La deep tech representa avances científicos e ingenieriles que abordan desafíos globales a través de tecnologías que abarcan desde IA avanzada y computación cuántica hasta biotecnología, robótica, nanotecnología y sistemas de energía limpia; y tienen el potencial de transformar industrias y crear mercados completamente nuevos. Sin embargo, para las startups el camino está lleno de desafíos únicos, incluyendo largos ciclos de desarrollo, fuertes inversiones iniciales y riesgos técnicos significativos en comparación con los emprendimientos tradicionales.
De hecho, las startups de deep tech conllevan períodos de desarrollo más extensos y enfrentan más necesidades de investigación y desarrollo antes de lograr una relación adecuada entre producto y mercado. Pueden llegar a necesitar hasta un 35% más de tiempo y un 48% más de financiación para comenzar a generar ingresos: el tiempo para alcanzar la Serie A en deep tech se prolonga 18 meses más de media que en el sector del software.
Esto conlleva que los fundadores y sus inversores lidian con una mayor dilución y trayectorias de crecimiento que exigen más capital. Además, los equipos suelen proceder de contextos académicos o científicos que, aunque ofrecen la experiencia técnica necesaria, a veces carecen de habilidades comerciales para escalar de manera efectiva.

Startups de deep tech
Los startups de deep tech también enfrentan un alto riesgo tecnológico, debido a que las innovaciones de vanguardia no siempre operan como se espera, lo que añade otra incertidumbre a su proceso de comercialización.
Uno de los principales retos de estas startups es superar el periodo denominado el Valle de la Muerte de la Innovación, una fase crítica que se encuentra entre la investigación inicial y la viabilidad comercial, y a menudo es donde se agotan los recursos financieros. Los inversores privados (capital riesgo) suelen mostrarse reacios a invertir en esta etapa debido a la incertidumbre y los plazos para validar la tecnología y conseguir su aceptación en el mercado.
Como consecuencia, muchas empresas de deep tech con un gran potencial tienen dificultades para obtener fondos. En Europa, gran parte del capital riesgo destinado a deep tech en las fases de presemilla (0-1 millones de euros), semilla (1-4 millones de euros) y Serie A (4-15 millones de euros) proviene de inversores nacionales, lo que provoca una notable falta de financiación para las startups que buscan escalar.
La relevancia de Europa
A pesar de los retos, Europa se encuentra en una gran posición para convertirse en un líder global en deep tech. En 2023, las inversiones de capital riesgo superaron los 10.000 millones de euros para startups de deep tech en fases iniciales, lo que significa un creciente interés en fomentar innovaciones.
Europa cuenta con una sólida base de investigación, albergando seis de las veinte principales instituciones de ciencias a nivel mundial, también posee un grupo destacado de graduados en STEM, casi 1,5 veces superior al de Estados Unidos.
Además, destaca en la protección de la propiedad intelectual, registrando más de 193.000 patentes en 2023 a través de la Oficina Europea de Patentes (EPO), de las cuales, un gran número están relacionadas con la innovación tecnológica avanzada en deep tech. La percepción pública es muy positiva, con un 90% de los europeos reconociendo el impacto benéfico de la ciencia y la tecnología en la sociedad.
A pesar de los retos, Europa se encuentra en una gran posición para convertirse en un líder global en deep tech
Aquí es donde la financiación pública, como el Acelerador del Consejo Europeo de Innovación (European Innovation Council (EIC) Accelerator), se vuelve vital. Mientras que el capital riesgo privado suele centrarse en startups con retornos más rápidos, el EIC se dirige a empresas de deep tech en el Valle de la Muerte de la Innovación. Ofrece hasta 17,5 millones de euros en una combinación de subvenciones y capital para ayudarlas a superar las brechas de financiamiento, validar sus tecnologías y escalar hacia la comercialización.
Desde 2021, el EIC ha otorgado más de 4000 millones de euros a 631 empresas, abordando la brecha de financiación que existe en esta etapa crítica de desarrollo. Al reducir el riesgo, hace que estas empresas sean más atractivas para el ámbito privado, ayudándolas a asegurar inversiones en etapas posteriores y evitar la estagnación.
Además, la Comisión ha lanzado recientemente una Red de Inversores de Confianza (Trusted Investors Network) dispuestos a coinvertir en empresas innovadoras de deep tech en Europa junto con la UE.































