Agentificación y organización dual

Si hace doscientos años los telares mecánicos generaron un miedo y conflicto en los artesanos, que dio origen al movimiento ludita, hoy la irrupción de la inteligencia artificial y los agentes autónomos plantean desafíos similares. Esta progresiva agentificación está forzando a las organizaciones a repensar su estructura, que es cada vez más una organización dual donde coexisten y colaboran humanos y algoritmos.

Antonio MedinaA comienzos del siglo XIX, el mundo presenció un cambio sin precedentes: la Revolución Industrial. Las fábricas sustituyeron el trabajo manual por máquinas, redefiniendo para siempre la economía, la producción y la sociedad. Pero aquel proceso no estuvo exento de conflicto.

De aquella revolución emergió un movimiento, denominado ludita, originado en las fábricas de telares de Nottinghamshire, alrededor de 1811, en reacción a la amenaza que suponían las máquinas para la seguridad laboral y el bienestar familiar de los trabajadores. Los luditas, artesanos que destruían telares mecánicos, no se oponían al progreso, sino a la manera en que este se impuso: sin diálogo, sin adaptación, sin respeto por el individuo.

Hoy vivimos una revolución de naturaleza similar, aunque con un escenario radicalmente distinto. Ya no ocurre en fábricas llenas de vapor y carbón, sino en oficinas, laboratorios de I+D+i y centros de conocimiento. La máquina ha vuelto, pero esta vez adopta la forma de agentes inteligentes: sistemas autónomos capaces de ejecutar tareas, aprender de la experiencia y tomar decisiones con una rapidez y precisión que ningún ser humano puede igualar.

De la automatización a la agentificación

Durante la última década, la IA ha madurado hasta alcanzar un punto de inflexión. La tecnología ya no es la barrera, sino la voluntad humana. Y el salto cualitativo actual va más allá de la simple automatización. No hablamos ya de herramientas que automaticen flujos de trabajo definidos sobre raíles, sino de agentes digitales con identidad funcional, propósito definido y capacidad de interacción con humanos y otros agentes para determinar cuál es el mejor proceder ante una situación.

Lo que antes era experimental hoy se integra de forma natural en procesos empresariales de todo tipo. Nuestra primera reacción suele ser mirar a las áreas comúnmente conocidas como commodities o altamente automatizables (por ejemplo, atención al cliente, operaciones comerciales, etc.). La tecnología actual, sin embargo, va más allá.

Al igual que en la Revolución Industrial, la resistencia no surge contra el progreso, sino contra el modo en que este se gestiona

He tenido la oportunidad de experimentar con agentes que sirven para cubrir tareas y funciones mucho más sofisticadas, típicamente relacionadas con áreas muy especializadas o en el ámbito de la gerencia y de la organización. En Takeda hemos sido capaces de crear, por ejemplo, asesores legales que —a partir de nuestro repositorio y de las colaboraciones pasadas— pueden ofrecer consejo sobre qué tipo de contrato es el más adecuado. También, agentes de comunicación, capaces de generar contenido tomando todas las narrativas como marco creativo, unificando la voz de todos los equipos.

Este fenómeno, conocido como agentificación, está dando lugar a un nuevo tipo de organización: dual. Una estructura híbrida en la que coexisten y colaboran dos dimensiones: el organigrama humano, con sus roles, jerarquías y responsabilidades, y el organigrama virtual, que mapea los agentes activos por departamento, sus funciones y sus interacciones.

En esta nueva realidad, un CEO no dirigirá únicamente un equipo humano, sino también una red de agentes inteligentes. El liderazgo se amplía hacia lo digital, y la gestión del talento incluirá tanto el desarrollo de personas como la optimización de entidades algorítmicas.

Ecosistema humano-digital

En un departamento de atención al cliente, un gerente gestiona generalmente un equipo de agentes humanos. En la era de la agentificación, ese mismo responsable también debe supervisar un conjunto de agentes virtuales: uno que categoriza solicitudes entrantes, otro que redacta respuestas automáticas, otro que analiza la satisfacción del cliente y otro que alimenta el CRM con la resolución de los casos para que los responsables de cuentas tengan visibilidad completa de las interacciones con sus clientes.

Estos agentes no sustituyen al equipo humano, pero lo transforman. Requieren coordinación, entrenamiento, integración y evaluación. Su rendimiento debe alinearse con los objetivos estratégicos de la organización del mismo modo que el de los empleados.

Ecosistema humano-digitalEn otras palabras: la estructura de trabajo se convierte en un sistema híbrido, donde humanos y agentes cooperan bajo una lógica compartida de valor, calidad, coste y flexibilidad. Y donde la labor de los gerentes de área será mantener equipos humanos y equipos de agentes virtuales al mismo tiempo, en coexistencia, de manera que no reemplace sino aumente el alcance y rendimiento de esa unidad.

Un cambio no menor: implica redefinir el concepto de puesto de trabajo, reimaginar la planificación de capacidades y, sobre todo, introducir mecanismos de gobernanza y ética que garanticen una convivencia sostenible entre ambas dimensiones.

El desafío del cambio organizativo

El obstáculo principal no es la tecnología, sino la aceptación. Al igual que en la Revolución Industrial, la resistencia no surge contra el progreso, sino contra el modo en que este se gestiona.

Cada vez que una empresa decida incorporar un nuevo agente, deberá analizar cuidadosamente las implicaciones en su evolución organizativa:

  • ¿Qué tareas asumirá el agente y cómo afectará a los roles existentes?
  • ¿Desplazará responsabilidades o modificará la jerarquía?
  • ¿Qué nuevas competencias requerirá el equipo humano?
  • ¿Qué riesgos éticos o de cumplimiento pueden derivarse de su uso?

La consecuencia más visible de la agentificación será la necesidad de un doble organigrama corporativo en el que, por un lado, se refleje la estructura humana, y, por otro, se represente la red de agentes implicados en cada función y área.

Este proceso no puede improvisarse. La incorporación de agentes debe pasar por un comité transversal de evaluación en el que podrían participar Recursos Humanos, el área de Ética y Cumplimiento, los departamentos implicados en el cambio e incluso el director general o CEO.

La consecuencia más visible de la agentificación será la necesidad de un doble organigrama corporativo

Además, en determinados casos —especialmente cuando la introducción de agentes pueda afectar al empleo, la retribución o la definición de funciones— sería importante involucrar al Comité de Empresa. La transición hacia la organización dual solo será sostenible si se construye sobre el diálogo, la participación y la corresponsabilidad.

No olvidemos a los luditas

La historia ofrece una lección clara: toda revolución mal gestionada genera conflicto. Los luditas no se opusieron a la máquina, sino a la injusticia de un cambio impuesto sin consideración por el impacto humano. Las organizaciones tienen hoy la oportunidad de no repetir ese error.

El éxito de la agentificación no dependerá de la sofisticación de los algoritmos, sino de la sabiduría con la que se integren. Cada agente incorporado debe responder a una necesidad estratégica, haber sido evaluado en términos de impacto humano y ético, y formar parte de una visión de conjunto.

En última instancia, la revolución de los agentes no es tecnológica sino cultural y humana, como siempre ha sido. Las empresas que lo comprendan serán las que lideren el cambio sin fracturas y construyan organizaciones verdaderamente duales: tan humanas como inteligentes y tan digitales como éticas.

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