El potencial de la inteligencia artificial (IA) para transformar los negocios y aumentar la eficiencia es innegable. Sin embargo, en general, las organizaciones todavía no están consiguiendo una repercusión real de esta tecnología. Un enfoque más estratégico, la búsqueda de sinergias y el establecimiento de prioridades, así como de una hoja de ruta ajustada a cada compañía, son imprescindibles para conseguir un auténtico cambio.

José Antonio LozanoEstá siendo una auténtica revolución. Compañías de todo tipo de sectores están incrementando cada vez más su apuesta por la implantación de soluciones de inteligencia artificial (IA) que contribuyan a optimizar sus operaciones y a mejorar su posición competitiva en un mercado en plena ebullición.

En un escenario como el actual, en el que las transformaciones suceden a una velocidad vertiginosa, los responsables de las organizaciones no quieren quedarse atrás a la hora de explorar el salto en productividad y eficiencia que supone esta tecnología. Más allá de las pruebas de concepto que se han puesto encima de la mesa, la realidad de este contexto es que todavía queda mucho camino por recorrer y que cada vez es más necesario ampliar los esfuerzos para conseguir una adopción amplia de la IA.

De hecho, tal y como apunta un reciente estudio de la consultora Deloitte, únicamente el 3% de los directivos consultados considera que su compañía esté realmente preparada para alcanzar un cambio significativo con los planes que tiene encima de la mesa respecto a la inteligencia artificial.

Una visión estratégica

Muchas empresas acometen pequeños proyectos que quedan relegados a una fase experimental y no cristalizan en un alcance tangible para el conjunto de la organización, ya que no cuentan con un enfoque amplio y estratégico. La implantación de tecnologías como la IA generativa no debe suponer solo la introducción de técnicas y soluciones innovadoras, sino también un cambio en la cultura de la empresa. Por ello, la transformación debe iniciarse en la dirección y trasladarse al resto de los equipos.

Sin embargo, según el nombrado estudio de Deloitte, ocho de cada diez directivos tienen conocimientos escasos o mínimos en materia de inteligencia artificial. No es necesario que se conviertan en grandes expertos técnicos, pero sí necesitan comprender el ecosistema tecnológico para tomar decisiones informadas y acertadas.

En lugar de percibirse solo como una herramienta tecnológica, la IA debe situarse como motor de transformación

Mantenerse al día de los incesantes cambios tecnológicos requiere de una visión global del mercado, de contemplar las soluciones que han implantado otras organizaciones de su sector y de conocer qué está funcionando y qué se puede mejorar.  En esta tarea, resulta indispensable poder disponer de un asesoramiento experto.

Más allá de ser conscientes de las posibilidades de la inteligencia artificial, es esencial definir cuáles son los proyectos más relevantes para cada negocio. En lugar de percibirse como una herramienta tecnológica más, la IA tiene que situarse como motor de transformación. La puesta en marcha de un proyecto de estas características debe contener, por tanto, un elevado componente estratégico, a través de la detección de los casos de uso más adecuados, así como del análisis de posibles riesgos. 

Sinergias y escalabilidad

Es importante priorizar aquellas soluciones que supongan un mayor retorno y logren un impacto tangible. Las unidades de negocio deben identificar qué beneficios quieren trasladar al conjunto de la organización, ya que, si se inician proyectos aislados sin una hoja de ruta clara, no se alcanzará un impacto real.

IA motor de transformaciónResulta recomendable, por tanto, comenzar incidiendo en aquellos casos o procesos que más repercusión pueden generar, con el objetivo de escalarlos lo antes posible. Además, esto permitirá obtener una visión de aquello que funciona para trasladarlo a otras propuestas.

Pero, en lugar de abordar esos casos de uso de forma independiente, su desarrollo e implementación requiere buscar sinergias para impulsar las diferentes aplicaciones a través de un solo acelerador. Acometer los proyectos de forma conjunta, bajo el paraguas de una misma solución, tiene efectos positivos en su posterior implantación. En cambio, si se afronta cada proyecto por separado, los usuarios tendrán que adaptarse a cada una de las soluciones, lo que supone un mayor esfuerzo para que adquieran los conocimientos necesarios y estén capacitados.

A ello se suma que tendrán que emplear más tiempo en moverse por los diferentes entornos, en comparación con un entorno unificado. Además, una visión conjunta de los proyectos también favorecerá la escalabilidad, ya que estos crecerán en eficiencia a medida que va aumentando su volumen y sus capacidades.

Hoja de ruta de la IA

Con la estrategia de IA adecuada, no solo se ahorrarán costes operativos, sino que se optimizarán los recursos humanos al liberar a los equipos de TI de tareas rutinarias para que puedan centrarse en la innovación. De hecho, gracias a la automatización de tareas repetitivas se consigue aumentar un 28% la satisfacción de los usuarios.

Sin embargo, durante este proceso, en muchas ocasiones existe cierta precipitación a la hora de buscar resultados inmediatos o de marcar expectativas no ajustadas a la realidad. De ahí la relevancia de establecer unos KPI concretos y medibles sobre qué es lo que realmente necesita la compañía.

Para superar las barreras que suelen encuentrar las organizaciones, en Tokiota apostamos de forma firme por el establecimiento de un rumbo claro, de una hoja de ruta que se ajuste a las necesidades de cada sector. Algo que resulta crucial para evitar la aparición de errores en el proceso.

Es innegable que tecnologías tan incipientes y disruptivas como la IA conllevan un determinado grado de incertidumbre y de probabilidad de error, pero, a través de un trabajo desde la dirección de la organización, sumado al expertise técnico en tecnología, se consigue prevenir la aparición de fallos y disminuir su impacto en caso de que se produzcan.

Una transformación real de una compañía a través de la IA necesita del cambio hacia una visión más holística y pragmática

Además de establecer ese plan estratégico, es también muy importante capacitar a los trabajadores para que sean conscientes del valor en los resultados y perciban las soluciones tecnológicas como una oportunidad en lugar de una amenaza.

Esa capacitación y formación en el manejo de herramientas tecnológicas va a resultar cada vez más transversal e inherente a los diferentes equipos. A ello contribuye, además, la creación de una estructura que permita compartir conocimiento y fomentar la colaboración entre departamentos.

Asimismo, una de las mejores prácticas es la creación de un equipo ejecutivo dentro de la empresa que lidere el cambio y que asegure que la IA generativa sea un factor estratégico clave para el crecimiento y la competitividad.

En paralelo, y en cada fase del proceso, se debe contemplar un factor determinante: la ciberseguridad. Si se establecen paneles de control, los expertos tendrán la capacidad de evaluar el grado de confianza de las soluciones, lo que prevendrá posibles amenazas y detectará brechas que puedan producirse.

En definitiva, una transformación real de una compañía a través de la IA necesita del cambio hacia una visión más holística y pragmática. Una visión que permita, en lugar de interpretar pequeñas y aisladas melodías, materializar una obra coral de toda la orquesta.

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