La adopción de agentes de IA avanza a gran velocidad impulsando un cambio de paradigma en la forma de operar y generar valor. Estos sistemas cognitivos, más allá de simples asistentes o copilotos, están preparados para redefinir la forma de tomar decisiones, coordinar equipos humanos y escalar la innovación en empresas y administraciones públicas. En 2025, este potencial será ya una realidad tangible.
Los asistentes tradicionales, como chatbots o copilotos, responden principalmente a instrucciones directas. En cambio, los agentes de IA operan con objetivos propios, aprendiendo y adaptándose en cada interacción y, además, interactuando con otros agentes de IA. Esta evolución convierte a la IA en un actor capaz de coordinar tareas, asumir responsabilidades y colaborar con otros agentes y personas para alcanzar metas de negocio.
Por ejemplo, en el sector bancario, un agente de IA puede orquestar la aprobación de préstamos analizando información financiera en tiempo real y coordinando de forma automática la respuesta entre diversos departamentos. Mientras tanto, en el sector de la salud, un sistema multiagente puede gestionar la logística de quirófanos, las agendas médicas y el seguimiento posoperatorio de pacientes.
El desafío principal no es únicamente de carácter tecnológico. El éxito de esta nueva generación de sistemas lo determina su integración en el modelo operativo, organizativo y cultural. Nos enfrentamos a un cambio de paradigma: pasar del diseño de procesos a la orquestación de capacidades distribuidas, del control centralizado a la autonomía inteligente, de procesos “cableados” a otros contextualizados y, en definitiva, de la transformación a la reinvención continua.
Hacia la agencialidad
Los agentes de IA no son simples asistentes digitales que automatizan tareas. Son entidades con objetivos definidos que ejecutan operaciones sin necesidad de intervención humana constante y colaboran en red con otros agentes y personas. Esta evolución requiere una arquitectura “agéntica” en la que humanos y agentes compartan lo que en Accenture denominamos plataforma cognitiva, que actúa como base para toda la organización al integrar las plataformas operacionales y analíticas existentes.
Esta plataforma cognitiva —compuesta por datos estructurados y no estructurados, modelos analíticos avanzados, interfaces conversacionales y herramientas operativas— permite diseñar “sistemas de agentes” especializados en dominios de negocio que planifican, razonan y actúan en función de eventos relevantes. Es un nuevo campo de juego donde humanos y agentes de IA colaboran para alcanzar objetivos compartidos.
El uso de agentes de IA no es una moda pasajera: se convertirá en la infraestructura de las organizaciones en la próxima década
Por ese motivo, la adopción de agentes de IA exige algo más que tecnología: requiere una transformación profunda del modelo operativo. Todo empieza por la organización, que debe evolucionar hacia equipos híbridos de humanos y agentes, con nuevos roles como entrenadores de IA, supervisores de modelos o responsables del ciclo de vida de los agentes.
Después vienen los procesos, que dejan atrás los flujos lineales para dar paso a mecanismos distribuidos, basados en eventos y orientados a objetivos. A continuación, es imprescindible repensar la gobernanza y el uso responsable de la IA, estableciendo consejos de supervisión ética, mecanismos de trazabilidad de decisiones y protocolos de intervención humana.
Finalmente, están las competencias: el sistema solo funcionará si se desarrollan capacidades clave como la supervisión, la interpretación de modelos y el diseño responsable de experiencias de usuario basadas en IA.
Implementación gradual
El despliegue de estos agentes no es un proceso binario, sino incremental. A corto plazo, se recomienda lanzar una movilización inmediata con el despliegue de asistentes básicos de IA, la adopción de herramientas conversacionales, la formación en técnicas de prompting y la adquisición y puesta a disposición de datos relevantes relacionando la información estructurada con la no estructurada, manteniendo la visión histórica de las principales entidades de datos.
A medio y largo plazo, se deben transformar progresivamente los dominios de negocio, conformando equipos humano-agente con roles definidos y, finalmente, conectar los ámbitos más vinculados a la generación de ingresos con los más operativos.
Este enfoque escalonado permite gestionar riesgos, crecer de manera sostenible y asegurar que la adopción esté alineada con la capacidad organizativa y cultural de cada organización.
Confianza como infraestructura invisible
El elemento diferenciador no es cuánto automatiza un agente, sino el grado de confianza que las personas depositan en él. Esta confianza se construye desde dos dimensiones: la emocional, para tener la percepción de que el agente “está de nuestro lado”, y la cognitiva, donde está la evidencia de que el agente actúa con competencia y consistencia.
Para establecer y mantener la confianza, es fundamental la transparencia en la toma de decisiones, la auditoría de resultados y la supervisión humana constante. Por ejemplo, ofrecer explicaciones claras de cómo se ha llegado a una recomendación permite a los usuarios entender la lógica subyacente y corregir posibles sesgos. Paralelamente, disponer de procesos de intervención humana es un factor esencial para garantizar la ética y la responsabilidad. La confianza no surge de manera espontánea: es una condición estructural para escalar esta tecnología.
Los agentes de IA representan una nueva forma de estructurar la acción organizativa. Funcionan como extensiones cognitivas de los equipos, asumen la complejidad contextual, aceleran la toma de decisiones fundamentadas y permiten la ejecución de tareas en paralelo, incluso entre silos funcionales. Pero, sobre todo, obligan a las organizaciones a replantearse el diseño de roles, la medición de resultados y la definición de valor.
El verdadero reto, por tanto, es cultural y organizativo. Las empresas que comprendan este hecho y empiecen a construir desde hoy su plataforma cognitiva estarán en una posición destacada para liderar la economía del futuro. La IA basada en agentes no es una moda pasajera: se convertirá en la infraestructura de las organizaciones en la próxima década.
Queda mucho por descubrir
En este 2025, en Accenture contaremos con más de cien soluciones por industria y función a través de nuestra plataforma AI Refinery. Sin embargo, todavía existen numerosas incógnitas por despejar, como los protocolos emergentes de interoperabilidad entre agentes, el modo en que estos se interrelacionarán con distintas herramientas y datos, la evolución de las interfaces de usuario que combinen conversaciones con visualizaciones dinámicas o el impacto en la infraestructura y en el núcleo digital de las compañías cuando la inferencia a gran escala se aplique a sistemas de misión crítica.
Nos encontramos ante una transformación inevitable y apasionante. Las empresas que decidan empezar hoy a construir y escalar sus capacidades cognitivas obtendrán una ventaja competitiva difícil de igualar en un entorno cada vez más conectado y colaborativo.































