César Elvira

  • “La IA destruirá un 50% del empleo juvenil en los próximos cinco años”.
  • “España en crisis: la IA amenaza con eliminar casi nueve millones de empleos”.
  • “La inteligencia artificial ya diagnostica cánceres mejor que los expertos y amenaza el empleo de miles de médicos”.
  • “El FEM, Foro Económico Mundial, ya advirtió que, en los próximos cinco años, unos 92 millones de empleos podrían desaparecer debido a la adopción de la inteligencia artifcial”.
  • “La IA ya es capaz de sustituir el 98% de las tareas de algunas profesiones”.
  • “Tu competencia será un algoritmo sin familia, hipoteca, derechos laborales, que trabaja ya 24 horas al día”.
  • “Amazon, Meta, HP y otros gigantes, se deshacen de miles de trabajadores en una ola de destrucción creativa para explotar todo lo que ofrece la inteligencia artificial”.

He recogido algunos titulares, como ejemplos de los innumerables casos que aparecen a diario en los medios, para mostrar cómo construyen un relato y nos exponen a una narrativa sobre las inteligencias artificiales.

El uso del adverbio ya es demoledor y juega contra nosotros, humanos, haciendo que vivamos el presente entre la resignación y el miedo. Algunos titulares pecan de alarmistas. Se podría haber dicho: “Estas herramientas, gracias al aprendizaje automático, te ayudarán a ser más productivo”, o “Si bien las nuevas IA acabarán con empleos tradicionales y repetitivos, generarán más puestos de alta cualificación, para los que hay que prepararse”. Lo que se pierde en impacto se gana en precisión.

Se confunde la existencia de máquinas creativas con el uso creativo que hacemos de estas nuevas herramientas

Por otra parte, nada de esto es nuevo. Por poner solo un ejemplo de otra tecnología disruptiva, en 1900, el automóvil eliminó empleos relacionados con los carruajes, pero solucionó problemas como la crisis de la bosta de 1894 y creó nuevas ocupaciones.

Narrativa y relato

Las palabras que usamos a diario nos condicionan de un modo decisivo. La narrativa es tan importante como el relato. Tan relevante es el fondo como la forma. Se exagera con el fin de crear un titular llamativo que nos lleva a no abandonar la lectura. A veces se incluyen exageraciones, cuando no imprecisiones y hasta falsedades. Tampoco es infrecuente que el titular poco tenga que ver con el cuerpo del texto.

Técnicas viejas ante las cuales sigue sirviendo la vieja prudencia: preguntarse a quién beneficia lo que nos llega y cuál es su fin: divulgar, entretener, formar opinión, crear polémica, generar seguidores o servir de cebo (clickbaits) para incluir publicidad.

Un ejemplo del uso provocador del lenguaje: “Una IA pinta un cuadro como Rembrandt después de estudiar toda su obra”. ¿Las IA tienen talento y creatividad, o son rasgos de las inteligencias humanas (IH) que las han desarrollado? ¿Vulnera esto cualidades tan humanas como la creatividad, imaginación, inspiración e ingenio?

Inteligencia e ingenio

Esta última cualidad, el ingenio, se define como la facultad del ser humano para discurrir o inventar con prontitud y facilidad. Pronto y fácil, las IA calculan, pero no inventan. Inventar es la capacidad de hallar o descubrir algo nuevo o desconocido. Veamos cómo se construyen los relatos:

  • Igualar. Se presenta a la IA como un todo único, cuando, como sucede con las IH, hay infinidad de desarrollos, sistemas, algoritmos y modelos de autoaprendizaje.
  • Competir con la creatividad humana. Se podía haber dicho “un artista, utilizando algoritmos avanzados, replica un cuadro del maestro neerlandés usando una impresora 3D”. No hubo ningún robot manejando los pinceles.
  • Confrontar la IA contra la IH. Esto provoca temor a priori y luego oposición. La literatura y el cine tampoco ayudan. Novelas como 2001: Una odisea espacial de Arthur C. Clarke y la película homónima de Stanley Kubrick muestran los fríos sentimientos humanos de la computadora HAL9000.
  • Humanizar a las IA. Esperamos que estas imiten comportamientos, habilidades y patrones humanos, con virtudes innumerables y también con muchas carencias. ¿Es eso lo que queremos, una simple imitación, o algo realmente novedoso que permita explorar caminos diferentes para expandir nuestra propia inteligencia?
  • Protagonizar, colocando a las IA como sujetos de las frases para darles una autonomía que aún no tienen, opacando el mérito de sus brillantes programadores. “Según el FEM, se crearán 170 millones de nuevos empleos debido a la IA”.

