
Esa visión humanista de la IA, de la que habla Manuel García del Valle en la entrevista que publicamos este mes, parece ser la única vía posible para una sociedad en la que las personas se están viendo eclipsadas por el influjo aplastante de la inteligencia artificial.
Informes de todo tipo inciden en el mantra de que la IA está incidiendo negativamente en el empleo. Por ejemplo:
- El Foro Económico Mundial avisa de que ya se están siendo reemplazados cerca de 85 millones de trabajadores en este 2025.
- Randstad prevé que la IA supondrá la pérdida de casi 400.000 empleos en España y que cerca del 10% de los empleos actuales corre el riesgo de ser automatizado.
- Los datos arrojados a finales del pasado año por el Banco Interamericano de Desarrollo, que muestra que, en Estados Unidos, 43 millones de profesionales se verán afectados por la introducción de la IA en el plazo de solo un año.
Buscar un aliado en la tecnología
Pero, más allá de entrar en cifras, lo que sí se vislumbra es una tendencia clara: la capacitación y formación en estas tecnologías será la única vía para, de verdad, sacar todo el partido a lo que proponen y poder mantener la competitividad, a nivel personal y también como sociedad.
Por ejemplo, el Informe sobre el futuro del empleo 2025 publicado por el Foro Económico Mundial, concluye que la irrupción de estas tecnologías tendrá un efecto divergente en el empleo e impulsará la demanda de competencias tecnológicas. Esto se suma a otro dato relevante: cerca del 40% de los empleados verán transformadas sus competencias actuales en el período 2025-2030, un porcentaje que ha descendido con respecto a años anteriores debido a que hay trabajadores —y empresas— que han hecho los deberes en este sentido y han completado medidas de formación, reciclaje o perfeccionamiento.
La IA es el comienzo de una nueva era en la que los trabajadores pueden ser más valiosos que nunca
Otro aspecto importante: las habilidades más demandadas vuelven a poner en primera fila las capacidades intrínsecamente humanas, como es el pensamiento analítico, la resiliencia, la agilidad, la curiosidad o el aprendizaje permanente. Por el contrario, la destreza manual o la precisión siguen perdiendo interés en una sociedad que transiciona hacia la sustitución de este tipo de perfiles.
IA en el empleo
Pero es que, la realidad marca claramente ese destino. Según el Barómetro global de la Inteligencia Artificial en el empleo 2024 publicado por PwC, la productividad laboral de los sectores más expuestos a la IA se ha multiplicado prácticamente por cinco, y las previsiones son que aumente de forma significativa la rentabilidad y el volumen de ingresos de las compañías.
La conclusión es clara. En vez de preguntarse qué tareas podría sustituir la IA, habría que hacerlo por las nuevas posibilidades que ofrece, por los nuevos modelos de negocio o las funciones que creará para los empleados.
“Lejos de anunciar el fin de los empleos, la IA es el comienzo de una nueva era en la que los trabajadores pueden ser más productivos y más valiosos que nunca”.































