Microsoft popularizó el término Copilot, pero estamos asistiendo a un giro hacia los agentes autónomos
Es curioso, porque en Microsoft no siempre somos los mejores poniendo nombres, pero con Copilot creo que hemos acertado de lleno. El concepto nació con una misión clara: ser ese compañero de viaje. Con la llegada de la IA agéntica, lo que estamos viendo es una evolución de esa misma filosofía, pero aplicada a un espectro mucho más amplio de capacidades.
Quiero ser muy claro: el humano sigue estando en el centro; es el supervisor, el responsable de todo el proceso. No estamos hablando de que el profesional desaparezca, sino de un cambio en la naturaleza de la delegación. Hasta ahora, le hacíamos preguntas a un asistente; ahora, empezamos a delegar tareas que aportan poco valor añadido o que, sencillamente, un agente realiza mejor.
La empresa es quien debe mantener siempre las riendas de su información y de sus agentes
Hoy, el punto diferencial no está en trabajar con un único agente, sino la interacción con una serie de agentes interrelacionados. Estamos transitando por tres etapas: pasamos de una persona apoyada por un asistente a una que maneja diversos agentes con distintos niveles de complejidad y, finalmente, hacia los equipos mixtos de agentes y personas trabajando de forma coordinada.
En este nuevo ecosistema, las personas ya no se limitan a validar el resultado final, sino que gestionan el flujo entre agentes y aportan algo que la tecnología no tiene: juicio crítico, creatividad y visión estratégica. El éxito ya no se mide por el tiempo que se ahorra en una tarea puntual, sino por el impacto en el resultado final del negocio. De hecho, la conversación está dejando de ser puramente tecnológica para convertirse en una conversación de negocio.
Además, hay un impacto muy importante: la ruptura de los silos de inteligencia, llevándola a lo largo de todo el proceso operativo. Al añadir recursos digitales (agentes) junto al talento humano, la inteligencia deja de ser algo estanco para estar presente en cada fase del proceso.
Las empresas frontera —las que están liderando esta adopción—no ven a la IA como un simple apoyo, sino como un engranaje que permite repensar cómo distribuir los recursos. No es una cuestión de reemplazo, sino de aumentar el valor de lo que hace el profesional, permitiéndole dirigir una orquesta de agentes que ejecutan con una precisión y una escala que antes eran inalcanzables.
¿Qué es lo que cambia entre un modelo LLM estándar y la lógica de planificación que requiere la IA agéntica?
Esta cuestión toca el núcleo de lo que estamos construyendo. Un LLM es, en su esencia, un modelo de lenguaje puro. Su función es el intercambio de preguntas y respuestas; puede generar un resultado o incluso ejecutar una acción puntual si el comando es muy específico, pero carece de memoria operativa o del conocimiento profundo para la orquestación de un proceso completo.
Un agente utiliza al LLM como una pieza más de su engranaje, añadiendo capas de razonamiento y planificación sobre el modelo. Mientras que el LLM responde a un prompt, el agente es capaz de realizar acciones autónomas, tomar el contexto empresarial mediante conectores y, sobre todo, desglosar tareas complejas en pasos secuenciales para alcanzar un objetivo.
Para nosotros, la plataforma agéntica no es un bloque monolítico, sino un abanico que va de lo más sencillo a lo más complejo:
- Agentes preconstruidos (Copilot para M365). Aquí tenemos figuras como el researcher o el analyst. El usuario puede elegir el LLM adecuado para cada acción, buscando el que mejor se adapte a la tarea.
- Agent Builder (Copilot Studio Light), pensado para gestionar y crear agentes sencillos que ayuden en el día a día sin necesidad de conocimientos técnicos profundos.
- Copilot Studio (low-code). En este entorno ya orquestamos con mayor profundidad utilizando generalmente GPT, pero abriéndonos a otros modelos según la necesidad.
