“Si te centras en sustituir, acabas sustituyendo. Si te centras en complementar, acabas enriqueciendo y potenciando. Esa es la visión humanista”
El pasado 23 de abril se celebró la primera edición del Inetum Summit, un encuentro que reunió a líderes empresariales, responsables institucionales y agentes del cambio para abordar los desafíos y oportunidades que definirán el futuro competitivo de Europa en torno a tres pilares fundamentales: innovación, seguridad y descarbonización. Sobre todas estas tendencias hemos hablado con Manuel García del Valle, CEO de Inetum para Iberia-Latam.
Se van a cumplir dos años de tu llegada a Inetum para liderar la región de Iberia y Latam
Han sido dos años muy intensos, pero conocía el reto que nos aguardaba. Llegué acompañado de un nuevo accionista —Bain Capital Private Equity—, cuyo objetivo era transformar Inetum en un líder europeo para generar “un impacto digital más rápido, más fácil y por el bien de todos”.
Ello supuso un cambio en todas las dimensiones de la organización: cómo trabajamos y nos organizamos internamente, cuál es nuestra oferta de valor y cómo se la hacemos llegar a los clientes… Todo sustentado en nuestro principal activo, el talento.
La transformación ha sido radical y se ha obrado sin desatender el plan de crecimiento ni nuestra posición en el mercado
La transformación ha sido radical y se ha obrado sin desatender el plan de crecimiento ni nuestra posición en el mercado, y respondiendo siempre a los nuevos retos de los clientes. Me gusta describir el proceso como operar a corazón abierto mientras corres un maratón. Dos años tan intensos como satisfactorios en los que la compañía ha alcanzado cifras récord, especialmente en Latam, y que espolean la ambición con vistas al futuro.
Un proceso de cambio muy importante
La transformación ha sido cualitativa y cuantitativa. En cuanto a la cualitativa, queremos ser la mejor empresa en la que trabajar y con la que trabajar, tanto para el talento como para nuestros clientes. Esto, con independencia de los números. Estamos convencidos de que esa transformación traerá los resultados cuantitativos.
El liderazgo se mide en el reconocimiento, en la elección del talento para trabajar con nosotros o, de forma más objetiva, en las valoraciones de los analistas; y en todos esos ámbitos vamos alcanzando nuestros objetivos. Eso nos ha llevado también a mejorar los resultados cuantitativos. En España, el año pasado crecimos un 17%, y en la región Iberia-Latam un 13%. Esto nos reafirma: el camino para alcanzar esos objetivos es construir las bases de la transformación.
Hablemos de competitividad dentro del ámbito de la UE
En el evento de hoy hemos hecho hincapié en tres pilares fundamentales —competitividad, sostenibilidad y seguridad— y en el papel central de la IA, no solo de la generativa, en todos ellos.
En su momento, el informe Draghi sobre el futuro de la competitividad europea ya fue una llamada de atención respecto al camino que debía tomar Europa. Afortunadamente, el informe no se quedó en el papel y se transformó en la Brújula de la Competitividad, mediante la que se establece un plan para que Europa pueda recuperar su crecimiento y reactivar su competitividad.
Pero hace falta más. Yo soy crítico, aunque constructivo. Soy de los que piensan que es necesaria una regulación adecuada para trasladar confianza y seguridad; pero no excesiva, que limite o coarte la innovación y el desarrollo.
La Comisión Europea acaba de proponer un plan para reducir la burocracia y las cargas administrativas, lo que supondrá un ahorro de 40.000 millones de euros para las empresas. Es un reconocimiento implícito del exceso regulatorio que durante años ha minado la competitividad.
Es necesaria una regulación adecuada para trasladar confianza y seguridad; pero que no limite o coarte la innovación
Nosotros abogamos por lo simple, por una regulación razonable, moderada e implementada de forma responsable por los actores económicos o públicos. Esto es especialmente relevante para la inteligencia artificial. Cada día descubrimos un mayor potencial en estas tecnologías, que ponen a nuestro alcance hitos como desarrollar nuevos materiales en menos tiempo, simplificar tareas o reducir tiempos y costes… Todo ello nos ayuda a ser más competitivos y ahí la IA está aportando un gran valor.
Evidentemente, no hay cara sin cruz y este poder viene acompañado de problemas de seguridad, privacidad, ética… O de la obligación de alcanzar un consenso social sobre qué hacer con los empleos que se verán afectados. Retos ligados también a qué capacidad tendrán para acceder a estas tecnologías empresas de todos los tamaños y sectores, algo en lo que hemos avanzado a través de los planes Next Generation EU (NextGen).
Afrontarlos requiere capacitar a las personas. De lo contrario, se corre el riesgo de avanzar a dos velocidades. Por ejemplo, en Inetum tenemos un plan de formación para absolutamente todos los empleados. Desde hace años, antes de darles herramientas de IA, desarrollamos un programa llamado Do you speak GenAI? y los tres primeros módulos son seguridad, privacidad y ética.

