de la civilización solo hemos tenido cinco soportes básicos para almacenar información: el papiro, el pergamino, el papel, el analógico (cintas magnéticas, acetatos de poliéster…) y, hoy, el digital. Todos ellos presentan ventajas e inconvenientes.

¿Es bueno que nuestros estudiantes no olviden el papel, además de manejar el mundo digital? ¿Podremos crear un sistema universal, flexible y atemporal para almacenar, retener y recuperar información sin deterioro con el paso de los años? Hoy, todavía no es posible. De hecho, podemos leer un documento en papiro de hace dos mil años, pero no información digital de hace cuarenta, al no disponer del hardware y software adecuados.

Informe PIRLS

El actual Gobierno sueco ha paralizado el plan de digitalización escolar para incrementar el presupuesto en libros de texto en papel. Las causas son los resultados del informe PIRLS, acrónimo de Estudio Internacional de Progreso en Compresión Lectora.

En Suecia, la puntuación en 2021 fue de 544, cifra que supone una caída de once puntos desde 2016. Este descenso no es algo exclusivo del país nórdico. Por comparar, el mejor situado es Singapur, con 587; en Europa es Irlanda, con 577; EE.UU. alcanza los 548 puntos, mientras que España se queda en 521, por debajo del promedio OCDE-28, que es de 533 puntos.

El Gobierno sueco quiere volver al soporte clásico para la lectura, la escritura y el cálculo. Parece ser que el papel impreso invita a la reflexión y evita la dispersión del alumno. Por eso su Ministerio de Educación ha previsto un presupuesto 60 millones de euros en 2023, y de 44 millones de euros para 2024, con el fin de que cada escolar reciba un libro en papel por materia.

Los estudios sustentan esta decisión sobre diferentes aspectos:

  • Patrones visuales. Comparando los tres soportes (papel, ordenador y tableta), los lectores mostraron mayor fijación de lo estudiado en papel.
  • Rendimiento. Basado en la comprensión real y los tiempos de lectura, fue similar en los tres soportes.
  • Actitud. Los lectores señalaron mayores niveles de comprensión percibida y menor fatiga al usar el papel.
  • Mapa cognitivo. Es la herramienta creada por cada uno de nosotros, que nos permite pasar de signos a gráficos para fijar ideas y conceptos, donde el medio no importa tanto como la construcción mental que nos formamos del texto que leemos. Con el papel parece que nos sentimos hoy más cómodos.
  • Concentración. Si bien los enlaces, hipervínculos y contenidos multimedia parecen una ventaja añadida en los soportes digitales, en realidad son fuente de dispersión frente al papel.
  • Marcación del texto. Frente a un documento plano, el empleo en papel de recursos como la negrita, la tipografía y los signos de puntuación facilita enormemente la comprensión.
  • Resultados. Las diferencias entre ambos soportes son cada vez menores, aunque el rendimiento percibido en cuanto a la eficiencia es aún algo mayor en papel.

Pros y contras de ambos formatos

Surgen también preguntas respecto a qué competencias deben adquirir los jóvenes y si estas se ven más favorecidas por un entorno digital o por uno basado en el papel. En mi opinión, cada centro debería tener una biblioteca de consulta actualizada, así como terminales que permitan buscar, investigar, contrastar e intercambiar conocimientos con otros alumnos y profesores.

Es fundamental fomentar hábitos de estudio y lectura, el pensamiento crítico, así como contar con un profesorado que maneje las nuevas plataformas de aprendizaje y motive al alumno en su correcto uso.

En este contexto, ¿qué es más saludable y menos adictivo? ¿Qué sistema favorece más la concentración y la retención de lo estudiado? En este punto nos centramos en la dopamina, un neurotransmisor coloquialmente llamado la hormona de la felicidad. La industria tecnológica la utiliza para captar la atención y crear adicción a los dispositivos electrónicos, donde las recompensas —con “seguidores y me gusta”— hacen más vulnerables a niños y adolescentes. Punto aquí a favor para el papel.

Parece ser que el papel impreso invita a la reflexión y evita la dispersión del alumno

En cualquier caso, aunque la combinación adecuada de ambos soportes puede ser la idónea, la cuestión es saber en qué proporción han de usarse ambos, en qué edades, con qué materias y finalidad. ¿Estar a la última en tecnología y avances científicos es lo deseable para un joven o debe asentar primero otros conocimientos y habilidades? ¿Es relevante primar el fondo sobre la forma, el contenido sobre el soporte?

Los libros en papel siguen vigentes

Igual que cuando aparecieron los ebooks la pregunta era si acabaría el libro digital con el de papel, parece que hoy nos hacemos la pregunta contraria. En 2021 se editaron en España 79.373 títulos, 55.197 en papel (con una tirada de 198 millones de ejemplares) y 24.176 en digital. El incremento frente a 2020 fue del 8,9% en papel y de solo un 1,2% en digital.

Si bien es cierto que cuando surge una nueva tecnología se vaticina la desaparición de la anterior, esto no es siempre así, salvo que una sea excepcionalmente superior. Este no parece el caso. El 73,3% de los libros leídos en España en 2019 lo fueron en formato papel y el restante en digital, donde solo uno de cada cuatro se obtuvo pagando por él. Otro punto a favor del papel y de la protección de los derechos de autor.

El soporte digital es mucho más flexible para intercambiar y compartir información, debatir artículos o presentar avances. Es más barato y rápido, tanto en el acceso al contenido como en su creación, y es posible almacenar una enorme cantidad de estos libros en un simple dispositivo.

El soporte papel, aunque puede aportar un mayor impacto visual, necesita mayor tiempo desde que se inicia el borrador hasta que finalmente se imprime. Aunque el empleo de materiales nobles es muy valorado por coleccionistas, esto se traduce también en una mayor complejidad en la edición y distribución, en un mayor precio y en la necesidad de contar con más espacio para almacenarlos.

Vuelta a los libros impresosEn lo que al medioambiente se refiere, la huella de carbono que deja la impresión en papel es menor que la digital; también lo son sus residuos tecnológicos, al ser renovable y biodegradable. Según ASPAPEL, imprimir un libro de 300 páginas en tapa dura libera 1,3 kg de CO2. Todos estos datos hay que tratarlos con cautela pues, si bien fabricar un ebook produce 30 kg de CO2, cuanto más se lea, sin cambiar de dispositivo, menos contaminante resultará con relación al CO2 emitido.

El tiempo nos dirá si la medida tomada por Suecia ha sido acertada. Mientras inculquemos a nuestros jóvenes la semilla del estudio, la lectura y capacidad crítica, en el soporte que sea, todo irá bien ¡Que cada cual elija el medio que mejor le resulte para aprender y disfrutar, para crear y asentar su propio mapa cognitivo!