La migración a la nube de las operaciones empresariales es una realidad. El camino está trazado y la integración de la IA generativa (GenAI) no ha hecho sino acelerar ese proceso. Pero para poder sacar todo el partido a las capacidades de estas tecnologías es preciso establecer una base sólida, un modelo que garantice la gestión y control de los datos de forma transversal, a lo largo de todos los procesos corporativos.
La nube dista de ser una tecnología novedosa, pese a lo cual muchas entidades no terminan de adoptarla plenamente, ni siquiera urgidas por la irrupción de la IA generativa (GenAI). Peor aún, las empresas que sí emprenden el camino de la modernización se suelen encontrar con un reto importante: primero es necesario poner orden, construir unos cimientos bien estructurados para, a partir de ahí, beneficiarse de la IA y la nube.
Hemos hablado con Raquel Hernández, directora de Soluciones de Seguridad en Microsoft, sobre este escenario y los pasos adecuados para “poner orden” en el mundo de los datos y las aplicaciones con el objetivo de explotar las enormes ventajas que ofrecen la nube y la GenAI.
Algunas compañías que tienen ya el 80% de su operación en cloud pública, pero queda todavía trabajo por hacer
En opinión de la directiva, sí se está viendo un movimiento claro: las empresas están migrando su core de negocio, su mainframe, a la nube. Después de trasladar otras aplicaciones menos críticas, han alcanzado la madurez suficiente para hacer lo propio con las que conforman el núcleo central de su negocio, aprovechando las ventajas que ofrece la nube en cuanto a escalabilidad o flexibilidad.
“Hay algunas compañías, clientes nuestros, que tienen ya el 80% de su operación en cloud pública, pero la realidad es que queda todavía trabajo por hacer”.
Sectores como el financiero (banca y seguros) abren la marcha; otros, como el sector público, tienen todavía mucho recorrido por delante, algo que, según Hernández, “tiene que ver con aspectos como los períodos y procesos de contratación de estas entidades, la necesaria adecuación de los recursos para impulsar esa transformación o el marco regulatorio”.
Peculiaridades de cada sector al margen, sobre la evolución hacia el cloud pesa un riesgo adicional: la falta de talento técnico. “Hay que plantearse la disyuntiva entre migrar o enfrentarse a un problema de obsolescencia: en los próximos años habrá una carencia importante de profesionales que puedan mantener esas aplicaciones heredadas”.
El camino está trazado
Indudable es, sin embargo, que la necesidad existe y que ambas tecnologías —nube e IA generativa– son en buena medida la solución a muchos de los problemas técnicos de hoy.
“Hay compañías globales en el ámbito de las infraestructuras que han sido referencia pública en la adopción de Microsoft Copilot; es el caso de Ferrovial, que ha desarrollado aplicaciones de IA generativa y las ha puesto a disposición de sus 24.000 empleados. En el sector público puedo mencionar al Servicio Madrileño de Salud, que está utilizando esta tecnología para acelerar el diagnóstico de enfermedades raras”.
Por otro lado, la disponibilidad de servicios y plataformas se ha incrementado de forma clara. Microsoft, sin ir más lejos, ha multiplicado por cuatro la inversión en datacenters en nuestro país, hasta llegar a los 2100 millones de dólares.
“Esas inversiones ponen de relieve el cumplimiento de Microsoft con la necesidad de prestar servicios dentro de la Unión Europea, pero también se traduce en aspectos como una menor latencia o una mayor disponibilidad de servicios —más de 170— que siguen el Esquema Nacional de Seguridad… Ahora es más sencillo que las empresas aborden la migración al cloud”.
Hay que plantearse la disyuntiva entre migrar o enfrentarse a un problema de obsolescencia en los próximos años
Que se ha de adoptar el cloud nadie lo discute. Sin embargo, si los sistemas críticos siguen funcionando, desaparece la urgencia por cambiar y cualquier otro proyecto parece más interesante.
“Es cierto que se puede argumentar un tema de capacidad, de la necesaria gestión de cambio interna y de adoptar nuevos modelos y los controles de seguridad… Pero la velocidad de respuesta, de innovación que te pide el negocio está llevando a que no se pueda retrasar más esa decisión. Además, la IA ha venido para acelerarlo”.
Es más, la propia falta de recursos, el sempiterno escollo para avanzar más rápido, está funcionando como una palanca de cambio, porque la IA generativa, precisamente, permite hacer más con menos, y de una forma más eficiente.
El reto de la seguridad
Otra excusa habitual era la seguridad. Cierto es que las aplicaciones en cloud amplían la superficie vulnerable a ataques. Las compañías tienen cada vez más recursos distribuidos: empleados que teletrabajan, oficinas dispersas, aplicaciones SaaS de terceros (porque no se puede desarrollar todo de forma interna), dispositivos conectados, edge computing… Hablamos de un terreno en constante expansión, y que es necesario cubrir.
“Las compañías están acelerando la adopción de arquitecturas de confianza cero (zero trust), para fortalecer las posiciones de seguridad. Ya no se trata solo de proteger aquello que está en tu datacenter, sino que hay avanzar hacia la gestión y el gobierno del dato, allí donde esté, y dentro del flujo de operación de la compañía”.
Este componente de seguridad es también clave si se quiere explotar el potencial de la IA a todos los niveles. “Es más, si no incorporamos la IA generativa a las operaciones de seguridad, si no se usan las capacidades que nos da la tecnología, los ciberdelincuentes tienen una ventaja asimétrica respecto a las empresas y los Estados”.
