
La aplicación de la inteligencia artificial (IA) ofrece una ayuda incuestionable en la protección de todo tipo de activos, infraestructuras y datos. La ciberguerra ha pisado el acelerador, tanto en el ámbito geopolítico como en el empresarial, y la IA ya forma parte de esta y se usa en los dos bandos, nos guste o no.
Elegir un antivirus mejor o peor ha quedado para la historia, y los gigantes tecnológicos están tomando cartas en el asunto con planteamientos integrales y con herramientas de próxima generación para proteger la información de sus clientes. El objetivo es asegurar una protección de nuevo cuño en el propio corazón de los negocios.
Por un lado, teniendo en cuenta el importante número de ciberataques que se originan por errores humanos, uno de los conceptos básicos es la necesidad de impulsar la ciberseguridad a través de sistemas autónomos y con el uso de inteligencia artificial, que ayudará a prevenir problemas como los robos de identidad, el ransomware y otros múltiples tipos de ataque.
En cuanto a la seguridad a nivel de los datos, las mayores garantías vienen dadas por las bases de datos autónomas
Para que estas herramientas produzcan los resultados esperados en ciberseguridad, deben aplicarse con precisión teledirigida e impregnar los cuatro niveles clave de la seguridad: los datos, las aplicaciones, las redes y los usuarios.
Diques a múltiples niveles
En cuanto a la seguridad a nivel del dato, las mayores garantías vienen dadas por las bases de datos autónomas que, mediante sistemas de detección automática, son capaces de autogestionarse y autocorregirse. De hecho, gracias a los avanzados algoritmos de inteligencia artificial y machine learning (ML) integrados, su nivel de automatización les permite aplicarse parches de seguridad y actualizaciones sin tiempos de inactividad.
Esta autonomía permite evitar los errores humanos y hace que los datos sean mucho más seguros. De hecho, un importante número de aplicaciones ya se están migrando a este tipo de bases de datos.
Pero la seguridad en a nivel del dato no es suficiente para asegurar una protección empresarial global. También hay que trabajar en las aplicaciones, en concreto, en su programación. La integración de IA generativa y ML en entonos de desarrollo low-code —como APEX— permite que el código de las apps empresariales se genere con mayor fiabilidad y libre de errores.
Gracias a ello se pueden escribir aplicaciones más eficientes, seguras y fáciles de mantener, ya que la IA ayuda al desarrollador, evitando las vulnerabilidades de código.
Sistemas autónomos: reducir la complejidad

El tercer nivel de seguridad, el de la red, es especialmente complejo de abordar. La complejidad en su securización viene dada por el ingente volumen de elementos que componen la redes (routers, puertos, etc.) y porque asegurar su protección no puede ir en detrimento de su rapidez y estabilidad. Las últimas innovaciones para afrontar estos desafíos van encaminadas a separar la configuración de la red de su seguridad, de nuevo con la ayuda de la inteligencia artificial.
Soluciones como OCI Zero Trust Packet Routing aplican la IA en forma de robots inteligentes que se ocupan de chequear que los paquetes siguen la ruta determinada y no otra: por ejemplo, que van de una base de datos a una aplicación concreta. Esto permite garantizar la seguridad, y también mantenerla fácilmente si la aplicación se mueve a otra parte de la red o se añaden componentes. Se trata de un avance clave, en especial para los entornos multicloud hacia los que convergen hoy la mayoría de los sistemas de información empresariales.
El cuarto de estos niveles de seguridad está relacionado con el usuario, concretamente con su identificación. Una de las tecnologías clave en este ámbito, cuyo uso se extenderá en el futuro, es la autenticación biométrica. Este método irá sustituyendo la identificación por contraseñas, buscando reducir fraudes, robos de identidad y otros tipos de ataques.
La ciberseguridad ya es parte clave de la economía digital y su importancia seguirá creciendo en el futuro. Tecnologías como la inteligencia artificial son meras herramientas, beneficiosas o nocivas según en qué manos caen y la habilidad del que las maneja.





























