En la última década, la inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa futurista para convertirse en una urgencia para las empresas de cualquier sector. La tecnología avanza de manera vertiginosa y es un elemento muy importante de la transformación que actualmente nos arrolla, pero los resultados demuestran que el mero despliegue tecnológico resulta insuficiente.

Antonio RodríguezUn análisis honrado de la realidad nos enfrenta a un hecho llamativo y, en ocasiones, preocupante: la mayoría de los proyectos de IA están fracasando o no alcanzan el valor esperado; diversos estudios llegan a situar en un 75% la tasa de fracaso de los proyectos relacionados con la implantación de inteligencia artificial.

Las razones son múltiples: visión poco realista, ejecución deficiente, débil gestión del cambio, falta de un objetivo claro de negocio… Pero detrás de todas ellas está el ser humano; porque las personas, al menos hasta ahora, somos los sujetos, la parte activa, de todas las transformaciones. Cuando la tecnología se implementa a nuestras espaldas, los resultados tienden a ser pobres, los equipos responden con escepticismo y se genera una resistencia cultural difícil de revertir.

No son extraños los casos en los que esta resistencia se lleva al extremo y son los propios empleados quienes boicotean el proyecto, por ejemplo, adulterando los datos utilizados para entrenar los modelos.

¿El resultado? Grandes inversiones en plataformas avanzadas y herramientas sofisticadas que quedan reducidas a proyectos piloto eternos o que no pasan de automatizar tareas sin replantearse el proceso, o que quedan al margen de los modelos de operación, o en manos de personas que deben interactuar con esas soluciones inteligentes sin saber cómo ni por qué. La consecuencia es una brecha entre el potencial de la inteligencia artificial y el valor que realmente crea para empleados, clientes y negocio.

Claves para evitarlo

Reflexionar sobre algunos aspectos esenciales puede evitar errores a la hora de implantar la IA en una organización:

  • Alineamiento estratégico. Hay que comenzar por lo evidente pero a menudo olvidado: la inteligencia artificialno debe ser un fin en sí misma, sino estar al servicio de la estrategia de la compañía. Debe ser un medio más para llevarla a cabo.
  • Integración en los procesos. Automatizar por la simple posibilidad técnica, sin repensar el proceso en su conjunto, lleva a muchas compañías a hacer muy bien y muy rápido lo que no deberían o necesitarían hacer. Por tanto, como paso previo a la implantación de una solución de IA, debería analizarse el proceso e identificar qué casos de uso ayudarían a su mejora, cuál es el impacto de estos y cómo integrarlos en su operación. El objetivo debe ser convertir la solución de inteligencia artificialen un componente más del proceso, y no en un artefacto exógeno.
  • Rediseño de procesos. No obstante, en algunos casos seguimos optimizando procesos que fueron originalmente diseñados para que los ejecutaran humanos. Llega el momento de rediseñar los procesos “agentizables” —esto es, que pueden ser mayoritariamente ejecutados por agentes de IA— teniendo en cuenta las capacidades que la IA ofrece en comparación con las personas.

    Superar la actual ola de fracasos en proyectos de IA requiere repensar la función de las personas

  • Los agentes de inteligencia artificial pueden gestionar simultáneamente múltiples flujos de datos y puntos de decisión que los seres humanos tendrían que procesar de forma secuencial. Un ejemplo de este tipo de procesos es aquel en el que un cliente solicita un producto o servicio, como una tarjeta bancaria. Con unas reglas claras, un conjunto de agentes especializados es capaz de recabar la información necesaria y efectuar en paralelo las validaciones que de otra manera realizaría de manera secuencial cada uno de los departamentos involucrados (atención al cliente, riesgos, etc.). Este tipo de proceso debe rediseñarse desde cero, dejando al margen la secuencia lógica del enfoque tradicional.
  • Gobernanza y autoridad compartida. La toma de decisiones en el futuro será híbrida, compartida entre humanos y agentes inteligentes. Esta toma de decisiones, que debería ser siempre en el ámbito operativo y nunca en el del gobierno, debe seguir en manos de las personas. Además, necesita de una redefinición de responsabilidades y una clara asignación de autoridad para que la nueva realidad funcione.
  • Cultura y modo de trabajo. La introducción de la IA requiere un cambio cultural profundo. Los empleados, lejos de ser reemplazados, deben evolucionar junto con la tecnología y participar activamente en su adopción. Humanos y agentes convivirán en un futuro inmediato y los primeros deben prepararse para este momento.
  • Formación y desarrollo de habilidades. La falta de un enfoque sistémico para dotar a la organización de las capacidades necesarias limita cualquier esfuerzo transformador. Las personas deben adoptar la inteligencia artificial en sus puestos de trabajo y esta adopción será distinta y de diferente intensidad en cada caso. A la hora de utilizar la IA, cada cual tiene unas capacidades y una voluntad que van más allá de la edad o del rol que ocupe en la empresa.