- Azure AI Foundry (pro-code). Aquí entramos en el terreno de las operaciones críticas. Hablamos de acceso a más de 11.000 modelos para que los desarrolladores creen agentes capaces de transformar procesos estructurales.
Se trata de pasar de una inteligencia que “sabe cosas” a una que “hace cosas” de forma orquestada, conectándose a los sistemas legacy, al ERP o al CRM de la compañía para que la ejecución sea real y no solo teórica.
¿Qué papel juega la IA agéntica en la estrategia global de Microsoft?
Es un pilar estratégico absoluto para Microsoft. No es un añadido, es el núcleo. Si bien nuestra apuesta inicial con Copilot se centró en los asistentes de IA, ahora estamos volcados en la evolución hacia una relación puramente agéntica que no solo afecta al puesto de trabajo, sino a los procesos estructurales de las organizaciones.
Esto es básico porque para nuestros clientes también lo es. Si analizamos nuestro último Work Trend Index, los datos son reveladores. Estas compañías que denominamos empresas frontera reportan una capacidad de adaptación a los cambios del 71%, frente a un 37% de la media global. La diferencia es abismal.
Por otra parte, aunque hay cierto temor a que el agente le quite el sitio al humano, los datos de estas empresas frontera dicen algo distinto: sus empleados no sienten riesgo, sino que perciben que la IA les permite avanzar más rápido e incrementar la brecha competitiva respecto a sus rivales. La percepción de amenaza es mucho mayor en las empresas que no están probando la tecnología que en aquellas que ya conviven con ella.
Se trata de pasar de una inteligencia que «sabe cosas» a una que «hace cosas» de forma orquestada
Como decía Satya Nadella recientemente, nuestra propuesta se resume en una frase: inteligencia a través de la confianza. En el mercado hay una obsesión con los modelos, pero el modelo en sí no es lo que marcará la diferencia. Lo que realmente importa es cómo alimentamos esos modelos con datos seguros, manteniendo la privacidad, la gobernanza y la observabilidad.
Ahí es donde Microsoft es diferencial: no solo damos potencia, damos confianza. La IA ha venido a “descubrir las costuras” de muchas empresas que digitalizaron información sin etiquetarla ni catalogarla. Por eso, nuestra base es irrenunciable: sin seguridad y privacidad, la IA no tiene recorrido. Los dos activos más grandes de cualquier empresa son su gente y su información, y nuestra estrategia es proteger ambos mientras los potenciamos con agentes.
¿Están las empresas preparadas para este nivel de exposición de sus datos?
Esta es la pregunta del millón. Todas las empresas han tomado buena nota de lo que ocurrió cuando llegó Copilot: en ese momento empezaron a ver que, en muchos casos, la información corporativa no estaba debidamente protegida o gobernada.
El problema no es la IA. El problema no es que un modelo de lenguaje acceda a información que no deba; sino que la infraestructura de políticas de acceso de la empresa ya era deficiente. Si tú tienes configuradas correctamente tus políticas de acceso y privacidad dentro de tu tenant de Microsoft 365, la IA generativa y los agentes van a respetar escrupulosamente esos límites.
Cuando un usuario le pide algo a un agente, el sistema valida quién es el usuario, qué información solicita y qué permisos tiene asociados. Si el usuario no tiene permiso, el agente tampoco lo tendrá. Lo que aportamos como plataforma es un ecosistema que hereda y respeta el modelo de protección de la información que el cliente ya tiene.

¿Cuál es mi recomendación en estos casos? Hay que empezar por poner orden en casa. No se puede construir una estrategia agéntica sobre un caos de datos, porque puedes estar exponiendo el activo más diferencial de tu empresa junto con sus personas: su información.
Para este proceso de limpieza y control, ofrecemos herramientas específicas como Microsoft Purview para la protección, etiquetado y catalogación de la información; o Copilot Control System, que permite tener visibilidad sobre quién accede a qué y monitorizar la actividad de los asistentes y agentes.
