Tras su muerte, el cerebro de Einstein, un 13% más pequeño que el promedio, sorprendió a los científicos, que esperaban encontrar diferencias biológicas que explicaran lo que le hacía tan inteligente y creativo. La ausencia de un “gen de la creatividad” sugiere que esta no es una característica fijada desde el nacimiento, sino el resultado de los procesos cognitivos cotidianos. De la misma manera, las empresas más innovadoras no son necesariamente las que invierten mayores cantidades de dinero en innovación.

Tal y como destaca el informe 2024 Global Culture Report del O.C. Tanner Institute, la innovación es crucial en las empresas porque aporta ventaja competitiva, adaptabilidad, atracción y retención de talento. Para ello, por descontado, los presupuestos y el tamaño ayudan, pero el verdadero reto está en cultivar una cultura de innovación, como prioridad estratégica de la organización.

Innovación y creatividad están estrechamente relacionadas. De hecho, la creatividad es la capacidad de generar nuevas ideas, mientras que la innovación es la implementación de nuevas ideas para generar un cambio. Por tanto, se puede ser innovador sin necesariamente pasar por el proceso creativo, por ejemplo, al tomar ideas ya generadas y aplicarlas a un campo distinto. En ese caso, la habilidad principal necesaria para ser innovador sería la capacidad de asociar conceptos inconexos. Entonces, la innovación se nutre de la creatividad, pero no toda idea creativa se traduce en innovación.

En el contexto empresarial actual cobra cada vez más relevancia la innovación creativa: generar nuevas ideas y hacerlas realidad. En otras palabras, la capacidad de las organizaciones de generar valor tanto interna como externamente.

La intencionalidad de las ideas

Las ideas pueden surgir de forma deliberada, con un origen consciente, o espontánea, de forma inconsciente, lo que determinará en gran medida sus características. Además, respecto al tipo de información que las motiva, estas pueden ser cognitivas o emocionales, algo que también dictará parte de sus características. Nótese que, en la gran mayoría de ocasiones, las ideas no serán puramente de un tipo u otro, sino una mezcla de varios.

Para llevar a cabo el proceso creativo de una manera deliberada basta con ponerse conscientemente a tratar de resolver el reto en cuestión. Este tipo de ideas tendrá un espacio de soluciones menor que las espontáneas, ya que estará delimitado por nuestro conocimiento actual del mundo, nuestra experiencia, valores, estilo habitual de pensamiento, etc.

La parte del cerebro encargada de comprobar que esta idea no viola las asociaciones que hemos aprendido es la corteza prefrontal dorsolateral (DLPFC, por sus siglas en inglés), que también es clave en la toma de decisiones o al focalizar la atención.

La innovación se nutre de la creatividad, pero no todas las ideas creativas se traducen en innovación

Por otro lado, las ideas espontáneas se incuban de manera inconsciente gracias a la red por defecto (DMN o default mode network) cuando la mente está divagando (mind-wandering). Al no tener que ceñirse a lo aprendido o conocido (no están constreñidas por la DLPFC), las ideas espontáneas (eureka) pueden ser más inconexas o ilógicas al principio, romper con lo establecido y socialmente aceptado o lo que uno cree saber.

También pueden parecer no prácticas o factibles, por lo que este tipo de ideas requiere un refinamiento posterior para hacerlas tangibles, pero no por eso se deben descartar en una primera fase.

Es crucial entender estos dos modos de generación de ideas porque ambos son impulsores de la creatividad en sus distintas formas, y es al combinarse cuando se obtiene un espectro de soluciones más amplio y variado. Sabiendo esto, podemos adentrarnos en cómo potenciar la innovación creativa desde el punto de vista individual y organizacional, tanto para las ideas deliberadas como para las espontáneas.

Cómo potenciar la innovación creativa

Existen numerosas recomendaciones para potenciar la innovación creativa de manera individual que la empresa puede fomentar indirectamente en sus hábitos y comportamientos como parte de su cultura:

  • Reducir la brecha entre saber y hacer (knowing-doing gap). Cuando tratamos de resolver problemas ambiguos e inespecíficos el cerebro consume cierto porcentaje de recursos cognitivos para decidir qué comportamiento va a llevar a cabo, ya que no sabe qué camino debe tomar. Esto afecta a la creatividad, porque esos recursos, que se están usando para elegir un comportamiento no se están utilizando para la creatividad.

