
La presión por reducir costes operativos y garantizar la mejor experiencia posible al usuario no es algo nuevo, aunque seguramente la variable de la IA ha introducido un argumento de peso adicional. Es más, según la tecnológica Orizon, todo hace indicar que este 2026 será visto como un punto de inflexión para que las grandes organizaciones dejen de ver el rendimiento tecnológico como una cuestión puramente técnica para convertirse en una prioridad estratégica transversal.
Las empresas no solo se limitarán a medir el rendimiento, sino también a optimizarlo de forma continua
Para Ángel Pineda, CEO de Orizon, el rendimiento significa la diferencia entre unos costes controlados y una escalada imprevisible; una experiencia de usuario mala —o simplemente aceptable— y una experiencia excelente; y el cumplimiento o no de determinadas exigencias, tanto del negocio como de las fijadas por normativa.
De este modo, en 2026 las empresas no solo se limitarán a medir el rendimiento, sino también a optimizarlo de forma continua, incluyendo el mainframe y los entornos distribuidos, fundamentalmente en modelos híbridos y multicloud, cada vez más condicionados por las tecnologías de inteligencia artificial.
Bajo estas premisas, Orizon ha detectado una serie de tendencias que marcarán la evolución del rendimiento y la eficiencia TI durante los próximos meses, que van desde la ampliación del concepto de la observabilidad, hasta la extensión de la metodología DevPerOps o la consolidación de la figura del CPO (chief performance officer) con una función cada vez más reconocida.
Observabilidad
La primera de las tendencias tiene que ver con la ampliación del concepto de la observabilidad. Según Orizon, este aspecto debe evolucionar más allá del enfoque actual, en el que muchas organizaciones todavía realizan una monitorización basada en silos con múltiples herramientas APM (application performance monitoring).
Es cierto que esta monitorización aporta multitud de métricas, pero no el conocimiento específico para optimizar la eficiencia y el rendimiento del software de forma recurrente. La tendencia actual en este sentido se mueve hacia plataformas como BOA, que les permite contar con una visibilidad completa y trazabilidad desde el mínimo elemento software hasta su impacto global. Y, además, también capacidad de acción.
Datos e IA
En este sentido es importante destacar el enorme volumen de datos que se desprenden de las herramientas de observabilidad, aunque el verdadero valor solo aparece cuando se optimizar se correlacionan y se retienen. A este respecto, la plataforma BOA guarda un histórico mínimo de 25 meses, y es capaz de poner el foco en las métricas más relevantes.
Además, Orizon lanzó el pasado año el asistente BOA AI, basado en inteligencia artificial. Una de sus grandes ventajas es que ha sido alimentado con el conocimiento adquirido por la compañía en el desarrollo de más de ochenta grandes proyectos y, además, ha sido entrenado con más de 5000 recomendaciones de optimización. De este modo, BOA AI es capaz de dialogar con los responsables de tecnología en lenguaje natural y ofrecerles en tiempo real respuestas, diagnósticos y recomendaciones para detectar, prevenir y corregir ineficiencias.
Rendimiento y costes
Otra de las tendencias que han detectado tiene que ver con la unificación entre el rendimiento y los costes. Esto es algo que llega como consecuencia de la creciente presión para hacer más con menos, y pone sobre la mesa la necesidad de medir el rendimiento en términos de coste por transacción y eficiencia de recursos, tal y como promueve FinOps.
BOA, no solo permite identificar, sino también diagnosticar y resolver, y hacerlo en base a métricas técnicas y financieras
No obstante, según apunta Orizon, esta metodología —FinOps— puede resultar útil para controlar el gasto a alto nivel, pero no es suficiente para anticipar y eliminar los sobrecostes provocados por el mal rendimiento a nivel de los elementos del software. Por el contrario, su propuesta de valor, basada en la plataforma BOA, no solo permite identificar, sino también diagnosticar y resolver los problemas, y hacerlo en base tanto a métricas técnicas como financieras, que los CEO y CIO pueden consolidar en un mismo cuadro de mando.
DevPerOps y la figura del CPO
La tercera tendencia que se ha detectado para 2026 es la progresión que promueve la metodología DevPerOps, que consiste en extender la comprensión del carácter crítico del rendimiento teniendo en cuenta su comportamiento dinámico en producción. De este modo, se crean nuevos ciclos de desarrollo orientados a la optimización de aquellos elementos software que son ineficientes y que, además, tienen un alto impacto en los costes de las infraestructuras y en el performance del sistema.
En este punto, destaca también el desarrollo de una interesante evolución organizativa en el organigrama TI: la aparición o la consolidación de la figura del chief performance officer (CPO). Bajo este rol recae la responsabilidad de impulsar la eficiencia en infraestructuras, aplicaciones y experiencia digital, e incluye funciones como la de coordinar los equipos de TI, negocio y finanzas para garantizar que la optimización no sea un proyecto puntual, sino una disciplina sostenida en el tiempo.