Si antes ya era complejo gestionar la información, ahora la complejidad se multiplica, pero también la necesidad. No se trata solo de evitar filtraciones, sino de crear un marco de extensibilidad con control. En Microsoft creemos que la base de privacidad, seguridad y observabilidad es irrenunciable; es el cimiento sobre el que se construye todo lo demás.
¿Cómo se garantiza que estas acciones autónomas cumplan con las políticas corporativas y el marco legal vigente?
La inteligencia no tiene sentido si no va multiplicada por la confianza. Por eso, cualquier desarrollo de IA tiene que ser confiable desde el diseño (Trust by Design). Este principio aplica a cualquier producto que Microsoft pone en el mercado, ya sea para una empresa del Ibex 35 o para una pyme.
Esto no es un eslogan; se traduce en principios de IA responsable que están en el núcleo de cada producto: equidad, seguridad, fiabilidad, inclusión, transparencia y responsabilidad. De hecho, preferimos retrasar el lanzamiento de un producto antes que comprometer uno solo de estos principios. Si la base del diseño no es segura, el producto no sale.
En cuanto a la trazabilidad, es fundamental entender que la IA agéntica no puede ser, bajo ningún concepto, una “caja negra”. Las organizaciones necesitan —y deben— tener un control pleno. Esto implica:
- Supervisión y auditoría continua. Debemos poder identificar qué está haciendo una persona, qué hace en colaboración con un agente y qué hace un agente por sí solo en cada fase del ciclo de vida de la herramienta.
- Políticas personalizables. Aunque ofrecemos capas de seguridad por defecto, cada empresa debe poder monitorizar o limitar la actividad de la IA en función de sus propias normas corporativas. No todas las organizaciones tienen el mismo apetito de riesgo o las mismas regulaciones.
Hay que elevar la gobernanza de la IA al mismo nivel de relevancia que las políticas de ciberseguridad. Todo lo que haga un agente debe ser seguro, transparente y auditable.
Nuestra labor es dar las herramientas para que cada organización defina qué acciones puede realizar un agente, quién puede crearlos, qué datos procesan y cómo se monitoriza todo el flujo. Se trata de poner un marco de gobierno serio a una tecnología que ya es el presente de nuestros clientes.
Y es cuando surge el reto de la gestión y orquestación…
Esto no es una simple tendencia; es una avalancha. IDC apunta que, para 2028, circularán más de 1300 millones de agentes en todo el mundo. ¿Cómo se controla todo esto?
La respuesta de Microsoft es tratar a los agentes como recursos digitales que trabajan codo con codo con las personas, y dotarles de una identidad digital clara. Al igual que un empleado, un agente debe estar identificado, debemos saber con quién puede trabajar, a qué información puede acceder y, sobre todo, qué está haciendo en cada momento.
La conversación está dejando de ser puramente tecnológica para convertirse en una conversación de negocio
Esto va a derivar en un marketplace de agentes, donde convivirán soluciones de Microsoft con otras de terceros y protocolos diversos. Por eso, recientemente anunciamos Agent 365: una plataforma unificada para la observabilidad, gobernanza y seguridad de los agentes. Se trata de integrarlos en la misma infraestructura de seguridad y autenticación con la que ya gestionan a sus usuarios humanos, detectando incluso comportamientos anómalos.
Es el momento de dar pasos rápidos, pero con cabeza. Como decía el anuncio, la potencia sin control no tiene sentido. Además, hay que evitar que las empresas caigan de nuevo en el error de las islas de orquestación, fragmentando la inteligencia. La visibilidad y el control centralizado es lo que permite que esa potencia tecnológica se traduzca en beneficio real sin exponer a la organización a riesgos innecesarios.
¿La IA agéntica se desarrollará en la nube o en local?
Me encantaría tener una bola de cristal… Lo que sí tenemos claro hoy es el poder de nuestra nube: Azure. Aunque hay empresas que, por su naturaleza, prefieren entornos on-premise o nubes privadas, la realidad es que la potencia que ofrece la nube pública es, hoy en día, inigualable por sistemas locales.