Es como el carné de conducir: antes de manejar un coche es necesario haber desarrollado las competencias y las capacidades. Igualmente, nadie discute que sea necesario un código de circulación. Eso debe ser la regulación de la IA. Un instrumento que no limite sino que establezca unas reglas de coexistencia y de utilización de esa herramienta fantástica.
¿Se trata solo de automatizar tareas repetitivas?
Por supuesto que no. Por ejemplo, nosotros trabajamos en proyectos europeos muy diversos: diseño de redes energéticas eficientes o de modelos industriales que maximizan la utilización de la energía sin pérdida; también, en la reestructuración y reorganización territorial. En este último campo hemos participado en proyectos de reordenación urbanística de barrios deprimidos, a los que se ha dotado de medios de movilidad sostenible o de aprovechamiento de la energía. La inmensa mayoría de estos proyectos se han elaborado con IA.
Las consultoras debemos desenmarañar la complejidad, encontrar el potencial y transformarlo en un caso real
Pero la IA trasciende lo digital. Por ejemplo, tenemos proyectos en marcha para proteger instalaciones estratégicas, como los aeropuertos de AENA. Mediante drones autónomos, cámaras, sensores y algoritmos de IA, es posible detectar potenciales accidentes e intrusiones y desencadenar medidas para evitarlos o reaccionar ante ellos.
No es solo eficiencia. No es solo simplificar la interacción empresa-cliente o administración-ciudadano: la IA se utiliza en ensayos clínicos, en test de nuevos medicamentos… El potencial es inmenso y se revela cada vez mayor cuanto más se usa.
Además, este es el papel de las consultoras tecnológicas: desenmarañar la complejidad, encontrar el potencial y transformarlo en un caso de uso real, en una oferta que, como dice nuestro lema, genere un impacto digital por el bien de todos. Para ello es importante no coartar la experimentación práctica, el espíritu crítico… La experiencia abre camino.
La IA es una de las grandes palancas para avanzar en la sostenibilidad
Cierto, y ya estamos implementando medidas orientadas en esa dirección, internamente y en clientes. Inetum ofrece soluciones de gestión eficiente de consumo energético basadas en algoritmos de IA. La utilizamos para diseñar modelos industriales ligados a la inversión en nueva infraestructura, en nuevas plantas en sus distintas dimensiones (física, eléctrica…) y en todo lo que afecta, directa o indirectamente a su funcionamiento. Se generan duplicados (digital twins) de esa infraestructura y se simulan con IA modelos de consumo energético eficientes.
En todas las etapas, desde la generación o el transporte hasta la utilización por parte de particulares y de industrias, la IA nos está ayudando a medir, conocer, anticipar y diseñar modelos de gestión y consumo eficientes.
La IA nos está ayudando a medir, conocer, anticipar y diseñar modelos de gestión y consumo eficientes.
Esto no es marketing y menos aún greenwashing. Nuestro propósito, ya me he referido a él antes, contiene la declaración “por el bien de todos”. Esas palabras se plasman en nuestra mentalidad B2B2S (business to business to society), mediante la que analizamos el impacto de absolutamente de todo lo que hacemos. Desde el punto de vista cualitativo o social, pero también desde el económico: un consumo eficiente ayuda a rebajar la factura energética.
Cuando diseñamos una solución, la diferencia de consumo energético varía mucho en función del modelo de computación (on-premise o en la nube) o de si se emplean algoritmos de IA generativa o de IA clásica, por así llamarla; y si hay un procesamiento masivo de información, documentos o imágenes, el consumo energético se eleva a la enésima potencia.
Al diseñar nuestras soluciones tenemos en cuenta esos criterios para reducir la factura y el consumo energético de nuestros clientes, pero también para que nuestra oferta sea más atractiva. Ya nos encargamos luego de reflejar en la propuesta cómo de eficientes son esos modelos.
E insisto de nuevo en que este modo de proceder, lejos de ser marketing o discurso, está plenamente arraigado en la cultura de la compañía y guía las decisiones que tomamos. Un propósito es un faro que ayuda a navegar, a veces en condiciones difíciles. En ocasiones significará renunciar a proyectos económicamente atractivos, pero opuestos a esa visión; otras veces, en cambio, nos ayudará a aprovechar al máximo el potencial económico de un proyecto.
¿Cuál debe ser el papel de Europa en el desarrollo de la IA?
Sería absurdo centrar ahora la competición en generar nuevos modelos de IA. El interés debería recaer en la adopción. Es ahí donde se ha de volcar el esfuerzo. Requiere inversión, cierto, pero mucho menor que la dedicada a crear nuevos modelos de IA.