Es posible potenciar la innovación creativa, tanto desde el punto de vista individual como desde el organizacional

  • Controlar el estrés. Cuando es leve o moderado, como puede ser simplemente el fijarse una fecha, puede aumentar la atención sostenida, la motivación o el denominado pensamiento fuera de la caja (out of the box). Sin embargo, un estrés agudo o no bien gestionado, como está orientado a la supervivencia inmediata, inhibe la DMN, consume recursos cognitivos necesarios para la creatividad y dificulta el pensamiento divergente o la exploración de nuevas ideas.
  • Las interrupciones matan la creatividad. Está demostrado que se puede tardar hasta ocho minutos en volver al estado de consciencia anterior o veinte si se trataba de un estado profundo o de flow. Para evitarlo, es importante seleccionar momentos y espacios de trabajo en los que sea más improbable ser interrumpido, además de evitar notificaciones o distracciones adicionales.
  • Lluvias de ideas. Hacer dos como mínimo, una antes de informarse más sobre el reto en cuestión y otra cuando se tenga más conocimiento sobre el tema. Esto es debido a que el conocimiento específico y la experiencia en un área influyen en la creatividad, ya que hacen variar los patrones de activación del cerebro y, con ello, las ideas producidas.
  • Buscar la desconexión. Reservar tiempo para estos momentos o incluso cambiar de tareas para permitir trabajar en paralelo a la DMN y que surjan así ideas espontáneas.
  • Meditar. Practicar meditación, independientemente del tipo, ya sea la plena o mindfulness, ayuda a trabajar en el desarrollo de la atención sostenida y selectiva; como la meditación de monitoreo abierto, que, entre otras cosas, aumenta la activación de la DMN.

La empresa y la cultura de innovación

La organización también puede promover activamente una serie de acciones que tienen un impacto directo en el desarrollo de una cultura de innovación:

  • Hablar un lenguaje común entre los involucrados. Esto, por un lado, crea unos vínculos sociales más fuertes y establece un espacio donde sea posible debatir las ideas del resto (lo que favorece la creatividad). Pero, además, ayuda a que todos tengan una visión común del reto, lo que crea conexiones neuronales más fuertes entre los implicados al aumentar el alineamiento de su actividad cerebral.
  • Equipo. Fomentar el trabajo en equipo para evitar caer en los sesgos individuales de cada uno y explorar así el problema desde distintos puntos de vista. El tamaño del equipo importa, los pequeños son más disruptivos mientras que los más grandes tienden a desarrollar ideas ya existentes.
  • Diversidad. Apostar por la diversidad en la organización, tanto étnica como de género. Los estudios muestran que las empresas con mayor diversidad son más innovadoras y generan más retornos de inversión que las empresas homogéneas. Esto es porque la diversidad provoca fricción y esta evita la tendencia natural en los grupos a aceptar el pensamiento común, el pensamiento del colectivo.
  • Impulsar la mentalidad de crecimiento. Se ha demostrado que la creencia en que las aptitudes y capacidades pueden mejorarse conduce a una mayor predisposición a la creatividad. Esto ocurre debido a que, inconscientemente, se está más abierto al cambio y a la novedad, lo que facilita la aparición y aceptación de ideas que rompen con nuestros paradigmas. Algunas formas de potenciar la mentalidad de crecimiento desde la organización son destacar el progreso por encima de la perfección, explorar públicamente las nuevas ideas y aprendizajes de los demás, o hablar abiertamente de lo que se ha aprendido en los fracasos del pasado.

Creatividad e innovaciónInnovación humana

Por último, cabe destacar que en el contexto actual es fácil caer en el error de asimilar la innovación con las capacidades derivadas de la tecnología, en especial de la inteligencia artificial. Sin embargo, no debemos olvidar que la tecnología es una herramienta, un medio para un fin.

Sin una cultura innovadora que fomente la creatividad, podremos identificar nuevos casos de uso para nuestro negocio, pero difícilmente tendrán un retorno sostenible a medio plazo si no están enraizados en la estrategia, la organización y nuestros procesos. No en vano, la última milla de la tecnología es siempre humana.

Bibliografía

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  • O.C. Tanner. (2024). Global Culture Report
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