Dicho esto, estamos convencidos de que las plataformas agénticas se desarrollarán en entornos híbridos. No es una elección excluyente. Estamos viendo una nueva generación de dispositivos, como los Copilot+ PC, que incorporan unidades de procesamiento neuronal (NPU) diseñadas específicamente para IA. Yo mismo utilizo una Surface Pro X y este tipo de hardware permite que la IA se acelere localmente.
La clave es la consistencia: los principios de seguridad y privacidad que rigen en la nube deben regir igual en el dispositivo, estar bajo el mismo paraguas de control y gobernanza.
Este enfoque híbrido es, precisamente, lo que alimenta y da respuesta al concepto de soberanía digital en Europa. Muchas compañías europeas necesitan mantener determinadas cargas de trabajo localizadas, ya sea por cumplimiento regulatorio, por una preferencia estratégica o por normas del sector. Nuestra propuesta permite esa flexibilidad: el cliente puede elegir qué procesa en la nube pública de Azure —aprovechando nuestras regiones de datos en España o en la Unión Europea— y qué prefiere ejecutar en local.
No prevemos una lucha entre nube y local, sino una cohabitación. Nuestra misión es ofrecer una plataforma que sea híbrida pero soberana a la vez, donde la nube y el dispositivo trabajen de la mano. En última instancia, la empresa es quien debe mantener siempre las riendas de su información y de sus agentes; ellos son los que mandan sobre su infraestructura.
¿Cómo evolucionarán las estructuras corporativas?
Más allá de las cifras que ofrecen diversos analistas, lo que sí te puedo asegurar es que los agentes van a ser omnipresentes y estarán integrados en la lógica de casi cualquier proceso o función.
Llegaremos a un punto en el que acudir a un agente para realizar una tarea será algo tan natural y sencillo como hoy es abrir Outlook o Teams. Vamos a convivir en un ecosistema donde habrá agentes para todo: propios, compartidos por compañeros, corporativos e incluso agentes de terceros adoptados por la organización.
La empresa es quien debe mantener siempre las riendas de su información y de sus agentes
Esto nos lleva a un escenario de interacción total: personas hablando con agentes, agentes coordinándose entre ellos y atendiendo directamente a clientes. Pero esto no significa que el humano desaparezca. Al contrario, el profesional es quien gobierna todo el proceso.
Estamos entrando en la era de la Empresa Aumentada. Aquí el éxito no se mide solo por ahorrar tiempo o incrementar la productividad; el impacto debe verse en los KPI de negocio. La IA agéntica permite que la innovación, la agilidad y la capacidad de decisión lleguen a la base de todo: desde el marketing hasta la relación con proveedores.
En este entorno los valores humanos —el pensamiento crítico, la empatía, la creatividad y la toma de decisiones estratégicas— seguirán siendo insustituibles. Me gusta utilizar la analogía del director de orquesta: los agentes son los músicos que tocan los instrumentos con una precisión técnica asombrosa, pero la sinfonía, la composición y el sentido de la obra dependen exclusivamente de la persona.
En este nuevo paradigma, el único que se está quedando atrás es el que decide no intentarlo
Las organizaciones que mejor se adapten no serán las más potentes tecnológicamente, sino las más ágiles, flexibles y líquidas. Aquellas que sepan transformar sus procesos y tengan la visión estratégica para integrar estos “recursos digitales” con el talento humano.
Por supuesto, quedan enigmas por resolver: ¿Cómo mediremos el ROI de un agente? ¿Quién los gobernará? ¿TI, Negocio o una nueva figura de responsable de “Recursos Digitales” que trabaje junto a la de Recursos Humanos?
Mi recomendación final: no hay que tener miedo. Hay que empezar a probar, siempre bajo guardarraíles de seguridad y privacidad, pero empezar ya. En este nuevo paradigma, el único que se está quedando atrás es el que decide no intentarlo.
