Las compañías están acelerando la adopción de arquitecturas de confianza cero (zero trust), para fortalecer las posiciones de seguridad
Hernández apunta algunos datos interesantes: si la ciberdelincuencia fuera una economía, sería la tercera mayor del mundo, con un volumen de recursos de cerca de ocho billones de dólares, frente a 1,5 billones del PIB español en 2023. “Es una cantidad ingente de recursos que usan sin estar sometidos a ningún tipo de regulación”.
A todo esto habría que sumar la escasez de especialistas en ciberseguridad y el amplio espectro de herramientas con las que se trabaja y comprenderemos cuán necesario es automatizar tareas mediante IA y apoyarse en ella para obtener una visión completa de lo que está pasando en nuestra infraestructura.
Microsoft recibe 78 billones de señales diarias. Esta telemetría aporta información clave respecto al tipo de ataques en curso, formatos, procedencia… A partir de ella se pueden establecer las medidas de respuesta de forma eficiente. Por ejemplo, gracias a Microsoft Security Copilot, una herramienta de IA generativa para los equipos de operaciones de seguridad en el SOC, el 44% de los profesionales dijeron que eran más precisos en el diagnóstico de los incidentes.
“O infusionamos la IA generativa en la propia plataforma o se nos van a escapar cosas. Competir solo con capacidades humanas frente a los ciberdelincuentes que están usando IA es una clara desventaja asimétrica”.
Prepararse para la IA
La IA es imparable. Raquel Hernández apunta algunos datos interesantes al respecto:
- El 77% de los empleados está usando herramientas de IA porque permiten hacer un trabajo de mayor calidad en menos tiempo.
- En el último semestre de 2023, las organizaciones españolas multiplicaron por seis el uso de la IA, lo que las colocó en el cuarto puesto a nivel europeo.
- Algunas consultoras, como Mckinsey, mantienen que el potencial económico de la IA puede estar entre los 17 y los 25,6 billones de dólares; Forrester asegura que el ROI del uso de la IA podrá alcanzar el 284%.

“Con estos datos en la mano, queramos o no, esta tecnología se va a utilizar. Como empresas, lo que hay que hacer es poner orden, gestionar y gobernar de forma adecuada los datos corporativos para establecer un marco empresarial para el uso de esas herramientas”.
Este será el único modo de conjurar los riesgos para la seguridad y privacidad de la información corporativa. La IA generativa, per se, no hace sino manifestar un problema que ya existía, quizá de modo no tan visible: la disponibilidad de la información.
“Los proyectos de gobierno y seguridad del dato necesitan que toda la organización esté alineada, porque tienen mucho impacto en la experiencia de los usuarios. Son proyectos que, quizá, se estaban retrasando por la complejidad inherente a su desarrollo, pero las ventajas de la IA son tan grandes que negocio está empujando para que se adopte”.
Se trata de incorporar la IA de una forma segura. Para ello, las compañías deben conocer en todo momento qué aplicaciones se están usando y qué información se está compartiendo, ya sea de forma voluntaria o no. Este conocimiento —al que se llega mediante políticas de clasificación y etiquetado automático— es indispensable para evitar que un usuario pueda acceder a cierta información, compartirla o incluso hacer un uso indebido o poco ético de ella, de tal forma que pueda impactar en la reputación de la compañía.
Nuestra visión es holística; se basa en proteger la información a lo largo de todos los procesos de la compañía
Las posibilidades de control son inmensas; así, por ejemplo, “mediante telemetría —continúa la directiva— es posible detectar si hay un cambio de hábitos en determinados usuarios, controlar el flujo de información y, de forma dinámica, cambiar su perfil de riesgo para evitar fugas de datos”.
En cloud, en on-premise…
¿Es necesario —podríamos preguntarnos— ir a cloud para desarrollar este escenario de seguridad del dato? Raquel Hernández defiende que el modelo o el nivel de complejidad de las infraestructuras no tiene por qué afectar.
“No diferenciamos entre el puesto de usuario, los sistemas en on-premise o en cloud. Nuestra visión es holística; se basa en proteger la información a lo largo de todos los procesos de la compañía, asegurando que los datos no se filtren, que no tengan sesgo, que no salgan de los marcos de protección”.
El punto de partida, en cambio, es indiscutible: no puedes proteger lo que no puedes ver. Según la directiva, Microsoft es, después de la Casa Blanca, la organización más atacada del mundo. “Si fuéramos una empresa de ciberseguridad, seríamos la más grande, con un revenue de 28.000 millones de dólares. Tenemos más de un millón de clientes a los que protegemos, y trabajamos con más de 15.000 partners entre integradores, socios tecnológicos o telcos para asegurar una protección de extremo a extremo”.
Respaldan estas ideas un programa de inversiones en la plataforma tecnológica de 20.000 millones de dólares en cinco años (nada menos que 4000 millones anuales), además de la Iniciativa Futuro Seguro, con la que, según el CEO de Microsoft, Satya Nadella, la seguridad se convierte en la prioridad número uno de una compañía vital para la operación de sus clientes.
“Contamos con más de sesenta regiones con más de trescientos datacenter… Tenemos que asegurar que estamos bien protegidos y que nuestros clientes puedan confiar en nuestros servicios”.