Confundir

Otro ejemplo de competencia: “Inscriben a una IA en un concurso literario y queda finalista”. Leyendo noticias como esta, el resultado para los humanos, no solo para los escritores, es demoledor. Empequeñecimiento de su lento y costoso trabajo, e incluso, sensación pesimista y peligrosa de ser prescindibles. Las musas, que hasta hoy favorecían la creación, han muerto. ¿Tendrán sus musas las IA?

Se confunde la existencia de máquinas creativas con el uso creativo que los seres humanos hacemos de estas nuevas herramientas.

Más preocupante es también que responsables, encargados de regular y aplicar las IA en España, digan que una “OpenAI se rebela cuando la apagan”. Necesitamos regulación, sin duda, pero para hacerlo hay que saber de qué y cómo se habla. Las IA no se rebelan, no tienen conciencia ni voluntad propia y no se enfadan (carecen de ánimo y menos de ira o miedo) cuando las desconectas. Las IA se diseñan, programan, supervisan y entrenan para que nos den lo que les pedimos. Y los programadores las autoprotegen.

Lo último es tener a quien culpar si las cosas no van bien o tomamos medidas impopulares. Una noticia muy reciente indicaba que: “Si te han subido la factura de la luz, la culpa podría ser de la IA”. Tal cual. Nada tienen que ver los programadores, diseñadores y responsables públicos o privados de las empresas que toman la decisión. Si antes “la culpa fue del cha-cha-chá”, ahora es de la IA, permítanme la chanza.

La importancia del lenguaje

¿Cambiará nuestra forma de comunicarnos al interactuar con las innumerables IA que nos van a acompañar? Sin duda, pues, al igual que cualquier otro colectivo, sean médicos, abogados o informáticos, estas emplean también su propio lenguaje, a veces críptico para el profano. Con las IA ya sucede. Cuando me comunico con Alexa, el asistente virtual para consumidores de Amazon, he de iniciar diciendo su nombre antes de preguntarle.

Entonces ¿cómo le decimos a una IA lo que tiene que hacer? ¿Con palabras, hechos, instrucciones? Las palabras, a veces ambiguas, no precisan ni definen bien la realidad. Los hechos tampoco son un buen ejemplo, confunden y se malinterpretan. Las instrucciones, más frías, como un código o lenguaje de programación, son útiles para dar órdenes de acción, pero no para transmitir sentimientos, estados de ánimo o emociones, ni para apreciar la belleza de un texto, un sonido o una imagen.

La claridad del prompt, pregunta o instrucción que le hacemos a la IA para que genere una respuesta o realice una tarea es crucial.

Se confunde la existencia de máquinas creativas con el uso creativo que hacemos de estas herramientas

Necesitamos colaboración más que sustitución, cooperación más que competencia, debate más que confrontación, humanos apoyados en máquinas en vez de humanos contra máquinas y viceversa; o peor aún, humanos con máquinas contra humanos con otras máquinas. Debemos abandonar la competencia desleal entre las IH y centrarnos en la contribución, ayudados por las IA. Necesitamos responsabilidad, no titulares. Rigor y precisión, no alimentar mitos e inventar relatos; dejemos estos para las novelas de ciencia ficción. El lenguaje es clave.

¿Serán las IA el caballo de Troya de nuestro modelo actual de sociedad? ¿Colapsaremos como Roma ante la progresiva llegada de los bárbaros, que ya tenían dentro desde mucho tiempo atrás y a los que habían delegado todas las responsabilidades sin prestarles mucha atención?

Hemos progresado como nunca y en nuestras manos está hacerlo más y mejor, pues este progreso que hoy se nos brinda puede ser, a la vez, decadente e irreversible o espléndido y esperanzador.

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César Elvira
Formación: Físico. Profesión: Tecnologías de la Información en el sector Energía. Vocación: la Historia y los Libros, escribir algo y leer mucho.