Construir la ciudad inteligente

Ciudadanos, empresas y administraciones

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Más y mejores servicios a disposición de los ciudadanos gracias a la tecnología. Quizá es una forma muy simple de resumir lo que pretende conseguir la smart city pero da una idea muy certera de hacia dónde dirige sus esfuerzos. El ciudadano es el centro de la ciudad inteligente, es a quien va encaminado el trabajo que están realizando todas aquellas ciudades que incluyen la innovación tecnológica dentro de su modelo de desarrollo en ámbitos como el social, económico, urbano…

La ciudad inteligente hace posible, por ejemplo, que los ciudadanos conozcan —en tiempo real a través de su teléfono móvil— el consumo de agua en sus hogares, los minutos que tardará en pasar el siguiente autobús por la parada que está debajo de su casa, si hay una plaza de aparcamiento libre en superficie en su calle, cuál es la mejor forma de desplazarse en coche de un punto a otro de la ciudad en función de la fluidez del tráfico… Son unos pocos de los múltiples casos en los que la tecnología puede hacer la vida más fácil a quienes habitan en una ciudad que apuesta por la innovación. Servicios públicos, como el alumbrado o la recogida de residuos, pueden experimentar también notables mejoras con la introducción de dispositivos que hacen posible el control punto a punto de cada una de las luminarias, aumentar o disminuir el grado de luz que emiten en función de la presencia o no de viandantes, conocer el nivel de llenado de los contenedores y reorganizar las rutas de recogida en función del mismo… En definitiva, un amplísimo abanico de posibilidades, muchas de las cuales probablemente no hemos llegado ni siquiera a imaginar.

Las smart cities contribuyen a la generación de nuevas oportunidades de negocio

Ecosistema

Pero no solo eso: el ciudadano pasa de ser únicamente consumidor a convertirse en productor, a participar en un ecosistema de cocreación que le faculta para generar sus propios productos y servicios.

Otras de las líneas que se ven fortalecidas a través de la innovación tecnológica son la participación y la transparencia: con un ciudadano más y mejor informado a través del gobierno abierto y con mayores herramientas a su disposición para tomar parte en la vida municipal y para poder influir en la mejora de su ciudad.

Asimismo, la smart city constituye un importante factor de impulso social, puesto que favorece avances en el área de la salud (e-health) o en servicios ligados a la dependencia, como puede ser la teleasistencia.

Desde el punto de vista económico, la contribución de la ciudad inteligente a la generación de nuevas oportunidades de negocio es evidente. La apertura de la información a empresas y emprendedores, por medio de las plataformas de open data, o el fomento de programas que aceleren el proceso de impulso a la innovación tecnológica, como los que tratan de favorecer la generación de startups, son dos vías para conseguirlo. Todo ello con la —más que necesaria, imprescindible— implicación de la colaboración público-privada. Las administraciones, las empresas y los emprendedores deben mirarse de frente y avanzar juntos en el proceso de construcción de la ciudad inteligente.

Debemos avanzar juntos en el proceso de construcción de la ciudad inteligente

RECI

Convencidos de todo ello, y de la conveniencia de compartir experiencias para hacer este proceso más eficaz y menos costoso desde el punto de vista económico, las ciudades españolas hemos decidido unirnos.

La Red Española de Ciudades Inteligentes (RECI), que se constituyó formalmente en el año 2012, ha ido creciendo progresivamente hasta contar, en la actualidad, con 75 miembros. Son 75 ciudades españolas que ponen en común lo que cada una de ellas está haciendo en las diferentes áreas ligadas a la smart city: innovación social, gobierno abierto, movilidad, medio ambiente, energía, infraestructuras, etc.

Todas las aportaciones son muy valiosas a la hora de avanzar en el camino que recorren juntas todas estas ciudades. Y todas se han mostrado muy útiles, puesto que el principio fundamental que aplican —en la implantación de la tecnología en sus diferentes servicios— es la capacidad de que sean replicables por parte del resto.

La promoción de los destinos inteligentes, la gestión automatizada del riego en parques y jardines, el impulso a la movilidad eléctrica y la interoperabilidad de los puntos de recarga o la plataforma tecnológica de la smart city son algunas de las acciones en las que están participando los miembros de la RECI.

Por otro lado, el Plan Nacional de Ciudades Inteligentes, aprobado por el Gobierno de España y dotado con 153 millones de euros, va a contribuir a dar un fuerte empujón al lanzamiento definitivo de las smart cities de nuestro país.

Ciudadanos, empresas, administraciones… Todos tenemos mucho que decir y mucho que hacer para conseguir que las ciudades españolas afiancen su posición tecnológica en Europa y en el resto del mundo, y para que la innovación sirva de acelerador para una reactivación económica que ya está en marcha y que esperamos que vaya cada vez a más.