Esforcémonos, por ejemplo, en entrenar los modelos para el español, el idioma que compartimos con todo el mundo latinoamericano; también, en fomentar la adopción de esta tecnología. Estudios recientes nos dicen que, en Europa, solo el 11% de las empresas de más de diez trabajadores han empezado a adoptar la IA; y en organizaciones de más de 500 empleados no pasa del 42%. Para dimensionar esas cifras adecuadamente pensemos que en Corea, China o Estados Unidos hablamos del 60%, 70% u 80%.
Ahora se debería apostar por la adopción y por la aplicación inteligente de esos modelos. Hay que invertir en regulación responsable, en formación, en accesibilidad… Las empresas tienen que atreverse a dar el paso. Hablamos con clientes y todos citan decenas de casos de uso, pero pocos han buscado aplicaciones que puedan aportar un valor sostenible en el tiempo. Ahí es donde Europa debe poner sus esfuerzos.
¿La regulación europea puede ser un stopper?
Es un stopper. El presidente de Inetum —Jacques Pommeraud— va a algunas de sus ponencias con la IA Act (la Ley de Inteligencia Artificial de la UE) impresa, que son 150 páginas. Si se intenta regular en función del riesgo potencial se corre el riesgo, valga la redundancia, de perder todo el potencial.
Es evidente que hace falta un marco regulatorio que dé seguridad y confianza, pero que no limite. Hoy muchas empresas, cuando descubren las obligaciones que comporta y, sobre todo, las penalizaciones a las que se exponen si no cumplen determinados criterios, dan un paso atrás. Y me refiero solo a la regulación que tiene que ver con la IA. Si a eso le sumamos todo lo relacionado con la sobrerregulación de la que hablábamos antes, el escenario se vuelve especialmente complejo.
Esta dinámica que estamos viviendo, este despertar de Europa, nos tiene que llevar a volver a ser competitivos
Lo que sí veo es voluntad para reducir esa burocracia, aunque me cuesta creer que los que nos han traído hasta aquí sean los impulsores de esa desregulación y simplificación. Pero, como soy optimista por genética, me aventuro a creer que así será.
Esta dinámica que estamos viviendo, este despertar de Europa, nos tiene que llevar a volver a ser competitivos. Eso sí, sin renunciar a nuestros valores ni a nuestra visión humanista sobre los derechos sociales, a todo lo que hemos avanzado como sociedad. No podemos, ni queremos, renunciar a todo ello. Ni tenemos por qué hacerlo, pues es compatible con aprovechar al máximo el potencial de la tecnología.
Frente al manido “la IA nos va a quitar el trabajo”, defiendes un enfoque humanista del uso de la IA
El riesgo de la desaparición de puestos de trabajo existe. Es real, aunque en ocasiones no se habla de él porque es políticamente incorrecto o no muy bien recibido. Pero es un riesgo que parte de una visión equivocada del desarrollo de la IA.
Hay una obsesión por la inteligencia artificial general o autónoma. Esa es la que sustituye. Si te centras en sustituir, acabas sustituyendo. Si te centras en complementar, acabas enriqueciendo y potenciando. Esa es la visión humanista.
Hay que democratizar el uso de la IA tal y como ha ocurrido con el acceso a Internet, que ha supuesto una revolución en muchos ámbitos. Es lo que esperamos que ocurra si la tecnología de la inteligencia artificial se hace accesible. Pero, para ello, es imprescindible la formación, en el colegio, en los institutos, en la FP, en la universidad, en las empresas. Se trata no solo de generar nuevo talento, sino de actualizar el existente.
El riesgo de la desaparición de puestos de trabajo parte de una visión equivocada del desarrollo de la IA
En la medida en que esta tecnología complemente a las personas, sea accesible y formemos a la gente, no solo no se va a destruir empleo, sino que se va a generar muchísimo más. Daron Acemoğlu y Simon Johnson escribieron Poder y progreso, un libro que defiende que, en todas las grandes disrupciones, el primer impacto es negativo. Nadie duda de la aportación de la máquina de vapor, del telar o del molino de viento, pero había gente moliendo trigo que dejó de ser necesaria y tuvo que reconvertirse. Lo mismo ocurrió con la máquina de vapor o el telar.
Como sociedad, sin embargo, hemos aprendido lo suficiente y tenemos recursos y capacidades —más aún en Europa— para que eso no pase. Se va a producir una redistribución de capacidades por la que las personas serán menos necesarias en tareas repetitivas, pero si conseguimos acompasar el proceso y evitamos perder ese talento empleándolo en tareas de más valor, el saldo va a ser positivo. Sin duda.
Este es un compromiso que debe partir de las Administraciones, de la sociedad civil y de las empresas, y con el que Inetum está totalmente comprometida.

































