Redefinir la movilidad urbana

Redefinir la movilidad urbana

3469

Desde hace un tiempo, resulta relativamente frecuente vivir restricciones al tráfico por la contaminación. La población que reside en las grandes ciudades sigue creciendo y en todas ellas se está experimentando para mejorar la calidad del aire y reducir la congestión. No es casualidad que Maxi Mobility (la propietaria de Cabify y Easy) haya sido valorada en más de 1100 millones de euros, ni que cada vez nos resulten más familiares empresas como Uber o Didi Chuxing. El futuro de la movilidad urbana pasa por un cambio de modelo y es imperativo acelerar este proceso.

Es interesante ver cómo, en grandes ciudades como Madrid, cada vez tenemos más servicios de car sharing (Car2Go, eMov, Zity…) o moto sharing (eCooltra, Muving…); y cómo, a nivel global, cada vez hay más empresas de bike sharing que cogen velocidad (Ofo, Mobike, Jump Bikes, Lime Bikes…). Tampoco es infrecuente que aparezcan apps tipo
Free2move, dedicadas a permitirte agrupar todos los servicios disponibles.

No es casualidad que Maxi Mobility (la propietaria de Cabify y Easy) haya sido valorada en más de 1100 millones de euros

En cualquier caso, no debemos caer en la tentación de limitar el debate sobre la movilidad urbana al car sharing, bike sharing, moto sharing o al ride sharing, ni a la multimodalidad o a la creciente importancia del vehículo eléctrico y autónomo; ni siquiera al problema de espacio existente. Debemos recordar que el papel de las Administraciones públicas es crucial para que esta evolución de las ciudades se haga de manera ordenada y centrada en el ciudadano.

De igual modo, no debemos perder de vista que los encargados de definir cuál es el modelo de transporte público en las grandes urbes son ellas. Está muy bien fomentar el transporte privado compartido, pero me encantaría ver ciudades en las que todos los autobuses fuesen eléctricos y donde las flotas comerciales fuesen objeto prioritario de la electrificación de todos esos medios de transporte y de la reducción de sus efectos contaminantes.

La transformación de la movilidad urbana debe encaminarse a optimizar el uso de los vehículos y a reducir la congestión del tráfico, con el objetivo final de mejorar la calidad de vida de los ciudadanos que transitan por las ciudades.

Hace tiempo leí un artículo de Jens Martin Skibsted en uno de los Global Future Councils del World Economic Forum, en el que decía: “Grosso modo, los coches eléctricos cuestan alrededor de un 10 000% más que una buena bicicleta, son un 40% más lentos durante las horas punta, desperdician un 2700% más de energía y ocupan un 600% más de espacio”. Evidentemente, todavía queda mucho trabajo por hacer para conseguir que el aire de las ciudades vuelva a ser limpio de verdad, y para conseguirlo necesitamos involucrarnos todos.

Si de verdad queremos que las ciudades se conviertan en sitios más amigables para los que vivimos o trabajamos en ellas, debemos encontrar un equilibrio entre la comodidad, la seguridad y los múltiples intereses que confluyen en cada urbe. Ya hay ciudades donde se transforman zonas azules o verdes en carriles bici.

¡Tengo fe, pero también tengo prisa!