Eulalia Flo

Al funcionar, el equipamiento informático —como pueden ser los grandes datacenter— genera una gran cantidad de calor residual. Lo habitual es disiparlo mediante sistemas de refrigeración, sin embargo, gracias a las tecnologías de recuperación térmica y a la colaboración con las redes de calefacción urbana, ahora es posible redirigirlo para calentar hogares, piscinas, hospitales o centros educativos.

Reutilizar el calor residual puede ser un medio eficaz de reducir la dependencia de los combustibles fósiles, una estrategia que ya se implementa en numerosos centros de Equinix y que permite calentar viviendas, oficinas y edificios públicos con la opción más económica de calor bajo en carbono.

Estas iniciativas no solo reducen las emisiones, también generan ahorros económicos y un retorno de la inversión tanto para las comunidades como para las empresas.

Casos reales con impacto tangible

En Equinix hemos desarrollado el programa Heat Export, ya activo en ciudades como París, Fráncfort, Helsinki y Toronto. En cada caso, colaboramos con operadores energéticos y autoridades locales para integrar nuestros datacenter de datos en las redes de calefacción urbana.

Más allá del impacto medioambiental, el programa Heat Export ofrece un retorno económico claro

Uno de los ejemplos más ilustrativos es el llevado a cabo en el centro de datos TR5 en Toronto. Allí, el calor residual se distribuye a varios edificios residenciales —un hotel, una universidad y un centro comercial— y proporciona agua caliente durante todo el año a través de la red Markham District Energy. Este modelo de colaboración público-privada ha demostrado su eficiencia tanto en términos energéticos como económicos, y ha servido de referencia para proyectos similares.

El calor del datacenter

En París, el centro de datos PA10 en Saint-Denis se ha convertido en un modelo de integración urbana. El calor que genera se canaliza hacia la red que abasteció al centro acuático de los Juegos Olímpicos de París 2024 y llegará a calentar hasta mil doscientas viviendas sociales y edificios públicos. Además, los invernaderos instalados en su azotea producen tres toneladas de alimentos al año, que se reparten entre organizaciones benéficas locales, cerrando así un círculo virtuoso de sostenibilidad urbana.

En Helsinki, Equinix opera el centro de datos conectado al primer proyecto mundial de calefacción urbana basado en calor residual. Desde entonces, la colaboración con el proveedor energético Helen ha ampliado el sistema a nuevos centros como HE3 y HE5, de lo que se han beneficiado miles de hogares en la capital finlandesa.

Un retorno medible

Este tipo de iniciativas reduce la dependencia de los combustibles fósiles (hasta trescientas cincuenta toneladas de emisiones de CO₂ por megavatio de calor reutilizado al año), al tiempo que contribuye a ahorrar agua y fortalece la resiliencia energética de las ciudades.

Heat Export no es una utopía tecnológica sino una realidad tangible que ya funciona en varias ciudades del mundo

Más allá del impacto medioambiental, el programa Heat Export ofrece un retorno económico claro. Según estimaciones internas y estudios de mercado, el recurso al calor residual puede reducir significativamente el consumo energético en un distrito urbano, dependiendo de la densidad de la red y la eficiencia del sistema. En algunos casos, los costes de implementación se recuperan en solo unos años, gracias al ahorro en combustibles fósiles y a los incentivos públicos para proyectos de eficiencia energética.

España: un potencial por desbloquear

En España, el potencial para desarrollar proyectos de Heat Export es enorme. Ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia o Bilbao presentan una alta densidad urbana, una infraestructura digital en expansión y una necesidad urgente de descarbonizar sus sistemas de calefacción. Sin embargo, aún se requiere una mayor coordinación entre los actores implicados: operadores de centros de datos, compañías energéticas, ayuntamientos y reguladores.

Equinix está plenamente comprometida a impulsar estas iniciativas en España. Ya exploramos oportunidades de colaboración con entidades locales para que el calor de nuestros centros de datos beneficie directamente a las comunidades en las que operamos.

Heat Export no es una utopía tecnológica sino una realidad tangible que ya funciona en varias ciudades del mundo. Pero, para que su impacto se multiplique, necesitamos más colaboración, más visión y más ambición.

Centros de datos en las redes de calefacción urbana
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