Nacido en la Nueva York de la posguerra, Ray Kurzweil, hijo de emigrantes austríacos, supo desde pequeño que quería ser inventor. Y de esa convicción construyó una vida de ciencia y predicciones sobre el futuro, décadas antes de que nadie siquiera pensara en esas posibilidades. Autor de múltiples libros y productor de algunas películas, este genio de 77 años sigue convencido en su particular visión del futuro.
Hacer predicciones sobre el futuro de la tecnología no solo es difícil sino también arriesgado, ya que cada poco tiempo aparece un disruptor que cambia el paradigma. Tomemos como ejemplo la IA. Hace tres años nadie se planteaba el escenario que han dibujado ChatGPT y los otros LLM. Menos Ray Kurzweil. Que lleva diciéndolo desde el siglo pasado.
Con cinco años Kurzweil decidió que iba a ser inventor. Con siete construyó un pequeño teatrillo robotizado. En 1960, con doce años, estaba utilizando ordenadores, cuando estas máquinas inmensas ocupaban una habitación y solo lo manejaban señores en bata blanca. sOLO Tres años después escribió su primer programa, pero no antes de escribir una disertación sobre el neocortex, con solo catorce años.
Una vida en el futuro
A Ray Kurzweil siempre le ha interesado el futuro. Casi podría decirse que ha vivido en él. De hecho, es conocido por sus numerosas predicciones. Aunque hay disensión con respecto a su grado de acierto (Kurzweil se atribuye un 80% de aciertos, aunque varios periódicos dicen justo lo contrario), lo que sí es cierto es que se pudo equivocar en el año, pero no en la sustancia de lo predicho.
Lleva pregonando décadas que la “singularidad” sucederá en 2045, dentro de tan solo veinte años. La singularidad es un concepto usado por primera vez por John von Neumann y describe el punto en el tiempo en que la tecnología deja de ser controlable por el ser humano y se desarrolla a ella misma, más allá de nuestra comprensión. Y ya tenemos a Sam Altman diciendo que la AGI (inteligencia artificial general) está más cerca de lo que pensamos. Kurzweil la sitúa en 2029, a solo cuatro primaveras del día de hoy. Y de ahí a la ASI (superinteligencia artificial) hay solo un paso, según el inventor.
Nuestra intuición sobre el futuro es lineal. Pero la realidad de la tecnología de la información es exponencial, y eso marca la gran diferencia” — Ray Kurzweil
La nanotecnología y biotecnología son otros dos campos que le interesan mucho, debido al potencial —para el bien y el mal— que ofrecen a la humanidad. En 2006 colaboró con el ejército norteamericano para desarrollar sistemas de defensa y respuesta en caso de ataques biotecnológicos.
Pero en el caso de la nanotecnología, Kurzweil lo ve todo mucho más negro. En una declaración ante el Congreso de los Estados Unidos, afirmó que tiene el potencial de resolver muchos problemas actuales, pero también el peligro de entrar en espiral y acabar con todo (el famoso gray goo de Eric Drexler, donde nanomáquinas autoreplicantes lo consumen todo).
Transhumanismo
Lo que ahora parece factible y prácticamente inevitable a largo plazo, la fusión entre la IA y el ser humano, es algo que Kurzweil lleva anunciando desde hace tiempo, y el proyecto Neuralink de Elon Musk parece darle la razón: el futuro en que nuestras consciencias estarán conectadas con la nube ya no parece de ciencia ficción, es solo una cuestión de tiempo.
Este llamado “transhumanismo”, en el que el ser humano se combina con máquinas e incluso podría ser cargado en ellas para vivir eternamente una vez que el cuerpo ha dejado de funcionar, suena a distopia completa y, probablemente, lo sea.
Regulaciones gubernamentales tendrán que decir mucho al respecto, pero la tecnología básica para ello ya existe. Y a Kurzweil le gusta pensar hacia adelante y predecir las diferentes bifurcaciones posibles.
Ciencia seria
Con todo lo anterior, parece que Kurzweil sea el típico agorero pregonando que el mundo se va a acabar mañana, pero no hay que perder de vista que este norteamericano estudió en el MIT, fundó varias compañías y ha contribuido a campos como el OCR, la síntesis de voz, el reconocimiento de voz e incluso la música, creando instrumentos musicales.

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Trabajó en Google desarrollando NLP (procesamiento natural del lenguaje) y también ha recibido múltiples medallas y honores, como la Medalla Nacional de Tecnología e Innovación que le impuso Bill Clinton. Además, es miembro de la Academia Nacional de Ingeniería de los EEUU y ha sido nombrado uno de los “emprendedores más fascinantes” de los últimos 200 años.
En otras palabras, Kurzweil sabe de lo que habla y, aunque algunas de sus predicciones puedan parecer exageradas o erróneas, la idea central es habitualmente válida, aunque no siempre se cumplan en la década que él predice. El tiempo, como siempre, decidirá si tiene razón.






