¿Cómo hacerlo entonces?

Invertir en inteligencia artificial implica replantear la función humana en las organizaciones. El reto no es solo tecnológico, sino integral: ¿cómo creamos una organización donde equipos autónomos de personas y agentes inteligentes colaboran, comparten autoridad y responsabilidad, y cocrean valor juntos?

El éxito futuro descansa en el diseño de modelos organizativos y procesos donde la sinergia entre humanos y máquinas sea estructural, y donde se potencien —no suplanten— la inteligencia y la creatividad humanas. Este enfoque da como resultado un concepto que ya denominamos “organizaciones aumentadas”.

Seguimos optimizando procesos que fueron originalmente diseñados para que los ejecutaran humanos

Este término describe una organización en la que equipos de humanos e IA agentica colaboran mediante una autoridad compartida, dentro de un modelo integral de operación que maximiza el potencial de ambos. Sobre el humano, por supuesto, recae la responsabilidad final y siempre está presente en el loop. En este tipo de organización no se prescinde de las personas, sino que la inteligencia artificial se pone a su disposición.

Por otro lado, no les hemos sacado todo el provecho a los modelos de aprendizaje y ya estamos implantando IA generativa, e incluso esta ha pasado ya a un segundo plano ante la irrupción de la IA agéntica. En las organizaciones aumentadas, la adopción de la inteligencia artificial es progresiva. De hecho, muchas compañías se lanzan a implantarla sin un conocimiento real ni un gobierno de los datos de los que disponen y manejan, lo que repercute directamente en el resultado.

Una transformación humanamente sostenible y escalable

Volviendo a las personas, una transformación sostenible en el ámbito de la IA debería actuar sobre tres palancas clave:

  • Pasar del acceso a la autonomía. No basta con desplegar herramientas de IA; es esencial desarrollar la confianza y capacidad de los empleados para aplicarla de manera independiente y responsable.
  • Una segmentación adecuada de los empleados en función de su interés por la inteligencia artificial permitirá diseñar un plan de comunicación y capacitación adaptado a cada uno, que redundará en un mejor uso de las licencias de los productos y en una autonomía que les permita identificar oportunidades e integrar la IA en los flujos de trabajo diarios, generando un impacto real y sostenible.
  • Establecer una red de embajadores de IA. Los embajadores son ese segmento de empleados curiosos y comunicadores que ayudan a traducir políticas abstractas en consejos prácticos, impulsando la adopción entre pares. Se recomienda seleccionar a entre el 1% y el 2% de la plantilla, definir expectativas claras, proporcionar recursos y reconocer contribuciones para construir una red eficaz.
  • Habilitar el uso práctico de la IA. El coaching, interno o externo, es esencial para aplanar la curva de aprendizaje y desarrollar habilidades sostenibles. Los coaches aportan experiencia en aplicaciones de IA, metodologías de implementación y estándares de calidad, complementando el trabajo de los embajadores.

Conclusión

El futuro de la IA y el de las personas son indisociables. Por tanto, no debe haber una disyuntiva sino una conjunción entre humanos e IA. El valor real se obtiene cuando la empresa diseña, implementa y escala sistemas donde ambos colaboran, aprenden y mejoran juntos. La cultura, la estructura, el gobierno, la tecnología y el talento son piezas de un mismo engranaje.

Superar la actual ola de fracasos en proyectos de inteligencia artificial requiere coraje para repensar no solo la tecnología, sino, sobre todo, la función de las personas en la organización. El futuro pertenece a quienes sean capaces de imaginar dicha colaboración y construir, hoy, las capacidades que la harán posible.

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